
Cada 10 de octubre, Cuba vuelve la mirada hacia La Demajagua. Allí, en 1868, Carlos Manuel de Céspedes reunió a sus hombres, proclamó la independencia de la Patria y levantó, junto a ellos, la bandera de la libertad.
No resulta casual que, décadas después, Esa fecha volviera a quedar asociada al nacimiento de dos instituciones esenciales para la vida pública del actual territorio de Granma: la radio en Radio, fundada en 1937, y el periódico La Demajagua, surgido en 1977.

Ambos medios asumieron, cada uno desde su lenguaje, la responsabilidad de contar la realidad. La radio, con la inmediatez de sus ondas; el periódico, con la permanencia de sus páginas. Dos maneras de mirar y narrar el territorio, dos caminos para acompañar a su pueblo, dos voces que, con el paso del tiempo, terminaron formando parte de la identidad de Granma.
En los primeros años, la radio llevó sus mensajes a los hogares mediante receptores sencillos, en medio de una época en la que escuchar las noticias, una canción o la voz familiar de un locutor constituía un acontecimiento cotidiano. La radio bayamesa fue convirtiéndose en compañía inseparable: informó, educó, entretuvo y sirvió de puente entre las comunidades y los principales acontecimientos de la provincia y del país.
Con el periódico La Demajagua ocurrió algo semejante. Cada edición comenzó a recoger en sus páginas la vida de Granma: sus jornadas productivas, conquistas sociales, desafíos. En sus textos quedaron las voces de los campesinos, obreros, estudiantes, artistas,deportistas y de tantas personas anónimas cuya historia también forma parte de la memoria colectiva.
Quedan latentes las madrugadas en las redacciones, libretas llenas de apuntes, entrevistas realizadas bajo el sol o la lluvia, cabinas encendidas, micrófonos abiertos y páginas revisadas una y otra vez.
También el batallar de periodistas que persiguen la noticia, locutores que convierten la información en compañía, diseñadores que le dan forma a las ideas, sonidistas atentos a cada detalle y realizadores capaces de transformar un hecho en imagen, sonido y emoción.
Con el tiempo, el paisaje de la comunicación cambió. Las ondas hertzianas y el papel comenzaron a convivir con sitios web, redes sociales, galerías digitales, podcasts y otras plataformas. La radio en Bayamo y La Demajagua asumieron ese desafío sin renunciar a sus raíces como parte de la historia cultural y social de Granma, continuidad de aquel acto fundador por la independencia, un modo de afirmar la identidad; y contar la vida de un territorio, con sus luces y sus sombras, una manera particular de defenderla.
