Patriotas cubanas:­­­ Manuela Cancino de Beola

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Por Gislania Tamayo Cedeño | 11 agosto, 2026 |
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Manuela Cancino de Beola nació en 1851 en Manzanillo. A los 18 años de edad se incorporó a la Guerra de los Diez Años, y en la manigua, en 1873, se casó con el Coronel y Diputado Pablo Beola, de cuyo matrimonio nacieron cuatro hijos, tres de los cuales murieron pequeños. En 1879, su esposo fue hecho prisionero y desterrado a España.

El padre, Juan Manuel Cancino, de una posición económica solvente, se trasladó conjuntamente con todas sus pertenencias y, acompañado por todos sus hijos a las estribaciones de la Sierra Maestra, donde alcanzó el grado de Coronel y pereció, al igual que su primogénito al poco tiempo de iniciada la Guerra del 68.

Sus tres hijas Manuela, Mercedes y Micaela también resistieron heroicamente los diez años de la contienda, en la que se distinguieron por la realización de diversas labores que comprendían: curar a los soldados heridos, coser a mano las prendas de vestir, elaborar alimentos.

Durante la permanencia de la familia Beola–Cancino en el campo insurrecto, se establecieron relaciones de amistad entre ella y el Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes,

En la epopeya de Yara. Manuela era maestra y a ratos hacía versos. Era realmente una poetisa inspirada. Después de aquella larga lucha, atendía una escuela en Campechuela, localidad cercana a Manzanillo.

Las autoridades españolas sabían que Manuela abrazaba la causa independentista, pero no fue esto lo que la llevo a la cárcel, si no la delación que le hiciera Filiberto Zayas, un cubano que se había alistado al cuerpo de voluntarios de España.

Este cortejaba a la hija de Manuela y ella le aconsejó acerca de la preferencia política del hombre lo que condujo a la ruptura de las relaciones amorosas entre su hija y el cubano traidor a la patria.

Filiberto Zayas ideó una venganza y delató a Manuela con las autoridades españolas, pues él sabía que la patriota había confeccionado una bandera cubana y se la había enviado al general Bartolomé Masó, como consecuencia de esto fue remitida a la casa de Las Recogidas en La Habana y de allí a la cárcel de mujeres en Isla de Pinos.

Cuando estalla la Guerra Chiquita, su esposo fue desterrado a España. Manuela quedó en la mayor miseria, acompañada solo por María que fue la única sobreviviente de sus cuatros hijos.

Conjuntamente con sus labores patrióticas y pedagógicas desarrolló también sus inquietudes literarias y periodísticas. En este sentido, escribió vibrantes artículos para el periódico mambí El Cubano Libre. Colaboró además, con El Triunfo de Manzanillo, cuya primera edición, correspondiente al 1877, fue acogida por ella de manera entusiasta, al expresar en ese primer número:

…Yo saludo, el advenimiento de un periódico con toda la efusión de mi corazón. Cada vez que veo plantar una nueva escuela tiene mi alma una alegría infinita… Guttemberg difunde con su poderosa creación la luz de las ideas y las trasmite a todos los tiempos.

En enero de 1900, enfermó gravemente. Falleció días después despojada de toda clase de recursos, muy pobre y dejó a su hija en la mayor miseria.

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