Rápidos y no furiosos

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Por Osviel Castro Medel | 4 mayo, 2017 |
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Juan Luis es uno de los jóvenes tabaqueros de la fábrica Manuel Alarcón

Los movimientos de sus dedos tienen una velocidad sorprendente. En un pestañazo pican, acomodan, embrollan, voltean… hacen.

Ninguno sobrepasa los 30 abriles y ninguno pensaba involucrarse en esas labores “rápidas y no furiosas” inherentes a los torcedores de tabaco, porque los cinco estudiaron carreras técnicas o vinculadas a otros oficios.

Los encontramos en un recorrido relámpago  por la fábrica bayamesa Mario Alarcón, encargada de comercializar la marca Moya, para el consumo nacional. Y a casi todos nos agradó ver, entre los 60 torcedores de esa entidad, a estos muchachos con la chaveta en mano, repletos de bríos y entusiasmo.

El más joven de todos es Juan Luis Infante Ortiz, de 24 años, y él mismo admite que en principio le costaba mucho trabajo terminar un tabaco. Hoy confecciona, como promedio, más de 300 unidades, al igual que sus compañeros.

“Voy a cumplir tres años aquí y me siento muy contento.  Pienso seguir superándome y llegar a los 500 tabacos diarios, que es una cifra de respeto”, comenta sonriendo.

Salvador González Verdecia, Ariel Belises Alcolea, Joan Alberto González Tamayo y Julio Valdés Pompa tienen “averages” parecidos. Y también se ríen cuando les preguntamos sobre récords en el torcido.

“En una ocasión hice 625 tabacos, pero fue en un maratón de más de ocho horas, quizás algún día de trabajo normal logre llegar a ese número, que no es fácil y al que han llegado muy pocos”, dice Ariel.

Para casi todos lo más difícil de esta labor consiste en colocar las distintas capas, aunque expresan que cada paso para confeccionar un “habano” tiene sus secretos. “Lo más importante está en hacer un trabajo de calidad,  que el tabaco guste. Sin embargo, a veces la materia prima no llega buena y no ayuda”, explica Julio, quien antes estuvo ligado a la carpintería.

Por su parte, Joan Alberto reconoce que su faena resulta cómoda, “a la sombra, sin tanto esfuerzo físico” y con un salario decoroso, pero en ocasiones creo que merecemos más de 600 pesos, como a veces sucede”.

Los cinco exponen que los torcedores de tabaco generalmente ganan en cultura por las constantes lecturas amplificadas que se hacen cada día en la fábrica.  Y los cinco ven en Pedro Milanés Serrano a un ejemplo, pues este hombre ya lleva 37 de sus 60 años en el oficio y parece no cansarse.

“Pensamos jubilarnos aquí, esto es bonito y te va enamorando”, manifiesta Juan Luis, al tiempo que inicia con la chaveta los cortes de una hoja que pronto se transformará, casi como en un acto de magia.

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