La esencia de un poder

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Por Ismara Pérez Orosco | 30 octubre, 2026 |
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Hay fechas que no se limitan a marcar el paso del tiempo: permanecen en la memoria de los pueblos porque señalan el comienzo de una nueva etapa en su historia.

Hace 50 años, en Cuba, se inició un proceso de institucionalización para transformar la organización de su vida política y crear los órganos del Poder Popular, concebidos como espacios de representación y gestión de los asuntos públicos.

El camino empezó en Matanzas, donde el 30 de junio de 1974 se celebraron las primeras elecciones de delegados a los órganos locales, y el 21 de julio quedó constituida la primera asamblea.

Aquella experiencia piloto se extendió hasta que, en 1976, el sistema se implantó en todo el país. Los días 10 y 17 de octubre de ese año se celebraron las primeras elecciones municipales generales, en un proceso que condujo a la constitución de las 169 asambleas municipales.

En Granma, esa metamorfosis también dejó huellas, y la Asamblea provincial del Poder Popular se constituyó el 7 de diciembre.

En Pilón, municipio de singular identidad histórica y geográfica, esta conmemoración ofrece la oportunidad de recordar las experiencias de quienes han asumido la responsabilidad de representar a sus habitantes y comunidades, y acercarse a los desafíos.

Detrás de cada mandato, cada reunión y cada gestión, hay una historia que merece ser contada: la de un pueblo que, durante cinco décadas, ha tenido en sus delegados y estructuras de gobierno a una gran parte de los protagonistas de su vida colectiva.

A medio siglo de aquel acontecimiento, la efeméride invita a recorrer la historia de estas instituciones, conocer sus transformaciones y examinar el papel que han desempeñado en la organización de la sociedad, desde los barrios y comunidades.

DEMOCRACIA DESDE LA COMUNIDAD

La vida en la circunscripción de El Naranjo retoma su pulso. Tras seis meses, aproximadamente, sin la presencia de un representante, sus vecinos se alistan para un proceso electoral parcial que devolverá la voz del barrio a la Asamblea Municipal del Poder Popular, y así dar continuidad al XVIII período de mandato de la IX legislatura.

La preparación ha requerido una labor intensa. Según informaron organizadores del proceso, las acciones comenzaron con un amplio trabajo de sensibilización para explicar la trascendencia.

Oralmi Orasma Ramos, presidenta del Consejo Popular, apuntó que las asambleas de nominación iniciaban, este viernes, por El Naranjo y Almacigón, pertenecientes a la misma circunscripción.

El propósito principal es asegurar que las propuestas recaigan en ciudadanos con mérito, preparación y un verdadero compromiso social. Ese esfuerzo conjunto involucra también a la orientadora política del Partido y a los factores comunitarios.

VOCES DEL PUEBLO

Juan Rodríguez Guerra / FOTOS Ismara Pérez Orosco

Algunos caminos no se trazan sobre mapas de papel, sino sobre el pulso cotidiano. En el extremo de nuestra geografía, donde el mar abraza las costas y el esfuerzo diario desafía cualquier adversidad, existen hombres que han hecho del servicio a la comunidad una trinchera de fe y resistencia.

Aferrado a los pedales de una bicicleta, Juan Rodríguez Guerra recorre, desde hace más de dos décadas, desde Ojo de Agua hasta la cabecera municipal, para escuchar, de primera mano, los latidos de su pueblo.

No es solo un delegado con 21 años ininterrumpidos de mandato; es el rostro de un compromiso inquebrantable, el puente humano entre las necesidades y la esperanza constante de construir, paso a paso, una obra colectiva que reta el tiempo y las vicisitudes.

A sus 58 años, acumula una trayectoria que trasciende la simple formalidad de un cargo público. Desde que en el 2005 resultó electo por primera vez, su existencia quedó indisolublemente atada a la comunidad.

El “veterano” resume su labor con una convicción inconmovible: “Ser delegado es un orgullo, pero también un compromiso mayor cuando lideramos los procesos comunitarios”.

Para Rodríguez Guerra, el verdadero reto radica en canalizar las inquietudes de los vecinos y buscar soluciones viables, contando siempre con el apoyo popular.

“Hemos constatado la preocupación y ocupación de las autoridades en el territorio, por dar solución a muchos planteamientos que requieren recursos que hoy están fuera del alcance”, expone.

A lo largo de estas dos décadas, compaginar su encargo como miembro del Consejo de la Administración Municipal, donde atiende la Dirección de Comercio, con el rol de padre y esposo, ha exigido una alta dosis de entrega. Sin embargo, destaca que la clave ha sido anteponer las prioridades de la gente.

“La familia apoya, estimula y reconoce mi responsabilidad, porque no se trata solo de una estructura o de un núcleo, sino de representar a un pueblo”.

Por estos días, su cotidianidad se enmarca en el programa participativo Mi barrio por la patria. Desde ese espacio y, también, desde la Comisión Permanente de Trabajo para atender Educación, Cultura y Deportes, Rodríguez Guerra insiste en que el ejemplo personal es la premisa fundamental.

“Antes de exigir y de asignar tareas, tratamos primero de cumplir las nuestras”, asegura.

Frente a las dificultades, su mensaje es optimista y firme: “Mientras el pueblo lo decida, estaremos luchando”.

EL TIMONEL DE LA MANTECA: JUVENTUD Y BREGA

Layner Castillo Naranjo

En la alejada comunidad de La Manteca, Layner Castillo Naranjo ilumina el sombrío camino hasta allí, con una mezcla de constancia y arraigo, demostrando que liderar desde el barrio es un ejercicio diario de resistencia, sensibilidad y entrega.

Con apenas 38 años de edad, se erige el delegado más joven de la demarcación. Su incursión en estas lides no responde a la casualidad, sino a un relevo necesario que se abrió paso por circunstancias complejas.

“Antes hubo delegados más jóvenes que yo, pero quedaron en el trayecto”, relata con tremenda sencillez.

Su hoja de servicios al frente de la circunscripción suma cerca de una década, incluyendo un primer período parcial que asumió de manera imprevista. Ese fue su bautismo de fuego. En ese instante, Castillo Naranjo tomó las riendas sin dudarlo, iniciando un proceso que ha sostenido, a pesar de los avatares.

Al reflexionar sobre las diferencias entre su primer mandato y el de ahora, reconoce matices innegables, porque en etapas anteriores la dinámica fluía con cierta holgura y comodidad, pero el escenario actual dificulta las respuestas institucionales.

Lejos de constituir una limitante, su faceta como artista de la plástica se cruza permanentemente con los compromisos. Conjugar la creación artística con la labor de delegado resulta una tarea ardua, que requiere despojarse a ratos del lienzo o el barro, para volcarse por completo a los problemas del barrio.

Sin embargo, Layner valora este tiempo como un período de aprendizaje, de retroalimentación. La sensibilidad del arte le aporta herramientas para descifrar las emociones populares, dialogar con franqueza y afrontar las duras realidades sin perder la empatía.

“Inevitablemente, tuve que despegarme un poco de las funciones creativas. Pero también son experiencias que se aprovechan para nutrir el conocimiento artístico”.

Ante la celebración por el medio siglo de los órganos del Poder Popular, La Manteca no se queda en consignas. La estrategia consiste en articular el trabajo con todos los factores buscando un impacto en los jóvenes.

El concurso de las nuevas generaciones, apoyadas por Cultura y la UJC, ha sido clave. Aunque reconoce que las estructuras políticas han atravesado momentos de menor dinamismo, los electores comprenden que la fortaleza del sistema reside en su protagonismo.

Entre los frentes actuales, destaca el esfuerzo por revitalizar espacios y servicios esenciales, como actividades deportivas y recreativas, junto al Inder, y la remodelación del círculo social con recursos endógenos y la colaboración de la base productiva.

La atención al sistema de bombeo local es otro reto, el cual ha enfrentado muchos tropiezos, a pesar de la instalación de paneles solares, aún están a la espera de una definitiva solución.

Así camina La Manteca, bajo la guía firme de un joven creador que ha hecho del escaño una trinchera de afectos y deberes. En su voz se percibe la esencia misma del poder del pueblo: el arte de escuchar, resistir y construir el futuro desde los cimientos del barrio.

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