
Para comprender las limitaciones de los parques fotovoltaicos, hay que partir de una verdad incómoda: la energía solar es, por naturaleza, inestable. La producción de electricidad no es constante. Depende de factores climáticos —la posición del sol, la nubosidad, la estación del año— lo que provoca inevitables altibajos durante el día y exige soluciones de almacenamiento para garantizar un suministro continuo.
La primera es la intermitencia natural. La generación fotovoltaica sube y baja dependiendo de la hora del día, la estación y la cobertura de nubes. Un banco de nubes que cruza sobre el parque La Sabana, en Bayamo, puede reducir en cuestión de minutos varios megawatts de generación que el sistema ya contaba como disponibles.
La segunda es la incapacidad de referencia de energía del SEN. A diferencia de las plantas termoeléctricas, la energía solar no se puede “encender” a voluntad para responder a un pico de demanda. Necesita de inyección de potencia externa —energía de la propia red— para activar sus inversores y comenzar a generar. Sin esa “chispa inicial”, el parque no arranca, por muy soleado que esté el cielo.
Este último punto es crucial para entender el panorama en Granma: cuando el SEN colapsa o la frecuencia de la red cae por debajo de los umbrales mínimos —algo que ocurre con preocupante regularidad durante las horas de máxima demanda—, los inversores de los parques fotovoltaicos se desconectan automáticamente como medida de protección. Es decir, precisamente cuando más se les necesita, las condiciones de la red no permiten que operen. No es un fallo de los parques: es la lógica del sistema.
Las soluciones existen, pero toman tiempo.
Para sortear la inestabilidad propia de la generación solar y asegurar una red eléctrica más robusta, la ciencia y la ingeniería ofrecen dos caminos principales. El primero son los sistemas de acumulación por baterías, que almacenan el excedente de energía durante las horas de mayor irradiación solar, que serán utilizadas para estabilizar la generación fotovoltaica con sus variaciones de frecuencia en la red. En Cuba, solo cuatro instalaciones contaran con sistemas de respaldo de este tipo: en Bayamo, Granma; en la Universidad Tecnológica de La Habana; y en Cueto, Holguín, con un total de 50 MW de respaldo en la primera etapa para un total de 200 MW.
Que Granma sea una de esas cuatro provincias no es casualidad: es reconocimiento a su peso estratégico en el esquema energético nacional. El parque Las Villegas, en Guisa, es precisamente el primero en el territorio granmense equipado para acumular energía mediante baterías, y su entrada en operación en abril de 2026 marca un punto de inflexión. Con la entrada de los sistemas de baterías, algunos parques solares posibilitarán estabilizar la frecuencia de la red, para una operación menos vulnerable del Sistema Electroenergético Nacional
El segundo camino son los inversores inteligentes y la electrónica de potencia: sistemas modernos capaces de regular las fluctuaciones de voltaje y frecuencia antes de inyectar la energía a la red, haciéndola compatible con las exigencias técnicas del SEN. Su incorporación progresiva a los nuevos parques representa una mejora cualitativa respecto a las instalaciones más antiguas.
Granma en isla energética: un anticipo del futuro
Un episodio reciente ilustra el potencial que aguarda a la provincia si se consolidan estas inversiones. Durante el paso del huracán Melissa, Granma logró operar en “isla energética “gracias a la generación distribuida, abasteciendo servicios esenciales de manera autónoma, sin depender del tendido nacional. El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy,destacó ese hecho como impulso para repensar el diseño regional del sistema eléctrico cubano.
La imagen vale más que mil estadísticas: una provincia que genera su propia electricidad, que almacena lo que produce y que puede sostenerse en momentos de crisis es exactamente hacia donde apunta la transición energética que Cuba necesita. El camino es largo y los obstáculos son reales —técnicos, financieros, logísticos—a raíz del bloque y embargo que sostiene el Gobierno de Estados Unidos de América sobre nuestro país. Pero Granma ya tiene los cimientos. El reto ahora es sostener el ritmo, sumar más capacidad de almacenamiento, y, sobre todo, explicarle a cada ciudadano que la energía solar no es magia: es ciencia, paciencia y planificación.
