
Desde que comenzó el siglo que corre, por la Casa Blanca han pasado cinco presidentes: Bill Clinton, George W. Buch, Barack Obama, Donald Trump (primera y actual temporada) y Joseph Biden. En cada uno de estos mandatos, con alternancia entre demócratas y republicanos, ha sido una constante la agresión armada a países soberanos.
Si hablamos del año 2000 hasta la fecha, Clinton parecería el «mejor parado», pero tomando en cuenta que su administración comenzó en 1993, su hoja de servicios no se salva de bombardeos en Somalia (1993), Bosnia (1994, 1995), Sudán (1998), Afganistán (1998), Iraq y su operación «Zorro del Desierto» (1998), además de lo que en 1999 quedaba de Yugoslavia.
Por su parte, George Buch también tuvo una larga lista de agresiones militares a las que no valdría la pena encuadrar en fecha, pues la mayoría se mantuvieron durante todo su ejercicio presidencial.
Afganistán e Iraq sufrieron agresión y ocupación de forma continuada, en tanto Pakistán fue agredida de 2004 en adelante. En 2002 fue bombardeada Yemen y, entre 2007 y 2008, Somalia.
Con Obama prosiguió el asedio a los territorios afganos, iraquíes y pakistaníes y se sumó a la lista de blancos para bombarderos y drones Libia, a partir de 2011, y Siria, desde 2014. En ambos casos, al producirse el tan trabajado «cambio de régimen», se transmutó la bandera nacional.
Asimismo, se comenzó a bombardear, ya no de forma aislada sino sistémica, Yemen y Somalia.
Durante el primer mandato de Donald Trump, a partir de 2017, los «ejercicios» militares de Estados Unidos prosiguieron en los países antes mencionados, aunque Pakistán dejó de ser bombardeada en 2018 y Libia en 2019.
Biden mantuvo intacto el tablero militar, con la «medalla» de haber abandonado Afganistán en 2022, dejando al Talibán en el poder.
El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca desde 2025 ha estado marcado por un incremento del área de conflicto armado con presencia y protagonismo estadounidense, con agresiones militares a Venezuela, Irán y bombardeos en suelo nigeriano.
No pueden quedar fuera del recuento los territorios agredidos militarmente por Israel, en la misma lógica de poder e influencia que Washington, y con el apoyo político, logístico y militar de este: Palestina, Líbano, Qatar…
Los datos mostrados hasta acá, evidencian que, si bien cada administración estadounidense cuenta con sus particularidades, la política exterior de las cañoneras –de portaviones a día de hoy– no es una singularidad personal o partidista, sino una línea estratégica del Estado profundo, fuertemente influenciada por actores por los que nadie vota, ni dentro ni fuera de Estados Unidos, desde compañías de armamento, hasta de tecnología, pasando por petroleras.
Ningunas de las mencionadas agresiones militares han sido huérfanas. Siempre fueron y son precedidas por fuertes campañas mediáticas, cercos económicos y políticos.
En todas se ha mentado, de formas más o menos burdas, el libreto de los derechos humanos y la lucha contra el terrorismo, incluso la presunta guerra contra el narcotráfico. En ninguno de los países agredidos al día de hoy hay menos drogas, menos «terrorismo», ni más derechos. Al respecto ahondaremos en próximas entregas.
