El caguairán que ilumina

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Por Yudelkis de la Hera Jeréz. | 26 noviembre, 2019 |
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FOTO/ Autor desconocido

Era una fría madrugada en el puerto de la Habana. El calendario marcaba el 4 de diciembre de 1899, aquel Angel recién llegado de la lejana Galicia cumplía ese día 24 años.

No imaginaba entonces el joven gallego que su misión en Cuba era la de plantar estrellas de luz que transformarían años más tarde el destino de la oprimida isla. Su apariencia de roble, sus ceñudas cejas temblaron de emoción ante la presencia de una hermosa muchacha llamada Lina.

Solo cuatro letras adornaban el nombre de aquella dama decidida, enérgica y delicada que daría a su existencia siete retoños de amor, respeto y lealtad infinita.

Y nació Fidel, fruto de esa unión, otra vez el calendario marcó la fecha, 13 de agosto de 1926. El sol se asomó indiscreto esa mañana para ver como brotaba aquel cubanísimo retoño de esbeltez de roble, amante de la justicia, de la historia y las leyendas.

Un infante inquieto que disfrutaba de igual modo las conversaciones con los ancianos, el juego con los hijos de los obreros de su padre allá en Birán, la lectura o el deporte. Y el roble creció, se multiplicó en cientos de cubanos que decidieron romper las cadenas de su amada Patria.

Su luz guió, dio aliento y esperanza. Y se abrieron las puertas de una Cuba nueva donde el pueblo es lo principal. Salud, educación, derechos femeninos, tierra para los campesinos, proyectos sociales que edificaron el camino de la Revolución.

Se multiplicó entonces el roble y sus ramas alcanzaron otras tierras. Su aroma invadió los sentidos de todas partes del mundo expandiendo pensamientos de justicia social y derechos para todos.

Y el mundo lloró aquel 25 de noviembre de 2016 cuando el roble partió al infinito. Muchos pensaron que sus ramas caerían desplomadas y quedaron boquiabiertos cuando desde todas partes del mundo escucharon un grito unánime que hacía temblar la tierra – Yo soy Fidel – se les oía decir a hombres, mujeres, jóvenes, niños y ancianos en diferentes lenguas.

No podían creer los infieles que aquel roble era aún más fuerte. Porque es eterno, porque es Cuba que se levanta cada día, porque nada ni nadie apagará el grito de su voz brotando como claro manantial en el corazón de todos. Porque simplemente Somos Continuidad y seguiremos Haciendo Cuba.

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