
En el combate de Loma del Gato, el 5 de julio de 1896, cayó el Mayor General José Maceo Grajales apodado el León de Oriente. Hombre que superó con voluntad férrea cada uno de los combates contra el colonialismo español. Siempre a la vanguardia de la tropa, instando a sus hombres en el avance de la marcha…”Arriba la muerte es cuestión de fecha”. Señalaba con ímpetu.
Es el tercer hijo de la familia Maceo- Grajales. Con apenas 19 años de edad, se incorporó junto con sus hermanos Antonio y Justo al Ejército Libertador, fueron los primeros de la familia en hacerlo.
Se unió a la Guerra de los Diez Años dos días después de iniciada, bajo las órdenes del capitán Juan Bautista Rondón, luego pasa a las tropas comandadas por el coronel Juan Monzón.
En 1869 se subordina al mayor general Donato Mármol, jefe de la división Cuba. Tomó parte en la invasión de Guantánamo, integrado a las fuerzas del mayor general Máximo Gómez (1871).
Combatió con fiereza y libró más de 400 acciones militares en las que alcanzó el grado de Mayor General del Ejército Libertador.
Su bautizo de fuego fue en el combate de Ti Arriba. Su carácter, firmeza de ideas, intransigencia y temperamento fueron rasgos que lo distinguieron.
Dieciocho heridas marcaron su cuerpo. Pero había cumplido con el juramento hecho a su madre Mariana Grajales de luchar o morir por la libertad de la Patria.
El León de Oriente participó en las tres guerras por la independencia de Cuba contra España. Alcanzó los mayores honores dentro del campo insurrecto y de soldado llegó a ostentar los grados de Mayor General del Ejército Libertador.
Era de esos hombres que poseía una destreza increíble en sus manos. Con la zurda manejaba el machete mientras el revolver lo hacía con la derecha.
En junio de 1873, fue designado jefe del primer batallón del regimiento de infantería de Guantánamo, y participó junto a Máximo Gómez en la invasión a Las Villas.
El 30 de septiembre de 1874, José Maceo fue nombrado jefe del regimiento de infantería Santiago. Ya había combatido en Camagüey y en Oriente. Se opuso a la sedición de Lagunas de Varona en 1875, y rechazó los planes de los insubordinados de Santa Rita. Fue una de las principales figuras de la Protesta de Baraguá en 1878.
Al finalizar la guerra chiquita sale rumbo a Jamaica, pero un barco español lo apresa en alta mar y es enviado a las cárceles españolas de África e Islas Baleares.
En julio de 1884 fue llevado al castillo de La Mola, en Mahón, desde donde escapó hacia Argelia el 22 de octubre de 1884. Después de pasar por Francia, Estados Unidos y Jamaica, viajó a Panamá para encontrarse con Antonio, en diciembre de 1886.
Soportó en carne propia el exilio, destierros y la cárcel, pero ninguno de estos infortunios hizo mella en su espíritu guerrero, al contrario, se hizo más puro su sentimiento por libertad.
El Apóstol José Martí en carta fechada el 3 de noviembre de 1894, unos meses antes del inicio de la Guerra Necesaria del 24 de febrero de 1895 le escribe a José: “Amigo, quien ha defendido con valor mi Patria y su libertad de hombre, es como acreedor mío y me parece mi hermano”.
Desembarca en 1895 con Antonio Maceo por Duaba y asume el mando del departamento oriental.
Mortalmente herido en el combate de Loma del Gato, fue llevado por sus hombres hasta La Soledad de Ti Arriba, cerca de Songo-La Maya, perteneciente a la actual provincia Santiago de Cuba, donde falleció hace 130 años.
Al saber de su desdicha Máximo Gómez le escribe a Bernarda Toro: “Era preciso haber conocido bien a fondo el carácter de aquel hombre sin dobleces, y de rústica franqueza para poder estimarle y estimar su cariño cuando lo demostraba. El general José era todo verdad y por eso para muchos aparecía amargo”.
Más adelante le comenta dice: “Descubrí en él la grande y noble gratitud del león que la historia cuenta y entendía la grandeza de su valor admirable e intrépido cual ninguno. El español más cruel rendido al General en mitad de la refriega más sangrienta, podía contar con la vida”.
José Maceo había nacido el dos de febrero de 1849, en la finca de sus padres, en Majaguabo, San Luis, Oriente. Era un hombre noble de altos principios éticos y morales.
Un monumento rinde eterno homenaje a su memoria, a quien fue una sensible pérdida para el Ejército Libertador y para toda Cuba.
