El asalto perenne

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Por Juan Farrell Villa | 23 julio, 2026 |
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En Cuba como mucho se dijo y se cantado desde  años  atrás, siempre es 26. El asalto  a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo,  en esa fecha de 1953, fue motor impulsor de los incontables  combates que a partir de aquel  momento sobrevendrían, hasta hoy.

Desde entonces no se ha dejado de luchar en este país y no solo desde entonces. La forja de la nación, las guerras por su independencia, la resistencia al neocolonialismo  que después del triunfo  sobre  la metrópoli española nos tocó en desgracia; la nueva etapa de  insurrección armada que comenzó aquel 26, hace ahora 73 años, y concluyó  con la victoria revolucionaria de enero de 1959.

Todo ello y más, la historia anterior a la entrada de los rebeldes en  La Habana, y la vivida desde aquel hecho épico hasta hoy, ha sido una sucesión de asaltos en busca  de mejor destino para la patria y todos sus hijos, especialmente los que durante siglos fueron esclavizados, explotados, preteridos.

Hubo quien pensó que no sería más así, luego de la conquista del poder por el pueblo, y que bastarían el derrocamiento de la dictadura, la proclamación  de la igualdad y la justicia, y del socialismo como su expresión  más cierta, para llegar en breve al paraíso en la tierra, o algo parecido.

Fidel, visionario y realista, fue el primero en advertir el 8 de enero de 1959, en medio  de un baño de multitud  en el antiguo cuartel  de Columbia, a partir de entonces  Ciudad Escolar Libertad: ¨La tiranía  ha sido derrocada. La alegría  es inmensa. Y  sin embargo, queda  mucho por hacer. No nos engañemos  creyendo que en lo adelante  todo será  fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil¨.

De que así fuera se han ocupado muy bien  todos estos años el imperialismo yanqui y sus aliados, con  perennes agresiones  de todo tipo entre las que destaca, además de acciones terroristas, el recrudecido  bloqueo económico, comercial y financiero más prolongado  que  jamás hayan conocido país y pueblo alguno.

Coyunturas  políticas como la desintegración  de la Unión Soviética  y la caída del socialismo  en Europa del Este;  económicas como  la actual crisis mundial, y hasta desastres naturales, como  el devastador ciclón Flora en el temprano 1963 o aquellos tres no menos  devastadores  huracanes  de 2008, han sido parte de las dificultades,  además  de otros.

También se suman nuestros errores en el complejo e inédito proceso de construcción  socialista en un país pequeño como el nuestro, de escasos recursos, subdesarrollado  y distante apenas  90 millas del imperio más agresivo y poderoso que jamás existió.

Contra todos esos  muros se ha tenido que ir, de asalto en asalto, en las distintas etapas de la Revolución  que es, debe ser, aprendizaje, evolución, ascenso. Como los combatientes  de aquel 26 de Julio, hemos seguido   adelante, conquistando y defendiendo  posiciones, fundando y haciendo obras para el pueblo, e intentando, al mismo tiempo, la fragua  del hombre nuevo que dijera el Che.

Evidentemente, no es fácil, ni lo será en lo adelante, juzgando  por la situación complicada y los graves riesgos que afronta el mundo, del cual somos parte. Pero  como bien dice la voz popular, tampoco es tan difícil, mucho menos imposible.

Hoy, ¨cambiar lo que debe ser cambiado¨, alcanzar el éxito en la actualización  del modelo económico y social, lograr mayor y mejor desarrollo al que no vamos a renunciar, equivale-aunque de distinta manera y en tiempo diferente- a una arremetida  como la de los  combatientes  que aquella  madrugada del 26, fueron a conquistar  un sueño de justicia  con más fuego en la mente y en el corazón  que las armas que empuñaban.

Aquel sueño es esta Revolución que muchos de ellos no alcanzaron  a vivir para ver, porque  murieron haciéndola. Nuestro 26 es defenderla, sin desmayar;  superando sus conquistas;  haciéndola  todavía  más justa, más humana, o lo que es igual: más socialista.

Bibliografía: Bohemia, Año 104/No.15

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