
Tras el final de la IV Liga Élite del Béisbol Cubano y el merecido triunfo de Industriales afloró una verdad como roca: Guillermo Carmona es un incansable de los diamantes y merece el máximo reconocimiento.
El estratega llevaba años al frente de Industriales sin un título nacional que lo legitimara ante los ojos más exigentes. La camiseta de los Leones pesa, la historia que carga exige resultados inmediatos, y el silencio de los trofeos se había vuelto un desierto que se extendía temporada tras temporada.
Ahora recuerdo cómo las críticas llovieron sobre su gestión, que incluso un sector de la afición capitalina llegó a pedir su salida forzada o su renuncia, acaso cansado de ver al equipo más ganador de Cuba (12 títulos en series nacionales) transitar de sequía en sequía.
Carmona no hizo oídos sordos a esos reclamos, pero tampoco permitió que definieran su camino. En los momentos más difíciles, cuando las bajas sensibles debilitaban su nómina y las dudas crecían a su alrededor, él dejó claro que no se iba a rendir.
Ayer, después del pizarrón defintivo de 8-2 ante Las Tunas, en el estadio Julio Antonio Mella, Industriales terminó superando en la serie final a los Leñadores 4-1 para alzarse con su primera corona en la Liga Élite.
Quizás con ese resultado hayan comenzado a disminuir los cuestionamientos al timonel azul. Carmona , quien por cierto, fue confirmado como director del equipo nacional sub 23, ganó el título mientras las críticas seguían presentes, y lo hizo con un elenco que muchos daban por perdido tras la salida de sus figuras a ligas extranjeras.
Lo logró porque connstruyó un colectivo sólido, apoyado en la disciplina, una ofensiva oportuna y un pitcheo que respondió en los momentos decisivos. El desierto que parecía no tener final ha encontrado un buen oasis con este título, en buena medida porque Carmona y sus peloteros creyeron en sí mismos.
El camino no fue tan fácil, como pareció. Los Azules lideraron de punta a cabo la etapa regular. En semifinales, Mayabeque les ganó un solo partido y luego, en la final, repitieron la dosis frente a Las Tunas, un rival que con sus tres títulos de los últimos años en series nacionales, parecía un rival muy duro.
Ahora, con el título en el bolsillo, las preguntas flotan en el aire: ¿qué dirán los detractores de Carmona? ¿Se callarán o buscarán otro argumento para cuestionar al director que les devolvió cierta gloria – que no toda- a los Leones? ¿Reconocerán que supo esperar su momento y que su proyecto, tan criticado, terminó dando algún fruto? ¿Sobrevendrá el silencio de los que pedían su cabeza? El desierto, al fin, ha empezado a ponerse verde, y los Leones vuelven a rugir.
Y mientras tanto, otra interrogante se cierne sobre el futuro: ¿cuántos años permanecerá al frente de Industriales después de este título, pero también de un innegable desgaste? El director ha manifestado en varias ocasiones su deseo de permanecer, y algunos de sus jugadores han declarado que están motivándolo para que continúe.
Queda también la reflexión sobre el valor de este título. La Liga Élite es supuestamente el torneo de mayor nivel del béisbol cubano. Sin embargo, algunos podrían argumentar que la Serie Nacional, con su historia y tradición, sigue siendo el campeonato que realmente consagra a un equipo. Carmona, quien ha llevado a Industriales al podio en ambas competencias, sabe que el hambre de gloria no se sacia con un solo título.
(Tomado de zonadestrike.net)
