Vilo Acuña: Cae un hombre extrardinario

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Por Gislania Tamayo Cedeño | 31 agosto, 2026 |
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Este día, 31 de agosto del año 1967, hace 59 años cayó en una emboscada cuando cruzaba el Río Grande, en Bolivia, el grupo dirigido por el cubano Juan Vitalio Acuña Núñez.

Vilo en la Sierra Maestra, durante la guerra de liberación en el año 1958; Joaquín, en la gesta internacionalista boliviana.

En el libro “Seguidores de un sueño”, de Elsa Blaquier, se narran los acontecimientos del Río Grande: “El día 31 de agosto, a las cinco de la tarde, el grupo guerrillero comenzó la marcha con Braulio a la vanguardia. Ya anochecía cuando llegaron al recodo del río y la columna inició el cruce del vado. Joaquín fue el último en entrar al agua.

“Sin sospechar la traición de Honorato Rojas, el campesino que los guiaba, y con su acostumbrada amabilidad, se despidió de él, agradeciéndole la colaboración. Solo había avanzado unos metros cuando comenzó el tiroteo.

“Cuenta Paco que Joaquín es herido, pero logra salir del río. Caminaba con dificultad cuando lo vi caer…” “La playa del Río Grande quedó así teñida con la sangre de un hombre extraordinario.”

Con él cayeron Haydée Tamara Bunke Bider, Tania, la legendaria y audaz combatiente argentino-aleman;  Apolinar Aquino Quispe, Apolinario o Polo, valiente luchador descendiente de aymará;  Walter Arencibia, joven minero y comunista boliviano; Gustavo Machín, Alejandro, cubano con rica trayectoria en la lucha contra el dictador Fulgencio Batista, donde alcanzó el grado de Comandante, el más alto en el Ejército Rebelde.

También entregaron su vida en la emboscada Freddy Maymura, Ernesto, joven estudiante boliviano que en la selva de su país supo graduarse de médico y guerrillero; Israel Zayas, Braulio, veterano del Ejército Rebelde, muy activo y útil en la retaguardia comandada por Joaquín; y el médico peruano Restituto José Cabrera Flores, caracterizado por el Che como hombre íntegro y profesional ejemplar, sobreviviente de esta acción y asesinado tres días después cuando trataba de alejarse del lugar.

De Joaquín, el Che escribió en su cuaderno el 27de febrero de 1967: “Muy bueno. Sus funciones de segundo al mando no han sido ejercidas pero mantiene un gran espíritu en su grupo, como jefe de la retaguardia”

Sus cualidades de hombre valiente le permiten al Che dejarlo al frente de un grupo de combatientes entre los que se encontraba Tania la Guerrillera, encargándole, como en la Sierra Maestra, cuidar de los enfermos y de los cuatro hombres de la “resaca”.

El 17 de abril de 1967 el Guerrillero Heroico escribe en su diario:

“Mandé a buscar a los 4 rezagados para que se quedaran con Joaquín (Vilo Acuña) y a este le ordene hacer una exploración por la zona para impedir un movimiento excesivo y esperarnos durante tres días, al cabo de los cuales debe permanecer por la zona pero sin combatir frontalmente y esperarnos hasta el regreso”.

José Castillo Chávez, Paco, quien fuera uno de los hombres de la “resaca” y el único sobreviviente de la traicionera emboscada   del vado de Puerto Mauricio, califica a Joaquín como un hombre tranquilo, firme en las decisiones y principios, que respetaba mucho al Che, por eso pensó mucho antes de tomar la decisión de abandonar la zona donde había indicado el jefe guerrillero que permanecieran”.

Aquel hombre tenía un carácter típico del campesino cubano y sufrió mucho los últimos meses de la guerrilla por los pies, el único par de zapatos 44 que tenía se gastaron y se vio imposibilitado de conseguir otros porque ninguno le servía.

Andaba por los ríos descalzos kilómetros y kilómetros. El día 31 de agosto de 1967, a las cinco de la tarde, el grupo guerrillero comenzó la marcha con Braulio a la vanguardia, ya caía la noche cuando llegaron al recodo del río, la columna inició el cruce del vado y Joaquín (Vilo Acuña) fue el último combatiente en entrar al agua.

Sin sospechar la traición de Honorato Rojas, el campesino que los guiaba, y con su acostumbrada amabilidad se despidió de él, agradeciéndole su colaboración. Solamente había entrado al río unos metros cuando comenzó un tiroteo.

El entonces capitán del ejército boliviano Mario Vargas Salinas y sus soldados, quienes acechaban en la maleza, comenzaron a disparar desde ambas orillas.

El campesino, Honorato Rojas, se confabuló con el ejército para llevar a la muerte al segundo jefe del destacamento, comandante Juan Vitalio Acuña (Joaquín), con el grupo de la retaguardia que encabezaba.  El Che lo había catalogado desde hacía tiempo un “potencialmente peligroso”. Su evaluación resultó acertada.

Cuenta Paco que Joaquín es herido, pero logra salir del río: “Caminaba con dificultad cuando lo vi caer. Los soldados no dejaban de disparar por la espalda y el frente”.

La historia recoge la grandeza de esta proeza latinoamericana, ahí están el Che, Vilo, Tamara, Apolinar, Israel, Gustavo señalando el camino de esta América nuestra.

La playa del río Maisicuri quedó teñida con la sangre de un hombre extraordinario.

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