Lo que el apagón no explica

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Por Yoenis Pompa Silva | 20 octubre, 2026 |
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FOTO / Periódico Sierra Maestra

Cuando se apaga la luz en un barrio, no solo dejan de funcionar los ventiladores, se interrumpe la preparación de la comida de la familia, el lavado de la ropa queda pospuesto, se hace más difícil conservar los alimentos y, en muchas ocasiones, tampoco llega el agua.

Entonces comienza otra espera, la noticia de cuándo volverá la electricidad, mientras que otros, en medio de la incomodidad, miran hacia la calle vecina y se pregunta: ¿por qué allí hay más horas de corriente y aquí no?

Esa interrogante no surge esencialmente de la desconfianza hacia los encargados de distribuir con justeza la energía, nace de quien ha pasado varias noches sin servicio y precisa entender cómo se hace.

Puede haber razones técnicas para que un circuito reciba un tratamiento diferente. Pero las causas de por qué algunos lugares son más apagables que otros, necesitan llegar a las personas con claridad. Lo que no se explica a tiempo, suele llenarse de conjeturas, además de la irritación por los molestos apagones.

La falta de combustible, averías y la insuficiente capacidad de generación, limitan las posibilidades de ofrecer un servicio estable, lo que complica la situación electroenergética, motivada por el cerco agudo de los Estados Unidos contra Cuba.

De todas maneras, corresponde a las instituciones pertinentes hacer cuanto esté a su alcance para distribuir las horas y el horario de afectación con el mayor equilibrio posible, y comunicarlo.

La equidad no significa que la mayor parte de los circuitos estén en igualdad de condiciones, sino aplicar criterios comprensibles, revisar y explicar el porqué es necesario apagar algunas zonas por más tiempo.

Si un barrio se apaga noche por noche, sus vecinos merecen saber si existe alguna posibilidad de rotación, o qué limitación lo impide.

También hace falta distinguir el apagón programado de la rotura, pues para la familia que permanece a oscuras, ambas razones se parecen, pero requieren respuestas diferentes.

Cuando falla un transformador o se interrumpe una fase, la población requiere conocer dónde está la avería, qué gestiones se realizan y cuándo recibirá otra actualización. Dar una hora de restablecimiento sin certeza, puede agravar el malestar; guardar silencio durante días, también.

Por otro lado, no basta con anunciar las afectaciones, si después la corriente llega mucho más tarde de lo previsto o permanece apenas unos minutos.
En esos casos, advertir el cambio es una muestra de respeto hacia quienes organizaron su jornada laboral y doméstica alrededor de esa información, que no debe depender solo de los perfiles institucionales de la Empresa Eléctrica.

Durante un apagón prolongado, el teléfono se descarga y la conectividad puede fallar, justo cuando más se necesita por lo que medios locales de prensa, estructuras comunitarias y canales de atención a la población, deben complementarse para que la información llegue, y no solo mediante una pantalla de un móvil.

Escuchar las quejas en el terreno es igualmente importante, porque detrás de una pregunta insistente puede haber una familia sin agua, una persona enferma o vecinos que llevan demasiado tiempo esperando respuesta. Una población informada comprende mejor las decisiones.

En tiempos como estos, de tanta incertidumbre, hablar con claridad y oportunidad,  también es una manera de acompañar a quienes esperan que regrese la luz.

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