
Manuel Francisco Gran Guilledo fue un profundo conocedor de la física en Cuba en la primera mitad del Siglo XX.
Nació en El Cano, poblado perteneciente a la provincia de la Habana, el 28 de octubre de 1893.
Cursa estudios secundarios nocturnos en la Escuela de Artes y Oficios de la capital mientras trabaja, primero como albañil y luego como tipógrafo, para ganarse la vida.
En 1918 se gradúa de Arquitecto, también ese mismo año de Ingeniero Civil, en 1922 de Doctor en Ciencias Físico-Matemáticas y en el año 1925 de Doctor en Ciencias Físico-Químicas 87.
Durante más de treinta años ejerce la docencia de los cursos básicos de física que debían adquirir los alumnos de las carreras de Ciencias Físico-Matemáticas, Ciencias Físico-Químicas e Ingeniería de la Universidad de La Habana, en centros de estudios desde donde transmitió su influencia sobre la forma de imaginar y presentar la física en todo el país.
Publica en imprenta y en mimeógrafo gran parte del material de estudio para sus cursos universitarios de Física Superior.
Por otra parte, los manuales de física, matemática y otros que publica para uso como libro de texto de las enseñanzas primaria y secundaria, constituyen aportes importantes al estudio de esa ciencia, en particular, sus notables obras Elementos de Física general y experimental, en dos gruesos volúmenes, publicados en 1939-1940, reeditados y reimpresos varias veces.
Manuel Francisco Gran Guilledo poseía una vasta cultura científica y humanística, que adquiere en sus constantes y meditadas lecturas, en varios idiomas.
Con fines de divulgación científica, o para exponer el resultado de sus estudios, o reflexiones sobre sus vivencias, dicta varias disertaciones memorables, tales como las tituladas “La onda luminosa” (1929), “Félix Varela y la ciencia” (1945), y “Enseñar y educar” (1954), entre otras.
Hombre de honestidad reconocida y posición liberal – progresista, aunque no radical, aceptó que se le postulara para senador de la República en las elecciones de 1948 bajo el lema “Vergüenza contra dinero”, por el Partido Ortodoxo.
Es el primer Embajador de Cuba en Francia, nombrado por el Gobierno Revolucionario, cargo que desempeña hasta fines de 1960. Fallece en La Habana, el 3 de abril de 1962.
