10 de octubre de 1868: las lecciones de Céspedes

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Por Aldo Daniel Naranjo (Historiador) | 12 octubre, 2026 |
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Cuando Carlos Manuel de Céspedes proclamó la independencia de Cuba y la acompañó de la liberación de sus esclavos, el 10 de octubre de 1868, hace 158 años, no solo cambió drásticamente su vida como hombre rico y culto sino la historia cubana alcanzó dimensión nacional.

El grito de La Demajagua, en Manzanillo, se expandió como un eco, despertando la colonia de un letargo de más de tres siglos y poniendo en pie de lucha a los bravíos y dignos amantes de su patria, la independencia, la justicia social y el humanismo.

Realizar el sueño anunciado por Bolívar de que “América no sería complemente libre sin quitarle las cadenas del coloniaje a Cuba” fue un hacer de aquel día auroral de la patria.

Por fin, Cuba ingresó en el ciclo de las revoluciones independentistas americanas, como bien se recogía en el Manifiesto de La Demajagua, con una “revolución nueva”, que otorgara a los cubanos su plena independencia y soberanía.

El carácter abolicionista del proyecto no tenía dudas. Una vez reunidos sus siervos, Céspedes les expresó:

“Ciudadanos: Hasta este momento habéis sido esclavos míos. Desde ahora, sois tan libres como yo. Cuba necesita de todos sus hijos para conquistar su independencia. Los que me quieran seguir que me sigan; los que se quieran quedar que se queden. ¡Todos seguirán tan libres como los demás!”

La resolución era un certero golpe de muerte de la esclavitud en Cuba, el acto de justicia y revolucionario más oportuno y necesario para corresponder al espíritu humanista de la gesta libertadora. Hacía manifiesto el deseo de incluir en la fragua de la cubanía a todos sus componentes sociales y étnicos, todos hermanados en el modo de ser social y político.

OBJETIVOS Y VALORES A ALCANZAR

Los objetivos estratégicos políticos, sociales, económicos y culturales quedaron trazados, en una especie de programa mínimo: los derechos humanos, la igualdad social, la abolición de la esclavitud, la autonomía de los ayuntamientos, la tolerancia, la reciprocidad comercial con otras naciones y la equidad, entre otras medidas.

En ellos no solo destaca la moral como reflexión sino como moral de lucha armada revolucionaria, como meta para el patriotismo militante, la unidad de la sociedad cubana y la cooperación entre los pueblos civilizados.

Acerca de la hazaña de La Demajagua expresó 20 años después José Martí: “Es preciso haberse echado alguna vez un pueblo a los hombros, para saber cuál fue la fortaleza del que, sin más armas que un bastón de carey con puño de oro, decidió, cara a cara de una nación implacable, quitarle para la libertad su posesión más infeliz, como quien quita a una tigresa su último cachorro”.

En los discursos de ese día Céspedes inculcó la fe en la victoria: “Desde luego, podemos conquistar la libertad empuñando las armas, ya que el país lo quiere y no faltarán rifles que traerán las expediciones”.

En la decisión no podía haber términos medios. Lo exteriorizó con palabras vigorosas: “¡Independencia o muerte! ¡Viva Cuba Libre!”

Desde ese mismo día estuvo presente el empeño de lograr que a la guerra le sucediera un estado de derecho, el cual debía convocar el pueblo a elecciones, regir el país mediante los poderes legislativos, ejecutivos y judiciales y expandir la democracia.

Como reto para lograr esos objetivos y valores esenciales se proyectó la necesidad  de animar los sentimientos patrióticos, la voluntad y la mente de los insumisos y rebeldes. Había llegado la hora de que hicieran suyo el arte de luchar y gobernarse por sí mismos.

La sensatez de organizar el poder revolucionario estuvo vinculada a los hombres más decididos y preclaros, críticos y creativos, surgidos del proceso conspirativo. Por eso, a nadie extrañó que a Carlos Manuel de Céspedes se le eligiera, en la junta revolucionaria de El Rosario, General en Jefe del Ejército Libertador y Encargado del Gobierno Provisional Revolucionario.

Lo mismo sucedió con Bartolomé de Jesús Masó elevado al rango de teniente general y segundo jefe del proyecto emancipador.

Pero, a la vez, Céspedes creó un Estado Mayor General con el teniente general Pedro Felipe Figueredo (Perucho) a la cabeza y una Junta Consultiva de Gobierno con Lucas del Castillo, Fernando Fornaris, Juan Antonio Téllez y Francisco Javier de Céspedes, para el diseño y control de la vida civil y administrativa.

Al mando de las divisiones y brigadas del Ejército Libertador se colocaron hombres bravos y leales a la causa como Jaime Santiesteban, Manuel de Jesús Calvar (Titá), Pedro María de Céspedes, Juan Hall, Francisco Vicente Aguilera, Donato del Mármol y Julio Grave de Peralta.

El mando centralizado no significaba un régimen autoritario sino un principio consustancial a toda guerra. Expresión del sentido democrático de la contienda que comenzaba era la elección de los jefes militares por decisión de las tropas.

Gracias a la firmeza y voluntad de lucha de Céspedes y sus cofrades en La Demajagua se logró poner en marcha la Revolución cubana y mantenerla enhiesta frente a la feroz ofensiva española.

CÉSPEDES Y LA EMANCIPACIÓN HUMANA

Es bueno tener presente e incluso profundizar en las lecciones que enarboló un líder como Céspedes, quien rechazaba el nepotismo, el regionalismo, las indisciplinas, la prepotencia y la guataquería.

No solo sirven para entender y actuar en razón de la emancipación humana y los grados de libertad de los ciudadanos, sino para diseñar un país republicano y democrático, una nación noble y trabajadora.

También contribuye a desentrañar lo que sus palabras tienen de ejemplar, de actos para pensar y de orgullo nacional.

En el seno de la generación del 68 existen pensamientos y métodos de luchas, cuya necesaria divulgación pone en evidencia una historia particularmente rica de un pueblo en lucha por todas sus libertades y potestades.

Sin dudas, el hombre de La Demajagua sembró con su ejemplo valores de patriotismo, responsabilidad, dignidad e intransigencia revolucionaria.

FUENTES: Miguel García Pavón: Ofrenda de cariño. El grito de Yara (1923); Carlos Manuel de Céspedes: Escritos (1974); y Eusebio Leal Spengler: Carlos Manuel de Céspedes. El diario de perdido (1993).

ANEXOS

Pie 1 Carlos Manuel de Céspedes fue el patriota insigne de la vanguardia revolucionaria

Pie 2 En el ingenio azucarero La Demajagua nació la independencia

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