Fidel, eternamente nuestro

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Por Aldo Daniel Naranjo (Historiador) | 9 mayo, 2026 |
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El papel de Celia Sánchez Manduley fue decisivo en los preparativos para la recepción de la expedición del yate Granma por la costa sur de Oriente, el 2 de diciembre de 1956.

Pero todavía Fidel Castro no la conocía personalmente. No quiso que fuera a México, como era el deseo de ella, a causa de su gran valía en la conspiración antibatistiana en la antigua provincia de Oriente.

Muy importantes fueron sus vínculos en Manzanillo  con Manuel Echeverría Martínez, líder del Movimiento 26 de Julio (M-26-7), y con Frank País García, José Tey (Pepito) y Arturo Duque de Estrada,en la ciudad de Santiago de Cuba, dirigentes de connotación provincial.

Pero esos contactos los fue ampliando cuando Echevarría tuvo que partir hacia México recayendo en ellas las tareas principales de coordinadora en Pilón, Niquero, Media Luna, Campechuela y Manzanillo. Además realizaba frecuentes viajes a Bayamo, Holguín y La Habana, adonde llevaba orientaciones decisivas para las futuras acciones subversivas.

Desde noviembre de 1955, Fidel y Frank proyectaron utilizar las costas sur de Cuba como posible punto de arribo de la expedición militar, como había sucedido en la epopeya independentista. A su favor tendrían los expedicionarios las proximidades de las montañas de la Sierra Maestra como primer escenario de la guerra irregular.

Desde el punto de vista territorial era una orografía de difícil acceso y apartado; un territorio prácticamente olvidado por los gobernantes desde los puntos de vistas político y social; en el orden humano, contaba con una considerable masa campesina expoliada por los terratenientes,  dispuestas a luchar por sus reivindicaciones económicas y sociales.

En enero de 1955, llegaron hasta su casa en Pilón Frank País, Pedro Miret Prieto, Manuel Echeverría y Andrés Luján Vázquez, con los propósitos de explotar la zona y ultimar detalles para la espera de Fidel y sus hombres.

Durante todo 1956 Celia emprendió una colosal tarea de creación y fortalecimiento la red de apoyo humano ylogístico al futuro desembarco.

Por fin, la emoción del encuentro personal entre Fidel y Celia se produjo el 16 de febrero de 1957, en la mañana, en la finca Los Chorros, propiedad Epifanio Díaz Gómez, en la precordillera norte de la Sierra Maestra.

El líder de la Revolución había citado para allí a Frank País, Vilma Espín, Celia Sánchez, Armado Hart y Faustino Pérez con la finalidad de garantizar un apoyo más sostenido a la guerrilla en hombres, armas y medicinas, entre otros recursos indispensables.

Desde ese momento la misión de Celia consistió en crear condiciones para resguardar y enviar a la Sierra Maestra, con todas las garantías posibles, los refuerzos de hombres y pertrechos militares.

Una vez más ella supo crecerse ante las dificultades, garantizado no solo la supervivencia del foco guerrillero, sino la vitalidad de la vanguardia armada de la Revolución.

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