
Apenas con seis años, la mirada de Yunior Daniel Sánchez López (Dany) destella con la ilusión limpia de los comienzos. Para él, cruzar el umbral del aula no es un mandato, sino un regalo: “A mí me gusta mucho la escuela”, revela con esa soltura transparente que solo habita en la infancia.
Entre el asombro y la expectativa, el pequeño sueña con el universo entero que cabe en un cuaderno. Sabe que va en busca de las letras, a descifrar los trazos de sus primeros garabatos y a encontrarse con la maestra Beatriz, de quien habla con un respeto dulce y orgulloso.
En la voz de su abuela Juana, resuena el eco de la perseverancia, esa convicción profunda de que no existen miedos ni escaseces capaces de apagar el futuro de un niño, “siempre hay que ir pa’lante; siempre se pueden hacer las cosas cuando uno quiere”, insiste con firmeza.
Para ella, el acto de enviar a su nieto a las aulas cada mañana constituye mucho más que un deber: es la fe puesta en marcha, la promesa de que, a pesar de las tormentas, “aunque la escuela ahora esté en una carpa”.
ALTERNATIVAS PARA GRANDES PROBLEMAS
Al frente de la dirección zonal, Yusdiela López Moreno coordina el trabajo de cuatro centros educativos insertados en la demarcación del consejo popular Ojo de Agua, en Pilón: las escuelas Ignacio Pérez Zamora, de El Ciruelo; Eduardo Castillo Sosa, de Ojo de Agua; Ramón González Hernández, de El Naranjo, y la recién incorporada Nguyen Van Troi, de la localidad rural de San Francisco.
La directiva asegura que el período lectivo comenzó sin inconvenientes organizativos ni materiales: “Todas las aulas fueron preparadas con lo necesario para que funcionara adecuadamente el proceso docente-educativo. La estructura de dirección y la cobertura docente están completas, y los alumnos y maestros tienen en sus manos los materiales gastables, libros de texto y los cuadernos del tercer perfeccionamiento”, precisó.
Como respuesta a las afectaciones de los sismos del 10 de noviembre de 2024, la Unicef facilitó algunas carpas multipropósitos para garantizar la continuidad del aprendizaje.
Una de esas estructuras se instaló en la Ignacio Pérez Zamora para acoger a su matrícula de 17 estudiantes. Mientras, en la Eduardo Castillo Sosa se montaron dos para tres grupos de clases, sumando unos 26 alumnos.
Además, en la Secundaria Básica Ignacio Pérez Zamora, de Sevilla, otros 41 estudiantes de comunidades cercanas reciben de igual forma la docencia. En total, más de 80 niños toman sus clases en estos espacios adaptados.
“Las carpas se montaron el 26 de agosto durante la semana de preparación. Tuvimos el apoyo de los vecinos y del grupo de trabajo comunitario de cada escuela, entendiendo que el centro escolar es el núcleo cultural más importante de la comunidad”, explicó López Moreno, quien aclaró, además, que se vela por evitar el hacinamiento, a partir de las dimensiones de los locales.
Sobre las soluciones constructivas definitivas para los inmuebles dañados, señaló que se evalúan proyectos de ejecución integral: “La Eduardo Castillo Sosa está dentro del plan de mantenimiento del municipio, con proyección hacia el 2027. No se trata de una remodelación, sino de una construcción desde cero que requiere más presupuesto y recursos, al igual que la escuela primaria Ignacio Pérez Zamora”, apuntó.
La instalación de estos espacios alternativos ha permitido reorganizar las dinámicas en esos centros para beneficiar el rendimiento académico. Según Yusdiela, las carpas facilitan que los alumnos puedan asistir en la sesión matutina, superando la necesidad de recurrir a la doble sesión por falta de aulas físicas, porque “el reto principal es el aprendizaje y el llamado a la familia”, enfatizó.
“Los padres deben pensar en el futuro y la educación de sus hijos por encima de cualquier obstáculo. Las autoridades del municipio coincidimos en que la familia desempeña un papel fundamental para lograr la incorporación del ciento por ciento de los niños a las aulas”, comentó.
Dany se alista cada mañana, aunque su uniforme le quede apretado y debe levantarse temprano. Nunca se enoja; se arregla con una sonrisa y marcha a la escuela, que ahora es una carpa, pero él sabe que allí se abre una ventana que lo verá crecer.

