
Yariuska Caridad Maceo Ramos ve en cada planta al nacer la determinación de un sueño que parecía esquivo. Con 16 años en el Instituto de Investigaciones Agropecuarias Jorge Dimitrov, de Granma, esta investigadora agregada en Ciencias Agrícolas, encarna la tenacidad de la mujer cubana, esa que se diversifica entre el laboratorio, el campo, la familia y los obstáculos, sin perder de vista sus metas.
Su historia no comenzó con una bata blanca, sino con las manos en la tierra. “Yo vengo de orígenes diferentes al resto de los investigadores”, confiesa con orgullo.
Inició su camino en la producción, y aunque al principio la ingeniería agrónoma no era su vocación, una tesis de grado en biotecnología le mostró un universo fascinante.
“Me gustaba esa investigación linda de batica blanca, tubitos de ensayo y ver que en pequeña miniatura crecía una vida”.
Pero la vida, como ella misma dice, “da muchas vueltas”.
Con un índice académico suficiente para dedicarse a la investigación, su trayectoria tomó un desvío inesperado hacia la agropecuaria militar, donde pasó dos años y medio, llegando a ser jefa de sanitario que lejos de ser una pausa, fue una escuela de disciplina y entrega.
Posteriormente en 2010 le abrieron las puertas del Dimitrov, pero no en el área investigativa, sino en capacitación. Allí, Yariuska descubrió su “segundo hobby”: educar.
Durante cinco años, organizó y dirigió la preparación del personal, sembrando conocimientos en otros, mientras una semilla seguía germinando en su interior: la de ser investigadora.
Armándose de valor, y compaginando el trabajo con cursos y posgrados, logró en 2015 presentar un expediente sólido y alcanzar la categoría de investigador agregado.
No fue un camino fácil. Enfrentó “muchos tronches, muchas trabas”, incluso, problemas de salud que frenaron proyectos personales, como la posibilidad de ser madre. Pero de esa pausa forzada, también supo extraer experiencia.
“Esta carrera tiene una virtud: tú piensas que no vas a trabajar, pero trabajas hasta en la casa. Todo el tiempo estás curioseando”, afirma con una sonrisa.
Su tenacidad hoy da frutos colectivos. Sus investigaciones en estudios varietales y bioinsumos promueven prácticas agroecológicas que reducen costos y sustituyen importaciones.
Un hito reciente es el Premio de Innovación por su trabajo con el cultivo de garbanzo, un esfuerzo multitudinario que ha logrado zonificar y establecer este cultivo en tres municipios de Granma (Cauto Cristo, Río Cauto y Bayamo), con la mira puesta en seguir creciendo.
“No hay mayor placer ni satisfacción más profunda que saber que tu trabajo diario, tu dedicación constante, permite que otros se forjen un futuro y se conviertan en la persona que desean ser”.
Esa sensación- considera- se multiplica cuando los ves tiempo después por la calle y sientes el orgullo de haber contribuido a su camino.
” La recompensa va más allá de lo personal: es también el reconocimiento social, la certeza de que tus logros trascienden y fortalecen el vínculo entre tu institución y la comunidad, contribuyendo a mejorar la vida de los demás.”
Y en ese “mejorar la vida de los demás” se entrelaza su vida personal. Enfrentando la pérdida de su padre y la imposibilidad de ser madre biológica, Yariuska ha construido un núcleo sólido con su madre, su esposo y su hermano, encontrando en un sobrino “la locura y la adoración” que la completa.
“Hoy, mientras aspira a convertirse en investigadora auxiliar y sueña con llevar sus proyectos más allá de las fronteras provinciales, Yariuska Maceo se erige como un ejemplo vivo de la resiliencia que caracteriza a la mujer. Es la personificación de cómo la pasión y la dedicación femenina han conquistado la ciencia con un único y noble propósito: perfeccionar la vida.”
