Enrique Núñez de Villavicencio y Palomino, eminente médico y revolucionario

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Por Gislania Tamayo Cedeño | 15 septiembre, 2026 |
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Enrique Núñez de Villavicencio y Palomino falleció un día como hoy 15 de septiembre de 1916 hace 110 años. Fue Núñez de Villavicencio médico cirujano y Coronel del Ejército Libertador, Jefe de Sanidad del Segundo Cuerpo de Ejército y Delegado a la Asamblea de Representantes del Ejército Libertador.

Constituye una de las personalidades más importantes en la historia de la medicina cubana.

Antes de cumplir los cinco años comienza su enseñanza primaria con la educadora Loreto Macía y en el colegio laico del destacado pedagogo Melitón Pérez, incorporado al Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana, cursa el resto de la enseñanza primaria y toda la preuniversitaria, para graduarse de bachiller en artes el 27 de septiembre de 1886, a los catorce años de edad, con uno de los mejores expedientes de su promoción.

Matricula la carrera de Medicina en la Universidad de La Habana, donde acumula un brillante expediente. El título de Licenciado se le expide el 27 de junio de 1893 y el de Doctor el 7 de septiembre de 1894. Su tesis doctoral constituye la primera de sus notables monografías: “Contribución al estudio del paludismo en el puerperio”.

Estos notables resultados académicos están acompañados de su labor en las salas y salones de cirugía del Hospital “Nuestra Señora de las Mercedes”, donde ingresa como alumno externo desde el segundo año de la carrera, para continuar más adelante como alumno interno y médico honorario adscripto al Servicio de Cirugía.

Transmitió el doctor Enrique Núñez valiosos testimonios de lo que fue esta difícil labor científica. El 16 de abril de 1899, acabado llegar de los innumerables combates de la guerra lee ante la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana su trabajo “Consideraciones sobre la intervención quirúrgica en las heridas producidas por armas de fuego”.

Este estudio es de un valor histórico-médico considerable basado en las anotaciones de las hojas clínicas cuidadosamente conservadas por él, de los 334 casos que intervino quirúrgicamente en la guerra y el cual dedica, profundamente emocionado, “A la memoria de los médicos cubanos muertos en campaña”.

Este trabajo fue publicado en “Archivos de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana” 1899 y muchos años después reproducido en Cuadernos de Historia de la Salud Pública No. 38 1968.

En el III Congreso Médico Panamericano, celebrado en La Habana en febrero de 1901, presenta otros dos trabajos que complementan el ya mencionado, con el título “Notas sobre los traumatismos óseos observados en la campaña de Cuba”, publicado en la Revista de la Asociación Médico-Farmacéutica 1901.

Y el otro trabajo presentado titulado “Manera de aplicar la compresión elástica para obtener la hemostasis provisional en las intervenciones sobre el hombro”, en el que da a conocer un procedimiento suyo, usado en campaña, que publicó en El Progreso Médico.

Su ocupación por la Medicina, no lo alejó de la colaboración en el clandestinaje por el supremo ideal de ver a Cuba libre de todo tipo de opresión.

El hogar de los Núñez de Villavicencio, era un verdadero centro de patriotismo donde se luchaba por la independencia de Cuba.

Al iniciarse la Guerra del 95, el Dr. Enrique Núñez viaja a los Estados Unidos de Norteamérica, alegando una “misión científica”, que en realidad era de carácter revolucionario.

Cumplió el propósito de ese viaje con todo éxito y se le destina a otras actividades revolucionarias en la ciudad, pero como su anhelo era incorporarse a las fuerzas que luchaban en la manigua, se enrola en Nueva York en la Junta Revolucionaria.

En abril de 1897, llega a Banes. Fue destinado a formar parte del Estado Mayor del General Calixto García Iñiguez, aunque lo que más ansiaba era ser soldado y estar en el campo de batalla.

Calixto García lo nombra Jefe de Sanidad Militar del Segundo Cuerpo. Participó en las batallas de la provincia de Oriente y entre sus combates figuran la toma de Victoria de Las Tunas y el paso de la Trocha de Júcaro a Morón, acciones estas, dirigidas por el General Mario García Menocal.

En 1905 alcanza el premio Presidente Gutiérrez de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, el más importante de las ciencias en Cuba en la época.

Agotado por la labor que desempeñaba como Secretario de Sanidad y Beneficencia, decide tomar unos días de descanso en la ciudad de New York. Allí sufre un accidente automovilístico, en el que se lesiona una pierna, a causa de la diabetes.

Se le produce un absceso en la herida, intervenido quirúrgicamente da paso a nuevas complicaciones, las cuales, ante la consternación de todos sus compatriotas, le produce la muerte el 15 de septiembre de 1916.

Su cadáver fue trasladado a La Habana en el crucero Patria, de la Marina de Guerra Nacional, fue enterrado con honores de coronel del Ejército Libertador muerto en campaña, el 21 de septiembre de 1916, en una de las más sentidas manifestaciones de dolor popular que se recuerda en la capital.

El presidente de la república de aquel entonces, general Mario García Menocal, en carta pública dada a conocer en la prensa escribió:

“Conocía íntimamente a Enrique. En la guerra y en la paz, nos unieron vínculos de acendrado afecto. Fuimos además colaboradores en difíciles empeños. Su muerte me tiene profundamente impresionado.

En mi concepto, Cuba ha perdido uno de sus grandes hijos. El pueblo entero está evidenciando su dolor. Y en medio de la desgracia, me alienta un tanto, la máxima manifestación de tristeza de todos los cubanos, conscientes de lo que pierde la patria. Aunque hizo mucho, Enrique prometía más. Profesionalmente era una reputación y como ciudadano, una fundada esperanza para la patria”.

El ilustre sanitarista, profesor José A. López del Valle, cerraba su artículo necrológico en la revista Asclepios con estas hermosas y sentidas palabras: “Sequemos nuestras lágrimas. Levantemos el corazón y tratemos de seguir, para bien de la patria y de la ciencia, el alto ejemplo que nos legara ese compatriota, de sus nobles acciones, de sus desvelos y trabajos y de su devoción en el cumplimiento del deber”.

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