
Entre risas, anécdotas y recuerdos que viajan de una época a otra, transcurre una jornada en el grupo de Adulto mayor Crisol de valores. Alguien cuenta una historia de su juventud; otro la completa con detalles y, pronto, las voces se mezclan en un ambiente de confianza y alegría.
Ese encuentro cotidiano, en la Casa de Orientación a la Mujer y a la Familia, de Bayamo, es mucho más que una reunión. Resulta un espacio para conversar, aprender y acompañarse, en el que la edad no limita las ganas de participar y cada experiencia aporta algo a la vida del colectivo.
En el contexto de la jornada por el Día internacional del adulto mayor, del 25 de septiembre hasta hoy, el colectivo, junto a la CTC en Granma y sus sindicatos realizaron diversas actividades. Este año, además, recibió el Premio Nacional Gloria Guerra Menchero, otorgado por la Asociación de Pedagogos de Cuba a colectivos destacados por su trayectoria social y educativa.
Al frente del grupo permanece Bella Nieves Ledea Brizuela, quien expresó satisfacción y alegría por el reconocimiento. Entre las principales acciones, destacó los programas de la Universidad del Adulto Mayor, coloquios y visitas a lugares históricos, además de la práctica de Tai Chi en los Círculos de Abuelos, para ejercitar tanto la mente como el cuerpo.
Allí las vidas de Sonia Rivero Licea y Marta Osoria Soler dan cuenta de una fortaleza forjada desde muy temprano. Son historias de trabajo, sacrificio y compromiso que, como las de otros miembros, muestran cuánto han superado para salir adelante.
Rivero Licea, natural de La Sal, en Yara, recuerda una infancia marcada por las dificultades. Cuando era muy pequeña, un incendio destruyó su casa, pero la adversidad no detuvo a su familia.
Desde joven, también asumió responsabilidades: limpió casas y, tras el triunfo de la Revolución, se incorporó a las milicias y colaboró en la alfabetización en su localidad. En su trayectoria se advierten la voluntad y el compromiso de quien, pese a los golpes, no renunció a contribuir con los demás.
Osoria Soler también aprendió el valor del esfuerzo. Nació en Santa Rita, Jiguaní, en una familia humilde, recuerda los sacrificios de su madre, que trabajaba sin descanso para criar a sus seis hijos.
A los 16 años, se marchó sola al campo para trabajar. Fue una decisión difícil, pero habla de la valentía con que asumió su propio camino. Más adelante, fue una de las fundadoras del Hospital provincial Carlos Manuel de Céspedes y, además, se desempeñó como dirigente de la FMC.
Las experiencias de Sonia y Marta no son las únicas historias de vidas duras y ajetreadas que se encuentran en el grupo. Cada integrante guarda recuerdos de esfuerzos, pérdidas, trabajo y superación. Al compartirlos, reconocen en los demás una fortaleza familiar.
La invitación queda abierta a quienes deseen sumarse. En espacios como este, la vejez no significa apartarse de la vida colectiva, sino seguir aportando y construyendo vínculos; por eso, iniciativas como Crisol de valores son valiosas para el bienestar, la dignidad y la participación de las personas mayores.
