
Fabio Grobart nació en Trzcianka, a unos 40 km de Bialystok, Polonia, el 30 de agosto de 1905.
Siendo un adolescente abandonó la escuela para ganarse el sustento como aprendiz de sastre, y fue ligando su vida a ideas comunistas que fueron fortaleciendo sus convicciones políticas.
En 1922, con 17 años se vinculó a la lucha revolucionaria al ingresar en la Liga Juvenil Comunista, por sus actividades realizadas dentro de la misma le fue impuesta una condena a muerte que lo obligó a alejarse de su patria.
Llega a La Habana en 1924 como emigrado político sin conocer el idioma español. Se vincula a la Agrupación Comunista de La Habana. Logra trabajar en una sastrería y se incorporó a las luchas sindicales.
De inmediato se identifica con la lucha del proletariado cubano contra el tirano Gerardo Machado.
Fue protagonista y testigo de relevantes acontecimientos durante el Siglo XX. Su verdadero nombre era Abraham Grobart, y en Cuba adopta varios seudónimos: Yunger, Otto y Fabio, con este último se le reconoce.
Se convierte en uno de los fundadores del primer Partido Comunista de Cuba, en 1925. Lo unió una entrañable amistad con Rubén Martínez Villena, y de él expresó:
“A finales de 1932 me encontré con Rubén en Berlín. No volví a verlo hasta después de la caída de Machado, aquí en La Habana. Ya estaba físicamente extenuado. Pero se resistía a ingresar en el sanatorio. Cuando lo hizo, en diciembre, ya era demasiado tarde. Blas y yo fuimos a visitarlo, nos recibió con la misma sonrisa de siempre. A pesar de su extrema debilidad, mantenía un vivo interés por los asuntos del Partido, expresaba criterios, hacía recomendaciones. No le oímos ninguna queja, hasta bromeó con nosotros. Esa fue la última vez que lo vi.”
En 1928 fue uno de los que respaldó la creación de la Liga Juvenil Comunista, tras lo cual, junto con otros militantes del Partido Socialista Popular, emprendió la organización de los más de 250 mil trabajadores azucareros en ingenios y colonias cañeras.
Cayó preso y es encarcelado en el Castillo del Príncipe, allí conoció a Blas Roca.
En los años 40 y 50 del pasado siglo fue víctima de los ataques de los gobiernos de turnos al ser considerado un hombre trágico y peligroso. Ante la gravedad de los hechos la dirección del Partido Socialista Popular en que militaba decidió que saliera de Cuba para evitar que fuese asesinado.
Residió en Budapest, Praga y Viena y trabajó algún tiempo en la revista “Por una paz duradera, por una democracia popular”, de los partidos comunistas.
En 1952 fue designado para atender a los sindicatos de América Latina en la Federación Sindical Mundial, promoviendo la solidaridad internacional con los cubanos que combatían al régimen de Fulgencio Batista.
Retorna a Cuba cuando triunfa la Revolución y de inmediato comenzó a dar su apoyo al desarrollo del proceso revolucionario.
Integra el Comité Central del Partido Comunista de Cuba. En 1965 fue elegido miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, condición que le fue ratificada en los congresos partidistas.
Durante años presidió el entonces denominado Instituto de Historia del Movimiento Comunista y de la Revolución Socialista de Cuba, hoy Instituto de Historia.
Recibió la condecoración de Héroe del Trabajo de la República de Cuba en el año 1985.
Falleció en La Habana el 22 de octubre de 1994.
De la Revolución cubana dijo:
“Yo pensaba en fechas del movimiento revolucionario, de la historia del Partido soviético, las revoluciones rusas de 1905 y 1917, pero esto era algo que no se parecía a los acontecimientos históricos conocidos, porque era consecuencia de una lucha militar, una insurrección popular armada de revolucionarios encabezados por Fidel.”
