El que persevera triunfa: la carrera de resistencia de Anisleidis Ochoa, la Polaca

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Por Cubadebate | 26 septiembre, 2026 |
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Afuera del Estadio Panamericano el cielo está gris. Anisleidis Ochoa acaba de terminar el entrenamiento y todavía lleva la ropa ligera con la que salió a correr. Sonríe casi todo el tiempo. Cuando recuerda determinados momentos de su vida, sin embargo, hace pausas. Sobre todo, cuando aparece su familia.

Habla de las medallas, los récords, los entrenamientos y las competencias con la misma naturalidad con que cuenta que le gusta tomar café, estar con sus mascotas o regresar a Guantánamo para conversar con los vecinos.

Hay una frase que aparece varias veces durante la conversación. Se la enseñó su madre cuando Anisleidis estaba a punto de abandonar el atletismo: “El que persevera triunfa”

Años después, aquella frase parece resumir una carrera que comenzó casi por casualidad, pasó por un momento en que pensó que no tenía futuro y llegó hasta los Juegos Centroamericanos, donde consiguió dos medallas de oro, una de plata y un récord centroamericano.

Pero para ella, aquello ya quedó atrás.

“Ya se me olvidaron los Centroamericanos”, dice.

Y no es una manera de restarle importancia a lo conseguido. Es, quizás, la mejor manera de entender cómo piensa la atleta que hoy se prepara para el siguiente objetivo. “Ahora mi mente está enfocada en los próximos Panamericanos”.

La niña que quería jugar voleibol

Anisleidis es de Guantánamo. Cuando habla de su infancia, no comienza hablando de atletismo. Habla de voleibol. “Primeramente me gustaba mucho el voleibol. Ese era mi deporte preferido”.

Pero tenía una estatura pequeña y aquella posibilidad no llegó. El atletismo apareció de una manera casi accidental. En una de aquellas competencias entre escuelas, un entrenador la vio correr.

“Me dijo que, si quería ser atleta de atletismo y, como muchacha al fin, que le gusta el deporte, dije que sí sin saber qué era el atletismo”.

No sabía todavía que aquel “sí” terminaría convirtiéndose en una carrera deportiva.

Al principio solo estaba contenta de practicar un deporte. Después llegaron las competencias provinciales, los viajes, la posibilidad de representar a Guantánamo y, poco a poco, apareció otra idea.

“Me fui motivando mucho más. Recuerdo que cuando entré a esa pista me dio mucha alegría saber que estaba compitiendo, saber que iba a representar a una provincia que en un futuro podía representar a mi país”.

Aquella niña también tuvo algo que, con los años, considera fundamental: el respaldo de sus entrenadores.

“Esos son los mejores tiempos de mi vida, la niñez, esos tiempos de la escuela, de la EIDE, toda esa familia de atletas que teníamos. Ese apoyo que siempre tenían en mí, esa confianza que siempre tuvieron los entrenadores en la provincia en que yo iba a ser grande, en que yo iba a ser buena atleta”.

Y, hasta ahora, considera que no se equivocaron.

“Se está cumpliendo todo eso que ellos pensaron desde que empecé el deporte”.

Por eso, cuando habla de las competencias escolares, no lo hace únicamente desde el recuerdo personal. Anisleidis considera que esos espacios pueden marcar el comienzo de una carrera.

No sabe si actualmente se mantienen de la misma manera las competencias entre escuelas que ella vivió, pero sí defiende que los niños tengan oportunidades para practicar deporte.

“En todas las provincias, en todas las áreas hay un combinado deportivo, que es donde se captan a los atletas para participar en los pioneriles, en los nacionales y esos juegos. Es muy bueno porque motiva mucho a los niños a practicar deporte”.

Y añade: “Ojalá todos los niños pudieran practicar deporte y que los padres los apoyen a ser deportistas en estos tiempos”.

El apodo que hoy identifica a Anisleidis Ochoa nació mucho antes de sus récords y de las grandes competencias internacionales. Viene de quinto grado, cuando todavía era una niña que apenas comenzaba a descubrir el atletismo.

“Ese nombre me lo pusieron cuando fui a correr la prueba de Educación Física. Recuerdo que estaba en quinto grado”.

Un entrenador la vio y hizo una comparación que terminó acompañándola durante toda su carrera.

“Me dice: ‘No, ella es polaca’. En ese tiempo yo era chiquitica, tenía el pelo amarillo, parecía una extranjera y me pusieron así. Como era la más chiquitica y la más clarita fue que me pusieron ese nombre y hasta ahora me acompaña”.

Desde entonces, aquella niña de Guantánamo dejó de ser solamente Anisleidis para convertirse también en “la Polaca”. Un sobrenombre nacido de una ocurrencia de infancia que hoy aparece ligado a sus récords nacionales, sus medallas y a una carrera que todavía, según ella misma, está lejos de haber terminado.

“Yo pensé que no iba a correr más”

La historia de Anisleidis pudo haber terminado mucho antes de llegar a La Habana. Tenía 17 o 18 años y estaba a punto de comenzar la universidad. Había obtenido buenos resultados a nivel nacional, pero el fondo tenía poca presencia en el equipo nacional.

Ella no fue captada. Y tomó una decisión. Dejó de entrenar.

“Como yo veía que tenía tanto resultado a nivel nacional y no fui captada para venir para el equipo nacional, decidí dejar de entrenar”.

Fueron meses apartada del atletismo. La explicación era sencilla: no veía futuro.

“Yo pensé que no iba a correr más porque como no había atletas aquí yo dije: ‘No tiene futuro’”.

Había perdido la esperanza de llegar al equipo nacional. Ya tenía resultados en los Juegos Escolares y otras competencias, pero aquello no había sido suficiente para abrirle las puertas del alto rendimiento.

Entonces decidió concentrarse en la universidad. Hasta que llegó una solicitud a su provincia. Se preparaba un proyecto para recuperar las pruebas de fondo. Fue la oportunidad que no esperaba.

“Me embullaron de que viniera, que probara. Mi mamá también me insistió”.

Anisleidis no regresó con la certeza de que aquello funcionaría. “Realmente ya estaba completamente decepcionada de no entrenar más. No era que estaba tan motivada, pero bueno, vine a probar”.

Vino a La Habana junto a otro compañero de su provincia. Y empezó otra historia. “Dije: ‘Bueno, déjame intentarlo, a lo mejor logro mi sueño de llegar al equipo nacional’. Y se me dio esa oportunidad”.

Una vez dentro, la motivación fue creciendo. Ya no quería solamente estar en el equipo nacional. Quería que el fondo cubano creciera con ella.

“Empezaron a crecer más en mí las ganas de que yo quería sacar el fondo adelante, quería ser la mejor atleta de fondo, quería lograr medallas para este país que nunca se habían logrado en Juegos Centroamericanos”.

También aparecieron los récords nacionales. Y con ellos una exigencia que todavía conserva.

Correr 120 kilómetros a la semana

La vida de una fondista no se parece demasiado a la imagen romántica de una corredora llegando a la meta. Anisleidis habla de kilómetros, madrugadas, recuperación, alimentación y competencias. Puede hacer 20 kilómetros en una jornada, trabajos por intervalos, fuerza y llegar a unos 120 kilómetros semanales. Se levanta alrededor de las cinco de la mañana. Muchas veces, incluso antes.

“Muchas veces a las cuatro y pico para prepararme y venir a entrenar”.

Entrena todos los días. Algunas jornadas tienen doble sesión. Cuando termina por la mañana puede quedarse en la escuela para volver a entrenar por la tarde. Si no, regresa a casa.

“Todo el día estoy de aquí para allá y de allá para acá”.

Pero el volumen de entrenamiento no es la única dificultad. Anisleidis identifica varias limitaciones para la preparación de los fondistas cubanos. “No tenemos acceso a entrenar en bases de altura, que eso es fundamental para un fondista, porque eso te ayuda muchísimo, te desarrolla la capacidad”.

También habla de la falta de competencias. “Es muy complicado porque no tenemos muchas competencias, porque el fondo todavía no es un evento que apoyen mucho”.

Y después está la recuperación. Según explica, después de determinados entrenamientos no siempre logra recuperarse completamente antes de la siguiente sesión.

“Hay veces que yo entreno y no me recupero para el siguiente entrenamiento. Llevo dos días y no me he recuperado bien porque no le aporto al cuerpo lo que está gastando”.

Por eso insiste en la alimentación y en la necesidad de contar con suplementos y recuperantes. “Realmente gasto mucha energía y necesito alimentarme bien”.

La cuenta es sencilla y, al mismo tiempo, brutal: kilómetros, intensidad, fuerza, doble entrenamiento y otra vez kilómetros. “No es fácil que tú estés entrenando al día diario, hagas unos 20 kilómetros, luego otro día hagas tramos, fuerza y que a la semana hagas 120 kilómetros”Hay otra particularidad en su preparación. Anisleidis ha entrenado prácticamente sola durante dos años o más. Ahora tiene un compañero de equipo, pero durante buena parte de este período ha tenido que enfrentar los entrenamientos de fondo sin otra mujer que mantenga su mismo nivel. “Es bien complicado hacer esa cantidad de kilómetros sola, hacer los tramos que son bien exigentes”.

En competencias y entrenamientos dentro de Cuba tampoco encuentra siempre corredoras capaces de mantener su ritmo. Por eso muchas veces aparecen los hombres. “Muchas veces me he apoyado en los varones. A veces me ponen en los varones para que me ayuden”.

La razón es también competitiva. Para una fondista, explica, las marcas son esenciales para acceder a otras competencias y subir en los rankings. “Si no tenemos oportunidades de competir en otras competencias, no hay manera de hacer las marcas”.

En el fondo cubano, por eso, se ayudan entre todos. “Si no nos ayudamos entre nosotros mismos, ¿quién nos va a ayudar si no tenemos prácticamente casi competencia?”

Pero correr sola tiene un efecto adicional. La presión. “Yo siento que me presiono mucho más cuando corro sola que cuando corro con atletas de más nivel o menos nivel que yo”.

Porque siempre quiere mejorar. “Cada vez que corro aquí siempre quiero mejorar porque es para lo que estoy entrenando”.

Y no siempre el escenario ayuda. Habla del viento alrededor del estadio y de lo complicado que resulta mantener durante 5000 o 10 000 metros un ritmo constante sin otra corredora al lado. “En los eventos de fondo es bien complicado mantenerte el mismo ritmo tú sola ahí”.

Quizás uno de los rasgos más particulares de Anisleidis aparece cuando habla de sus propios récords. Tiene varias marcas nacionales. Recuerda que, cuando todavía no corría por debajo de los 16 minutos, se decía que debía llegar a 16:30. Lo consiguió.

Después quiso menos. Y siguió bajando.

Ahora tiene récords nacionales en diferentes pruebas, incluido el 3000 metros con obstáculos y los 10 000 metros, pero no los contempla como puntos finales. “Son tiempos que puedo superar”.

La razón es una sensación que aparece incluso después de los grandes resultados. “Ya la hice, todo el mundo contento, me felicitan: ‘Hiciste récord nacional’. Pero ya pasa una o dos horas y siento como que ya se olvidó, como que ese tiempo estuvo muy fácil para mí”.

Y vuelve a exigirse. “Siempre trato de exigirme mucho más y mucho más”.

Esa misma exigencia también tiene otra cara. Cuando entrena bien y el resultado no aparece, se preocupa. “Yo entreno para competir bien”.

Y cuando siente que no compitió como podía, duele. “Cuando lo hago mal me siento mal porque me paso todo el año entrenando y entrenando fuerte para un resultado”.

Por eso considera que necesita competencias de mayor nivel. Su entrenador Rafael Masvea comparte esa visión. “Él sí está contento y satisfecho con esa marca, pero yo digo: ‘Siempre quiero más’. Y al yo querer más, él también siempre quiere más porque sabe que lo podemos lograr”.

Para Anisleidis, bajar de 15 minutos es posible. Lo que ha faltado, dice, son las oportunidades de competir en pruebas con el nivel necesario para conseguirlo.

Bahamas, un desmayo y un Mundial inesperado

Su camino hacia el Mundial tampoco fue sencillo. Después de competir en Bahamas enfermó. “Me desmayé, que tuvieron que ponerme suero y todo”.

Dos días después recibió la noticia de que había clasificado al Mundial. “Eso fue un corre, corre”. No llegó en las condiciones que había imaginado. “Prácticamente no llegué en mi forma óptima”.

Pero participó. Y allí volvió a ocurrir algo que ya parece característico de su carrera: incluso sin estar satisfecha con su actuación, consiguió un récord nacional. “Corrí, hice récord nacional allá, pero esperaba haber corrido mejor porque había tenido un muy buen año”.

Aquel Mundial cumplió uno de sus sueños. Ahora queda otro. “Quiero cumplir mi sueño también de participar en unas Olimpiadas”.

Santo Domingo: tres carreras y una estrategia

Antes de los Juegos Centroamericanos, sin embargo, volvió a aparecer un problema de salud. Después de los Panamericanos sufrió una crisis de gastritis. Al regresar, las pruebas detectaron un virus en el estómago. Le quedaba aproximadamente un mes para la competencia. Pasó unos 15 días bajo un tratamiento fuerte.

“Tenía vómitos, tenía diarrea, tenía mareos”.

Era justamente el cierre del ciclo de preparación. Y Anisleidis tenía algo más complicado: se preparaba para tres eventos. “Como estaba entrenando para tres eventos, era más exigente, porque hacía más intensidad la semana”.

Los mareos llegaron incluso a los entrenamientos con obstáculos. “Por un momento pensé que no lo iba a lograr”.

Pero terminó el tratamiento y llegó a la competencia. “Pude aguantar las tres carreras y estoy supercontenta por ese resultado, a pesar de que esperaba que hubiera sido mucho mejor”.

En los 5000 metros la estrategia estaba clara. Las medallas eran la prioridad. “Lo principal eran las medallas. Por una parte, a veces no importaba la marca, pero era la medalla”.

No iba a desgastarse desde el principio si la carrera era lenta. Observó. “Siempre estuve pendiente a la respiración de las atletas, siempre estuve ahí, viendo si estaban cansadas o no”.

Cuando quedaron dos kilómetros, aceleró. “Ya cuando quedaban 2 km, apreté y fue que se dio el resultado”. El tiempo no fue el que esperaba.

Pero el plan sí funcionó. “Me desgasté lo menos posible porque el tiempo fue malo, pero ese era el objetivo de llegar bien a las otras dos carreras”.

Los 1500 metros tenían un significado especial. Era una prueba que siempre había querido correr y ese año tuvo la oportunidad. Había disputado un 1500 antes de los Centroamericanos. Inicialmente, aquella carrera tenía otro objetivo: ayudar a un compañero a conseguir la marca necesaria.

Anisleidis terminó haciendo 4:11 y se ubicó quinta en el ranking. Entonces pensó: “Bueno, si estoy ubicada en el ranking, ¿por qué no puedo correr tres eventos?”

Así llegó a una decisión que también requirió confianza de su entrenador. Iba a correr dos pruebas. Terminó corriendo tres. Y detrás de esa posibilidad estuvo nuevamente la colaboración entre atletas.

Los fondistas se ayudan porque necesitan marcas y porque las oportunidades de competir son limitadas. “Los entrenadores se ponen de acuerdo y nos ayudamos”.

Si una corredora necesita ritmo, pueden aparecer dos hombres de otro profesor. “Así es que nos vamos apoyando”.

No es un detalle menor para una atleta que ha tenido que entrenar buena parte de su carrera en soledad.

La última medalla fue especial. Era apenas su segunda o tercera competencia internacional en los 3000 metros con obstáculos. La anterior había terminado mal.

En los Panamericanos, la crisis de gastritis la obligó a detenerse cuando faltaban dos vueltas. En Santo Domingo, en cambio, tenía delante a atletas que ya la habían derrotado. “Llegar ahí con la campeona centroamericana ya era una motivación”.

También sabía que esperaban una medalla de oro de ella. “No podía quedar mal”.

Salió a buscar su carrera y, al mismo tiempo, una buena marca. Terminó consiguiendo el récord centroamericano. “Se dio el récord centroamericano y feliz por ese resultado”.

Dos oros, una plata y un récord. Pero lo más llamativo viene después.

Cuando le preguntamos por sus próximos objetivos, la respuesta sorprende. “Ya los Centroamericanos se cumplieron. Como que ya borraron, ya se me olvidaron los Centroamericanos”. Ahora piensa en los Panamericanos.

“Sé que van a venir más fuertes y eso me gusta porque sé que voy a tener buena rivalidad”.

Quiere más preparación y pide mayor apoyo de la Federación para llegar en mejores condiciones. Su objetivo está relacionado con el que considera el gran sueño pendiente. “Participar en los Juegos Olímpicos”.

Quiere llegar a ellos a través de una medalla de oro panamericana. Y tiene claro por qué esa meta la motiva tanto. “El que gane los Panamericanos le da clasificación a las Olimpiadas”.

La madre y el entrenador

En toda esta historia hay dos nombres que aparecen una y otra vez. Uno está lejos de las pistas. El otro está a su lado. Su madre fue quien le pidió que intentara una vez más cuando había decidido abandonar.

“Me dijo que yo no perdía nada, que lo intentara”. Y volvió a recordarle aquella frase: “Recuerda que el que persevera triunfa”.

Después le dijo algo todavía más importante: si no funcionaba, podía regresar a casa.

“Al final tú sabes que tu mamá siempre te va a apoyar. Te vayas o no, esa es tu decisión, pero yo siempre te voy a apoyar”.

Anisleidis recuerda también los sacrificios de su madre para que pudiera competir, prepararse y alimentarse adecuadamente. “Principalmente gracias a mi mamá estoy aquí hoy”.

Por eso, después de los Centroamericanos, volvió a decirlo.

“Te amo, mamá”.

No piensa dejar de agradecerle. “Todos estos resultados son para ella porque fue la primera que confió en mí, que me dijo que no me rindiera”.

Y luego está Rafael Masvea. “Prácticamente mi entrenador se ha convertido en mi padre”.

Su madre no está con ella en La Habana. Masvea sí.

Está en los entrenamientos, en los problemas, en las enfermedades y en las decepciones. “Siempre ha estado pendiente cuando hemos tenido algún problema, alguna molestia, alguna enfermedad”.

También es quien intenta devolverle la confianza cuando ella piensa en tirar la toalla. “Muchas veces le digo que no porque a veces me decepciono, porque espero que voy a una competencia, espero que voy a tener más oportunidades, me preparo para eso y no tener esas oportunidades”.

Entonces llega la respuesta del entrenador: “No te rindas, niña. Tú vas a ver que siempre vamos a lograrlo”.

Fue también quien confió en ella cuando comenzó aquel proyecto de recuperación del fondo. Y quien la convenció de correr tres eventos. “Si la atleta de Venezuela lo logró, ¿por qué tú no lo puedes lograr?”

Anisleidis no olvida ese apoyo. “A él también le voy a agradecer siempre todos esos resultados que yo tenga”.

La Polaca cuando no corre

Hay otra Anisleidis fuera de la pista. Cuando tiene oportunidad, regresa a Guantánamo. Allí están su familia, sus amistades y sus vecinos. “Cada vez que voy se sienten supercontentos, superorgullosos”.

Dice que es una persona muy familiar. Le gusta estar con sus amigos, conversar, tomar café y compartir con sus mascotas. También disfruta algunos momentos sola. Pero sobre todo disfruta regresar a casa. “Cuando viro regreso con más fuerza, con más motivación”.

El orgullo de los suyos, cuenta, le devuelve energía. Es probablemente la imagen más sencilla de toda la entrevista: después de semanas de entrenamiento, kilómetros y competencias, la corredora que vive en La Habana necesita regresar a Guantánamo para volver a cargar las baterías.

Cómo quiere que la recuerden

Anisleidis no menciona un referente cubano. Fuera de Cuba sí tiene uno. Sifan Hassan. La admira por su capacidad de competir desde los 1500 metros hasta el maratón.

“Me parezco en ella en algunas cosas porque ella corre desde los 1500 hasta los 42 kilómetros. No llego a los 42, pero sí corro desde 1500 hasta 21”.

Más que una referencia deportiva, la ve como una inspiración profesional. Ella quiere ser recordada de una manera parecida a como se define ahora. “Como la atleta carismática que soy, como la atleta competitiva que soy”.

Y hay otra palabra que considera indispensable. Disciplina. Para Anisleidis, el talento por sí solo no garantiza nada. “Si tú no eres disciplinado en los entrenamientos, puedes ser un talento, pero si no eres disciplinado no vas a ver el resultado”.

Lo dice desde su propia experiencia. Entrenar cuando hay ganas. Entrenar cuando no las hay. Entrenar cuando el cuerpo responde. Y también cuando parece que no responde.

Volver a mirar a aquella niña

Al final de la conversación regresamos al principio. A aquella niña de Guantánamo que quería ser voleibolista. A la muchacha de 25 años que entró al atletismo sin saber exactamente qué era. A la corredora que dejó de entrenar porque pensó que el fondo no tenía futuro.

—¿Qué le diría hoy?

— “Que estás logrando eso que tanto quisiste desde niña, estás logrando tu sueño”.

Y añadiría algo más:

“Que siga luchando por eso”.

Porque, dice, cada cosa que se propone intenta cumplirla.

A otras niñas de provincia que sueñan con llegar al equipo nacional les deja el mismo mensaje.

“Que no se rindan, que sigan luchando si ese es su sueño”.

Sabe que las condiciones son difíciles. “Yo sé que la juventud ahora está haciendo las cosas muy complicadas, está haciendo el deporte muy difícil aquí en Cuba últimamente”.

Pero insiste: “Si su sueño es ser atleta y llegar al equipo nacional y tener muy buenos resultados, que no se rindan y sigan luchando por ese sueño”.

Ella misma tuvo sus altas y sus bajas. Ella misma quiso renunciar. Y, sin embargo, continuó. Por eso, cuando le pedimos que resuma toda su carrera en una frase, no necesita pensarlo demasiado.

“El que persevera triunfa”

Hace poco volvió a mirar sus medallas y recordó sus primeros Juegos Centroamericanos en San Salvador. Cuarto lugar. Quinto lugar. Entonces aquellos resultados fueron considerados una buena actuación para una atleta que comenzaba su trayectoria internacional.

Ahora mira hacia atrás y compara. “Después de unos años, fui y cogí dos medallas de oro, una de plata y un récord centroamericano”. Y extrae de ahí una conclusión que no necesita que nadie le explique. “Es señal de que puedo lograr muchas cosas más en estos años que quedan”.

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