
Hace 57 años una delación permitió que la casa de Inti Peredo Leigue, en Bolivia, fuera rodeada por más de 150 esbirros armados.
Los restos de una granada hirieron al revolucionario, inhabilitándole una pierna y un brazo, además el arma.
Al quedar inconsciente lo pudieron atrapar fácilmente y de esa misma manera lo torturaron salvajemente. Hasta que un médico perverso lo remató con una inyección.
Su cadáver fue exhibido al mundo como trofeo de caza y de victoria.
Inti integró la Juventud Comunista, fue miembro del Partido y del Comité Central.
Colaboró con los movimientos guerrilleros de Jorge Ricardo Masseti, en Argentina y Perú.
Desde las filas del partido defendió la necesidad de la lucha armada como única vía en 1966.
El 27 de noviembre de 1966 se incorpora a la guerrilla del Che.
Ese día el Che consignó en su Diario la llegada de “otro boliviano, Inti, también a quedarse”.
Quince días después señalaba su nombramiento como uno de los comisarios del naciente Ejército de Liberación Nacional de Bolivia (ELN).
La impresión que le causó el Che se perpetuó en la mente de Inti.
“Me golpearon varias reacciones: turbación por el respeto que le tenía (y mantendré siempre), emoción profunda, orgullo de estrecharle la mano, y una satisfacción difícil de describir al saber con absoluta seguridad que en ese momento me convertía en uno de los soldados del ejército que dirigía el más famoso comandante guerrillero (…) Al poco rato, Pombo me entregó una carabina M-2 (mi primera arma) y el equipo de combatiente. Sin embargo, esa anoche comenzó mi vida de revolucionario verdadero”.
Después del desastre de la quebrada del Yuro quedo solo con cinco compañeros (3 cubanos y 2 bolivianos). En ese combare el Che es herido.
A pesar de haber jurado no desertar del proceso revolucionario, planificaron la ruptura del cerco y deciden salir a buscar los sobrevivientes.
Inti escribiría en uno de sus textos…Sólo quedábamos nosotros. Estábamos en malas condiciones físicas. Habíamos comido poco y realizado un gran esfuerzo en los días anteriores, al margen de que las grandes tensiones también habían hecho efecto sobre nuestro organismo. Volvimos aligerar la carga. Ñato que llevaba todo el instrumental médico, lo enterró…y convirtió en olla la caja metálica que antes servía para esterilizar. La sopa de harina que cocinamos después de tantos días de privaciones solo sirvió para engañar las tripas, pero no reparo nuestras fuerzas…”.
Desempeñó un importante papel en la salida del pequeño grupo de combatientes de la zona insurgente. Antes de partir de forma clandestina hacia Cochabamba y de ahí a La Paz, junto a Urbano (Leonardo Tamayo), había acordado con Pombo (Harry Villegas), reorganizar la red urbana y el Ejército de Liberación Nacional, para abrir un nuevo foco guerrillero.
Y logró la protección campesina, gracias a lo cual salvó su vida.
Clandestinamente llega a Cochabamba, hizo el juramento de seguir la lucha armada, firmó el manifiesto Volveremos a la montaña y se propuso reorganizar el Ejército de Liberación Nacional de Bolivia.
Dos meses después emitió un mensaje al pueblo que conmocionó a la opinión pública del país. El gobierno desató una brutal persecución contra él.
El 4 de septiembre, un nuevo comunicado provocó similar impacto. Subrayaba en su último manifiesto al pueblo boliviano, dado a conocer cinco días antes de su caída:
“El camino es largo y lleno de sacrificios. Estamos dispuestos a entregar nuestra modesta cuota, lo único que tenemos, la vida, para lograr la libertad de Bolivia y América Latina y la felicidad de nuestro pueblo. Tenemos fe en el triunfo final, porque detrás nuestro avanza pujante un pueblo”
Guido Álvaro Peredo Leigue, nació en Cochabamba, Bolivia el 30 de abril de 1938. Hijo de una familia numerosa, se crio en la pobreza trabajando la tierra y cazando.
Ecured
Bohemia /septiembre 2017
