Rolando Javier Álvarez Pérez, ciencia y salud para amar

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Por Denia Fleitas Rosales | 6 agosto, 2026 |
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El médico manzanillero Rolando Javier Álvarez Pérez aspira a convertirse en uno de los Doctores en Ciencias Médicas más jóvenes de Cuba FOTO/ Denia Fleitas Rosales

Manzanillo.- La vocación humanista es el atributo predominante del joven doctor Rolando Javier Álvarez Pérez, un manzanillero cuyo valor se mide no por títulos, sino por la constancia y prominencia que otorga a la salud y al amor por sus semejantes.

La humildad se refleja en sus palabras y en la mirada, como narradora de una historia de entrega silenciosa durante seis años, que le permitieron experimentar la emoción de graduarse con título de oro, recibir la condición Mario Muñoz Monroy, el Premio al Mérito Científico, y distinguirse como vanguardia integral en investigación de la Facultad Celia Sánchez Manduley de Manzanillo, y en las áreas de Historia y ayudantía a escala universitaria, e integral en la carrera de Medicina y de la Universidad de Ciencias Médicas de Granma en el curso escolar 2025-2026.

Cual expresión de la formación integral, los logros hablan por sí mismos de un estudiante que decidió servir, investigar y dejar vestigios de consagración, liderazgo y sensibilidad. “El crecimiento inició desde primer año, guiado por los tutores, quienes con su haber paciente y a veces no tan paciente me guían con exigencia. Ha sido a nivel personal y profesional, porque los seis años no solamente fueron de estudio, sino también de trabajo y de investigación. He ha alcanzado una cierta madurez científica, la cual hay que seguir cultivando”.

El vínculo con la ciencia también nació desde los primeros pasos cuando se involucró voluntariamente en la ayudantía, y se reafirmó en el segundo año al integrar la cátedra de Anestesiología de Manzanillo. Cuenta, al recordar el principio de un camino de definición, que el trayecto lo llevó a la terapia neural para el tratamiento de las enfermedades dolorosas, crónicas no transmisibles y otros daños a la salud, una práctica poco extendida en Cuba, pero con fuerte tradición en el hospital provincial clínico quirúrgico docente Celia Sánchez Manduley.

“Nuestro hospital tiene esa particularidad,  que solo aplican los servicios de anestesiología de tres instituciones del país”, explica al referirse a la técnica que ha sido impulsada por maestros. Su voz expresa gratitud cuando les nombra: el doctor Carlos Modesto Tornés Salgado, el profesor Salvador Rosales Cambra y la doctora Melba Echevarría. “Gracias a ellos comencé trabajando en la clínica del dolor.

“En cuanto al crecimiento profesional y personal, me ayuda a adquirir nuevas habilidades, mayormente prácticas, también clínicas y diagnósticas, que es lo principal en nuestra profesión, como manera de mirar al otro con profundidad. No solamente ves al paciente con su dolor, sino que lo tienes que ver como un todo”, resume más allá de lo técnico.

Desde esta concepción explica que es un deber aprender a escuchar lo que el cuerpo calla, convencido de que un buen médico pregunta, observa, discierne. Durante la formación académica y científica aprendió lo necesario de “pulir habilidades de anamnesis y de examen físico”.

En las salas del hospital, entre pacientes y largas jornadas, descubrió que una lumbociatalgia no siempre nace donde duele. Que a veces una cicatriz antigua, casi olvidada, o una historia ginecológica pueden ser el origen de un sufrimiento que limita la vida. “Eso es lo principal de la medicina, en nuestra labor como médicos, poder hacer un diagnóstico correcto para tener un tratamiento correcto, que además te sensibiliza”.

Por ende, más allá del conocimiento, su paso por la investigación ha profundizado su sentido humano. Al hablar de las mujeres que sufren dolor crónico, el timbre agudo se vuelve más sereno y cercano. Reflexiona que “muchas veces no solamente afecta en lo personal, sino también en lo profesional. Al ayudar a reducir el dolor, estamos ayudando a esas mujeres a volver a incorporarse en su vida social, laboral. Además, promovemos soluciones a la impotencia funcional y a la institución médica”.

En ello reside el verdadero valor de la ciencia: mejorar la vida de las personas, expresa el también Premio Anual de Salud 2026 en investigación estudiantil; más que un logro personal, la demostración del interno vertical de anestesiología y reanimación, “es una puerta que se abre para otros”.

Álvarez Pérez prosigue el desafío que ahora traza la tesis doctoral. Es uno de los tres estudiantes cubanos del sector sanitario en tal proceso de formación científica, que le convertiría en uno de los Doctores en Ciencias Médicas más jóvenes

de Cuba. Disciplina y constancia le ayudarán, afirma a generar nuevas evidencias sobre tratamientos más eficaces y seguros para el dolor crónico por vía perineural.

En medio de un contexto que muchas veces desanima hacia el cansancio, la historia de Rolando Javier recuerda que es de valientes permanecer y servir. También así honra a “los médicos incansables que aman su profesión, cátedras en sí mismos, de quienes estaré agradecido porque me formaron con pasión, me enseñaron a amar la profesión y al prójimo como a mí mismo”.

De tal modo resume su paso inicial en el umbral de la medicina que, por encima de títulos, premios y aspiraciones científicas, es para el doctor Rolando Javier Álvarez Pérez una forma de amar.

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