Hoy, volvemos a resaltar la vigencia del pensamiento antiimperialista de nuestro José Martí, máxime cuando enfrentamos tiempos complejos y difíciles, de amenazas y acecho constante de agresión militar del Gobierno de los Estados Unidos contra la Mayor de las Antillas y su pueblo.
Veedor profundo de los problemas desde su época, Martí alertó sobre todo de lo que podía oponerse a los anhelos de libertad y soberanía por la que tanto hemos luchado generaciones de cubanos durante muchos años.
El Apóstol de la Independencia comprendió primero que todos los grandes hombres de la época, el peligro que representaban los sueños imperiales de Estados Unidos de Norteamérica contra Cuba y las repúblicas latinoamericanas.
El 27 de julio de 1881, en carta a Fausto Teodoro de Aldrey, Martí escribe: De América soy hijo: a ella me debo. Y de la América, a cuya revelación sacudimiento y fundación urgente me consagro, esta es la cuna: ni hay para labios dulces, copa amarga: ni el áspid muerde en pechos varoniles, ni de su cuna reniegan hijos fieles¨.
Más adelante, les señala a los pueblos de América:
¨De una parte hay en América un pueblo que proclama su derecho de propia coronación a regir por moralidad geográfica, en el continente, y anuncia, por boca de sus estadistas, en la prensa y en el púlpito, en el banquete y en el Congreso, mientras pone la mano sobre una isla y trata de comprar otra, que todo el norte de América ha de ser suyo, y se le ha de reconocer derecho imperial del itsmo abajo…
La política de los Estados Unidos con respecto a Cuba y al resto de las Antillas no difiere, en sus propósitos, de la seguida hasta el continente latinoamericano. En época tan temprana como 1805, Thomas Jafferson declaró que ¨… comenzaba a considerar toda la corriente del Golfo como agua jurisdiccional norteamericana (…) ¨, y más tarde afirmó que ¨…en caso de una guerra con España, los Estados Unidos, se apoderaría de Cuba.¨
En 1823 James Monroe, padre adoptivo de la doctrina intervencionista del mismo nombre, expuso que ¨agregar Cuba era lo que necesitaban los Estados Unidos para que la nación americana alcanzará el mayor grado de interés(…)
En abril del propio año, John Quincy Adams, a la sazón Secretario de Estado y verdadero padre de la Doctrina Monroe, escribió: ¨ Hay leyes de gravitación política, como leyes de gravitación física, y Cuba separada de España tiene que gravitar hacia la Unión , y la Unión en virtud de la propia ley, no iba a dejar de administrar en su propio seno. No hay territorio extranjero que pueda compararse para los Estados Unidos como la Isla de Cuba. Esas islas de Cuba y Puerto rico por su posición local, son apéndices del Continente Americano, y una de ellas, Cuba, casi a la vista de nuestras costas, ha venido a ser de trascendental importancia para los intereses políticos y comerciales de nuestra Unión¨.
Así, con predicción meridiana, el Héroe Nacional cubano, antes de morir el 19 de mayo de 1895, en Dos Ríos, en carta a su amigo mexicano Manuel Mercado le manifestó:
“(…) ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber —puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo— de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América.
“Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser, y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrse han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin”.
Material consultado: el militante comunista/Mayo 1976
