Música, Inteligencia Artificial y otros retos

Share Button
Por Prensa Latina (PL) | 1 octubre, 2026 |
0
FOTO/ Ilustración tomada de musicaymercado.org

Dentro de la carrera contrarreloj que han pulsado la tecnología y el arte durante años, ya levanta muchas críticas y también aceptación la inclusión de la Inteligencia Artificial (IA) como herramienta cada vez más usada en la creación de contenidos en diferentes plataformas.

Gracias a la dinamitación de los llamados mercados tradicionales de la música –la compra-venta física, la fabricación de discos, así como la mercadotecnia alrededor del artista–, la migración a formatos virtuales y, por consiguiente, los cambios en los modos en que se accede a las propuestas sonoras, han mostrado cambios significativos en los últimos 20 años.

Para muchos expertos en tecnología, autores musicales y académicos, ello se ha traducido en datos alarmantes durante años por las nuevas «reglas del juego» en cuanto a las leyes –y la consiguiente aplicación y modificación de las normas del derecho de autor–, los conceptos de plagio, los principios morales y la vulnerabilidad de los contenidos digitales en un mundo cada vez más obnubilado por lo tecnológico, pero más olvidadizo en el verdadero sentido artístico: la apreciación y el disfrute real del producto.

La virtualización de la música va por caminos irreversibles y, nos guste o no, hemos de convivir con esa modalidad.

Los avances tecnológicos de la humanidad han estado muy estrechamente ligados al arte y de forma especial a la música; gracias a ello, instrumentos antes inimaginables son hoy día paradigmas de géneros y han sido defendidos por verdaderos virtuosos.

La guitarra y el bajo eléctrico, los sintetizadores (teclados), la creación del sistema midi, los programas de escritura y edición musical, y otros artilugios de la ciencia han devenido hitos en el nuevo lenguaje sonoro.

Hoy, la industria suma el nuevo avance de la IA al ecosistema musical, a la vez que recibe el rechazo o recelo de buena parte del gremio. ¿Hasta dónde llega el artista y hasta dónde lo oficioso de un programa? ¿Hay creatividad en el proceso? ¿Es ético crear una obra basada en infinidad de datos almacenados? Muchas son las preguntas y pocas las respuestas, obviamente.

En nuestro país ya se utiliza la IA para diversos fines en la escena musical, y los debates merecen tener más espacios y no pasar desapercibidos. La polémica se enfoca con fuerza cuando se trata de ubicar como concepto primordial el vastísimo conocimiento –e historia real, no inventada– de la música en Cuba durante años y su entronización en el esquema sonoro mundial.

Muchos cuestionan el porqué de utilizar recursos de una aproximación construida sobre algoritmos y variantes de proyectos casi inagotables cuando tenemos una sólida tradición en la creación de música por encargo u obras independientes desde la óptica composicional del artista.

También argumentan la proliferación de temas sin complejización morfológica ni desarrollo temático o vocal en el uso de la IA, lo cual es cierto si tenemos en cuenta –y coincido– la historia de quienes han tributado al cine, la tv, el teatro, campañas políticas y más.

El tema está marcado, sin duda, por una delgada línea en la que convergen distintas miradas que representan varias realidades y propósitos. Y aunque un compositor pueda apoyarse en la IA para su legítimo desempeño, el mayor temor, y donde lo ético juega un papel primordial, es que dicha herramienta sea usada por desconocedores e improvisados. Al final, pienso, el público dirá la última palabra.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *