Elecciones en Cuba: La Revolución engendró la democracia

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Por Sara Sariol Sosa | 23 agosto, 2017 |
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FOTO/ Luis Carlos Palacios

El 16 de junio de 1900, se efectuaron en Cuba las primeras elecciones de alcaldes, concejales, tesoreros y jueces municipales y correccionales, para ejercer mandato hasta julio del siguiente año.

Reguladas por la orden militar número 164, firmada por el Brigadier General y jefe del Estado Mayor de los Estados Unidos, Adna R. Chafee, las mismas respondieron a requisitos con marcadas diferencias a los procesos realizados en estos años de revolución en el país.

La exclusión fue, sin dudas, la más significativa de esas diferencias, pues para votar era preciso ser varón natural de Cuba, o hijo de un natural del territorio nacido durante la residencia temporal de sus padres en el extranjero.

Solo podían ejercer el sufragio, por citar otra limitante, quienes supieran leer y escribir, o poseer bienes muebles o inmuebles por valor de 250 pesos en moneda estadounidense.

En un país donde la pobreza y el analfabetismo abundaba, y en nada le importaba al gobierno de turno solucionar tales problemas sociales, es lógico deducir, que un amplio porciento de habitantes no tuvo la posibilidad de participar en el proceso.

Ante el reclamo de patriotas e independentistas, de acceder a un sufragio universal, sin limitaciones, el gobernador militar, que tampoco estaba preocupado por las pobres o nulas disponibilidades de empleo para los sectores humildes, respondió:

“(…) Todo aquel que, al llegar a los 21 años, no ha tenido la laboriosidad suficiente para reunir 250 pesos, o no ha ido a defender su patria estando en guerra, es un elemento social que no merece se cuente con el para los fines colectivos; que no vote”.

En definitiva, solo pudo concurrir a las urnas el 14 por ciento de los habitantes con la edad requerida (21 años).

Mas, aún con esa manipulación, las elecciones fueron ganadas por las fuerzas partidarias de la independencia, por lo que el gobierno interventor de turno, y los que le sucedieron, decidieron plagar los sufragios siguientes de más y más arbitrariedades, como el ocultamiento de las listas de votantes, coacciones en el momento del sufragio, urnas robadas, boletas viajeras, compro de votos y otras tantas que no olvidan nuestros padres y abuelos.

Con el triunfo revolucionario, los cubanos dispusimos, entre tantas otras dignificaciones, del derecho, sin exclusión alguna, a elegir y ser elegidos como candidatos a delegados a las Asambleas municipales del gobierno.

En todo caso, la condición que se ha establecido, si así pudiera llamársele, es la de elegir el de mejores condiciones para representar al barrio, transmitir sus inquietudes e intereses a las superiores estructuras del gobierno, y movilizar a la comunidad en función de sus propias mejoras sociales.

Septiembre y octubre próximos, etapas para la nominación de candidatos y elección de los delegados a asambleas municipales del gobierno, serán testigos, nuevamente, de esa genuina democracia.

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