
En el oriente de Cuba, cuando se descorcha una botella de aliñao y el perfume dulzón de las frutas maceradas en alcohol se expande por la casa, trepa por las paredes y se impregna en la ropa, todos saben que es tiempo de fiesta.
Ese sabor azucarado que acaricia la boca y arde en la garganta guarda la memoria de alumbramientos felices y de celebraciones por los quince años, tradición heredada desde épocas de la Colonia y cultivada en Granma y Santiago de Cuba.
La receta, transmitida de generación en generación, se basa en la maceración de frutos tropicales como ciruelas chinas, pasas, uvas, papaya y piña, cocidas previamente en almíbar para ablandarlas y luego dejarlas en reposo hasta quedar “borrachas”.
Su origen se pierde en el tiempo, entre el siglo XVIII y XIX, cuando algunos lo asociaron al “ciruelón”, de Bayamo, y otros a la “agualoja aliñada” creada por esclavos, mezcla de especias y aguardiente que se convirtió en símbolo de resistencia y cultura.
Desde la noticia de un embarazo hasta la preparación de la canastilla, la bebida acompaña la espera y se mantiene en reposo durante nueve meses y madurando junto al nuevo ser.
Fernando Medina Pérez, tecnólogo de la Empresa de Bebidas y Refrescos (Ember) de Holguín, explicó que el aliñao es esencia pura y en él, la extracción de aromas frutales con alcohol, cocción paciente y reposo en recipientes de boca ancha, facilitan la obtención del dulce licor.
Muchos prefieren la damajuana, botellón de 10 litros donde se dosifica el alcohol y se mezclan tandas heredadas de padres y hermanos, que enriquecen cada nueva preparación.
“Tradicionalmente se enterraba, porque la tierra mantiene temperatura constante, aunque lo más común apunta a dejarlo en lugares frescos y oscuros”, puntualizó Medina.
Con el nacimiento llega la cata, un jolgorio familiar que se vuelve popular, en el cual abuelos, tíos, vecinos e invitados degustan el líquido ámbar y comparan su calidad con la de tandas anteriores, porque nunca una botella sabe igual a otra.
Si la recién llegada es una niña, parte del aliñao se guarda para la futura quinceañera o incluso para su boda, pues el tiempo resulta aliado de la bebida y la reserva de alcohol garantiza su longevidad.
“La verdadera calidad reside en el tiempo, que homogeniza los compuestos y crea el bouquet, esa percepción integral de aroma y gusto. Cuanto más madura, mejor es”, advirtió el experto.
En Holguín, la Ember defiende la tradición con la marca La Cigüeña, creada en 2021 con el objetivo de satisfacer la alta demanda popular y evocadora del mito infantil de los nacimientos.
El nombre y la imagen escogidos, inspirados en el ave que simboliza la llegada de los hijos, constituyen una alegoría a las celebraciones y los nuevos comienzos.
“Desde entonces hemos producido más de 15 mil cajas en formatos de 700 mililitros y un litro, consolidándose como alternativa accesible y valorada”, destacó Medina.
Hoy, en medio de precios elevados del azúcar, “La Cigüeña” representa una opción económica y segura para quienes desean acompañar sus festejos con esta bebida emblemática que alcanzó producciones de hasta 500 cajas mensuales bajo estricto control de calidad.
Entrelazado con las raíces de la cultura oriental, el aliñao se transmite como receta familiar y símbolo de un pueblo que celebra con cada descorche la llegada de sus descendientes, mientras la cigüeña, convertida en marca y mito, sigue sobrevolando la memoria colectiva.
