Turismo mundial enfrenta peor crisis en años

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Por Prensa Latina (PL) | 17 abril, 2026 |
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Londres, – La crisis petrolera generada por la guerra en el Medio Oriente, hoy afecta de forma muy particular a la industria de los viajes debido al impacto en los medios de transporte.

Este criterio lo sustentan los principales medios y expertos del sector, y estudiosos de ONU Turismo.

La escalada del conflicto, sumada al cierre del estratégico estrecho de Ormuz y el consiguiente shock en los precios del petróleo, está provocando un terremoto sin precedentes en la industria turística global.

Según estimaciones del World Travel & Tourism Council (WTTC), la región está perdiendo aproximadamente 600 millones de dólares diarios debido a la caída de la confianza de los viajeros, la cancelación de vuelos y la interrupción operativa de aeropuertos clave.

El origen de la crisis se remonta a marzo pasado, cuando el cierre del estrecho de Ormuz provocó un aumento del 64 por ciento en el precio del crudo, según documenta un informe de Tourism Economics, firma vinculada a Oxford Economics.

Este shock energético ha golpeado con especial virulencia al sector aeronáutico: el precio del combustible de aviación se duplicó en cuestión de semanas, alcanzando un diferencial de refinación récord de 80 dólares por barril.

El impacto en los costos del combustible de aviación resulta más severo, explicó Stephen Rooney, economista líder de Tourism Economics y autor del informe.

El margen de refinación alcanzó un récord de 80 dólares por barril, duplicando los precios del combustible en semanas debido a la escasez de crudo del Golfo .

Las aerolíneas ya comenzaron a trasladar estos mayores costos a los pasajeros. Rooney advierte que se espera que las tarifas aéreas aumenten entre cinco y 10 por ciento, y ya están apareciendo recargos por combustible, aunque la débil demanda limitará cuánto puede trasladarse a los consumidores.

El análisis de Oxford Economics coincide: el incremento en los boletos es una realidad, pero la propia desaceleración de la demanda está poniendo un techo a esos aumentos.

El conflicto está reconfigurando los mapas de rutas aéreas. Alrededor de una quinta parte de la demanda de pasajeros entre Europa y Asia que tradicionalmente transita por centros de conexión en Dubái, Abu Dabi o Doha está ahora en riesgo, según el informe de Tourism Economics.

Los cierres de espacio aéreo están forzando a las aerolíneas a trazar rutas alternativas más largas, lo que incrementa aún más el consumo de combustible y los costos operativos.

El impacto en la industria de cruceros resultó de inmediato y dramático. Al menos seis buques de cuatro compañías diferentes quedaron atrapados en la región desde principios de marzo.

El caso más emblemático es el de Celestyal Cruises, forzado a cancelar todas sus salidas programadas para abril de 2026.

Sus dos buques, el Celestyal Discovery y el Celestyal Journey, permanecen varados en Dubái y Doha respectivamente, sin poder cruzar el estrecho de Ormuz para reposicionarse en el Mediterráneo.

Otras navieras siguen su ejemplo. Explora Journeys canceló toda su temporada de invierno 2026-2027 en Medio Oriente, redirigiendo sus buques hacia el Mediterráneo occidental y el norte de África.

MSC Cruises, por su parte, tuvo que fletar siete vuelos chárter y realizar cientos de reservas en vuelos comerciales para repatriar a mil 500 pasajeros que quedaron varados.

Las proyecciones para el sector turístico son preocupantes. El análisis de ICAEW (Instituto de Contadores Públicos de Inglaterra y Gales), elaborado en colaboración con Oxford Economics, estima que las llegadas de turistas internacionales a Medio Oriente podrían caer.

Y esa caída sería de entre un 11 y un 27 por ciento en términos interanuales, lo que se traduce en una pérdida de entre 23 y 38 millones de visitantes, y un desplome del gasto turístico de 34 mil a 56 mil millones de dólares.

Mientras tanto, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advirtió que el conflicto también está elevando los precios de los alimentos, ya que los combustibles más caros encarecen la producción y el transporte de fertilizantes y cultivos.

De esta suerte se añade una capa adicional de presión a la economía global que podría profundizar el declive del consumo turístico.

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