Juan García: una vida entre melodías

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Por Denia Fleitas Rosales | 24 octubre, 2026 |
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FOTO/ Denia Fleitas Rosales

La guitarra encuentra sitio entre sus brazos, cerca del pecho, como si regresara a un lugar conocido. El mástil sostenido por una mano que conoce sus caminos; los dedos de la otra rozan las cuerdas, se detienen, regresan, buscan el acorde que abrirá paso a la voz.

Cada movimiento va hilando una historia: un recuerdo encuentra melodía, un afecto se vuelve canción. El instrumento resuena y el músico cuenta, como si de entre la madera y sus manos naciera una conversación que nunca termina.

Así puede imaginarse el universo de Juan Rumualdo García Ramírez, un manzanillero que ha repartido su vida entre la interpretación, la enseñanza y la dirección musical, sin separar el oficio del afecto.

Al hablar de su trabajo, persiste en la convicción que explica su entrega mejor que cualquier enumeración de méritos: “yo digo que la cultura tiene dos tipos de trabajadores, tiene obreros de la cultura y tiene artistas, y eso está en el corazón”.

El diploma Aportes a la Cultura Nacional, la Medalla Raúl Gómez García, recibida en 2017, y el Premio Provincial de la Música de 2024 forman parte de su trayectoria. Pero su ciudad le añadió una distinción que lleva el peso de la identidad: Hijo Ilustre de Manzanillo. Él, en cambio, la asume no como homenaje. “Para mí es un honor, un reconocimiento que me compromete más aún con todo lo que hago con amor y dando lo mejor de mí cada día”.

A más de cinco décadas de vida profesional dentro del sector de la música, tanto en función pedagógica como artística, cumplidas en 2025, Juanito no separa los años de escenario de los dedicados a enseñar. En su diálogo caben ambos, como si hacer música y compartir sus conocimientos fueran dos formas de sostener una misma vocación. Formación y creación avanzan juntas en él como dos voces de una misma composición.

Las estaciones que ayudan a comprender su permanencia en el camino son el Premio Nacional de la FEEM en 1972, los lauros en los festivales nacionales del trovador militar de la Isla de la Juventud, en 1977, y Camagüey, en 1978. Su voz también lo llevó a ser finalista de Todo el Mundo Canta y a obtener el tercer premio en el Festival Sindo Garay de 1990.

 

La enseñanza tuvo sus propios lugares de intercambio, por lo cual participó en los eventos nacionales de Pedagogía de 1993 y 1998, mientras su actividad artística lo vincularon a distintas ediciones del Festival Carlos Puebla.

 

Juanito abrió paso a su historia entre sonoridades que le permiten ser miembro de la UNEAC, de la Asociación Cubana de Autores Musicales, del Consejo Técnico Artístico de Granma y de la Comisión Nacional de Evaluación del Instituto Cubano de la Música.

 

Si la guitarra acerca la música al cuerpo, la batuta parece extenderla hacia los otros. La mano se eleva, prepara la entrada y dibuja en el aire la medida de una frase. Su movimiento acompaña o impulsa. Así, frente al también director de la Banda Municipal de Concierto de Manzanillo, las voces instrumentales encuentran un cauce común. La música deja de depender de unas solas manos y se construye entre todos.

La centenaria institución cultural “ha hecho que una cantidad de estudios que tenía terminados y estaban medio escondidos en algún lugar de mi mundo artístico puedan salir a la luz. Dentro de la música, la armonía es algo sublime, es algo encantador y la banda me ha permitido ponerlo de manifiesto”.

Más que orgullo de conducir una agrupación, en el músico reconocido con el Premio Provincial de la Música permanece el entusiasmo, el disfrute y la disciplina para llevar una idea del conocimiento al sonido.

También al frente del sexteto Ni más ni menos, Juanito ha mantenido otra vertiente de su trabajo musical. Con esa agrupación viajó a México entre 2016 y 2017. Antes, entre 1998 y 2007, había realizado varias giras a Ciudad de México con el trío Los Caminantes.

Los viajes ampliaron su recorrido artístico, pero no borraron el vínculo con la ciudad de la que habla como quien intenta nombrar un afecto demasiado grande.

“Manzanillo… Manzanillo es un lujo en el corazón, es una cosa increíble, es algo que te absorbe. Nunca me he podido ir de Manzanillo, aunque haya querido”. Repite el nombre como quien necesita acercarse despacio a lo que siente. Después cuenta una anécdota para explicar su concepto de pertenencia, que trasciende el nombre geográfico, porque tiene rostros, parentescos, vínculos, raíces de identidad, “porque para mí Manzanillo es mucho, es algo indescriptible”.

Por ello Juan García encuentra razones para permanecer. La guitarra puede descansar un instante y la batuta quedar inmóvil después del último acorde. Pero la música del maestro continúa. Es una vibración en la madera, una frase suspendida en el aire, una ciudad que encuentra sitio en el pecho del músico. Es como resonancia íntima que Juanito lleva consigo y define una vida entre melodías.

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