La zafra también tiene rostro

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Por Yoenis Pompa Silva | 6 mayo, 2026 |
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FOTO / Yoenis Pompa Silva

“Llevo más de 40 años en este trabajo”, la voz de Enrique Villa Ferales resume la constancia de un operador de combinada de caña, que ha hecho de la zafra su vida, primero con las viejas KTP-1 y KTP-2, y hoy con equipos de nueva tecnología en el Central azucarero Arquímedes Colina, en la comunidad bayamesa de Mabay.

“Nosotros comenzamos con las primeras máquinas cosechables de caña,” recordó al destacar la evolución técnica de una labor que, asegura, ha sido también una escuela de vida.

Según explicó, las antiguas máquinas marcaron una etapa de aprendizaje, pero la nueva tecnología ha traído mayor comodidad, protección y eficiencia para el operario.

Su jornada comienza en horas de la madrugada, cuando se alista para salir al campo.

“Trabajamos 24 horas, divididas en tres turnos de ocho horas, lo que exige disciplina, resistencia y entrega cotidiana frente al sol, la lluvia y el sereno.

“Muchos sacrificios y esfuerzos, pero con todas las dificultades hemos ido trabajando y cumpliendo con lo que tenemos que hacer”, afirma.

Aunque el oficio implica desgaste físico y exposición a condiciones adversas, Villa Ferales asegura, que ha podido mantenerse a pesar de las complejidades que enfrenta el sector azucarero con la escases de combustibles y recursos.

Reconoció que, ante las limitaciones materiales, han debido hacer adaptaciones e inventivas para mantener la maquinaria en funcionamiento, lo que exige un constante estudio de sus partes y piezas.

“La cosecha no espera”, insiste.

Por otro lado valoró la preparación recibida en seminarios impartidos en Holguín y Santiago de Cuba, que le permitieron dominar las nuevas tecnologías, incorporadas al sector azucarero.

“Al principio pensé que no iba poder trabajar con la novedosa técnica,  pero siempre se puede lograr lo que uno se proponga, siempre que amemos lo que hacemos”, refiere.

La permanencia en su labor  le ha permitido ver pasar varias generaciones.

“Muchos de los niños que alguna vez, aquellas máquinas viejas y ruidosas despertaron su curiosidad infantil,  hoy nos dirigen, por lo que me siento satisfecho de haber contribuido a su formación profesional”, subraya.

En el plano familiar, Villa Ferales destacó  que la esposa desempeña un papel esencial en la organización del hogar y en su trabajo, pues al llegar de su faena, ella lo atiende como el primer día en que se conocieron.

Tiene cinco hijos, 14 nietos y un bisnieto, y destaca que uno de sus hijos trabaja con él como segundo operador de la misma combinada, mientras otro labora en otro puesto en el gremio azucarero.

Al referirse a las nuevas amenazas por el imperio yanqui,  subrayó que la patria también se defiende con el trabajo y el sacrificio, pero que está dispuesto a cambiar su rutina productiva por la trinchera en el campo de batalla.

La historia de Enrique Villa Ferales refleja la constancia de un oficio que combina, aprendizaje y resistencia ante los desafíos. Su testimonio coloca en primer plano el valor de quienes sostienen la zafra cubana.

 

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