Discurso pronunciado por Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, en la clausura de la Tercera Sesión Extraordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular en su X Legislatura, en el Palacio de Convenciones, el 18 de junio de 2026, “Año del Centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz”.

(Versiones Taquigráficas – Presidencia de la República)
Querido General de Ejército Raúl Castro Ruz, líder de la Revolución Cubana;
Queridas diputadas y diputados;
Compañero Lazo, Presidente de la Asamblea Nacional;
Compatriotas:
Las ideas que voy a expresar, como conclusiones de esta Sesión Extraordinaria de nuestro Parlamento, van fundamentalmente dirigidas al heroico pueblo cubano, del cual venimos y al cual todos los presentes tenemos el deber y el honor de representar.
Cuba, nuestra amada Cuba, vive las horas más difíciles de este siglo y tenemos la histórica responsabilidad de salvarla.
El concepto de Revolución que el Comandante en Jefe nos legó, en sus propias palabras, sigue increpándonos veintiséis años después: Es tiempo de cambiar todo lo que tiene que ser cambiado.
No se trata solo de romper el cerco de quienes se empeñan en asfixiarnos y lo confiesan sin ningún escrúpulo, al mismo tiempo que nos culpan cínicamente de la crisis que ese propio cerco provoca.
Se trata de enfrentar las consecuencias del descomunal caos generado a nivel mundial por absurdas guerras de conquista, el quiebre del multilateralismo y las leyes internacionales y el manejo fraudulento y arbitrario del sistema financiero internacional como arma política.
Con plena conciencia del momento que vivimos y con el respeto que merece cada cubana y cada cubano que está dando su extra en estos tiempos complejos, no podemos pensar y actuar como en tiempos normales, porque no son tiempos normales.
Tampoco podemos creer que haciendo lo mismo y de la misma manera podremos superar este difícil momento.
Cuba resiste heroica y creativamente un castigo bárbaro, inmerecido, insoportable, al que ahora se añade la amenaza de agresión militar y siempre la mentira, todo dentro de un conjunto que opera como arma estratégica contra la resistencia colectiva.
La dura realidad que nos impone este castigo colectivo en la economía, la sociedad y la familia cubana se deriva de una persecución financiera real, diaria, que obstaculiza y encarece al máximo cada gota de combustible, cada medicamento, cada producto alimenticio, cada pieza y cada tecnología que el país necesita.
Y cuando la vida del pueblo se vuelve tan dura, el primer deber del Partido, del Gobierno revolucionario y de este Parlamento nacido del pueblo, por el pueblo y para el pueblo es cambiar todo lo que haya que cambiar para salir adelante.
Hoy estamos reunidos en Sesión extraordinaria por razones de fuerza mayor. La realidad nos impone cambios urgentes necesarios, pero ninguno será implementado sin contar con la aprobación de esta magna representación del pueblo de Cuba: la digna Asamblea Nacional del Poder Popular, con sus obreros, sus campesinos, sus científicos, sus intelectuales, artistas, deportistas y estudiantes, sencillamente como pueblo y con nuestro color cubano.
Hace unos días declaré a la prensa que discutiríamos estos cambios en el Comité Central de nuestro Partido y en la Asamblea Nacional, y algunos dejaron comentarios en las redes sobre el riesgo de que diluyéramos la urgencia que la situación demanda en nuevos procesos de consulta y discusión.
El modo expedito en que las propuestas se discutieron y aprobaron en apenas dos días, en ambas instancias, debe haber disipado esas legítimas dudas.
En primer lugar porque no hemos partido de cero. Todo lo aprobado hoy llegó aquí con el respaldo de sucesivos análisis, debates, acuerdos, lineamientos, conceptualizaciones, congresos del Partido y programas de Gobierno. Lo que hacemos es saldar una deuda con nuestras propias decisiones anteriores, pendientes de ejecutarse y algunas nuevas que, como hemos visto, para nada contradicen la letra y el espíritu de la Constitución.
Ya en la clausura del XI Pleno quedó claro que la posposición del Congreso no significaba retardar cambios, modificaciones y movimientos necesarios, en tanto forma parte de las facultades de los plenos del Comité Central cuando se trate de acuerdos adoptados por los congresos del Partido y también de este Parlamento cuando se trate de acuerdos que tienen que ver con la nación.
En sintonía con ello y como nos recordaba el compañero José Luis Toledo, secretario de la Asamblea Nacional y uno de los diputados con mayor experiencia en la actividad legislativa del país, por sus largos años al frente de la Comisión de Asuntos Constitucionales y Jurídicos, el General de Ejército y líder de la Revolución Cubana, Raúl Castro Ruz, fue celoso guardián y guía del intenso proceso que dio lugar a la Constitución aprobada en 2019, orientando de forma constante que nuestra Ley de Leyes fuera suficientemente flexible para facilitar las seguras modificaciones que demandaría con el tiempo.
Hoy se ha verificado la trascendencia de esa orientación con visión de futuro.
En el Pleno Extraordinario que antecedió a esta sesión de la Asamblea Nacional, se coincidió en reconocer que si bien el pueblo conoce las causas objetivas de las dificultades que vivimos, siempre necesitará y demandará, con derecho de soberano, respuestas concretas, decisiones oportunas y resultados que empiecen a brindar alivio a esa crudeza de la vida cotidiana, signada por los largos apagones que provoca el bloqueo energético y de los que se derivan otras muchas dificultades y carencias.
Nadie mínimamente informado desconoce el plan de asfixia que se diseñó para Cuba y que se viene aplicando con regularidad y saña por los enemigos históricos de la Revolución para que el país estalle por dentro. Es algo que no puede dejar de decirse cada vez que se mencionen los apagones, porque detrás de la siempre insuficiente generación que se logra, sin que entre un barco de combustible al país, está el descomunal esfuerzo, el heroico aporte de los cuadros y trabajadores del sector electroenergético (Aplausos).
Volviendo al motivo de esta reunión extraordinaria, evitaré reiterar lo que dijimos ayer en el Pleno del Comité Central, que ha sido bastante difundido por los medios y las redes en las últimas horas, y donde desarrollamos más exhaustivamente un grupo de criterios sobre cada uno de los aspectos que contemplan las transformaciones.
Ahora me limitaré a insistir en algunos objetivos centrales de las medidas aprobadas, porque necesitamos que todos y cada uno de nosotros los hagamos nuestros, que como pueblo los hagamos nuestros, porque son transformaciones para rectificar, pero siempre en defensa del socialismo, para sostener y ampliar la justicia social conquistada, para crear riqueza económica y distribuir con equidad.
Primero, los que no pueden esperar:
Se implementarán acciones para evitar que se acrecienten las desigualdades, con la aplicación de políticas sociales que favorezcan la equidad y apoyen a los que presentan situaciones de vulnerabilidad, con una distribución justa de los tributos para desarrollar programas sociales.
La alimentación del pueblo cubano será tratada como un asunto de seguridad nacional, y tendremos que acabar con las tierras ociosas en Cuba.
Cada pedazo de tierra que hoy está cubierto de marabú, cuando debería estar produciendo alimentos, tendrá que tener una respuesta clara: o se pone a producir, o se entrega a quien esté dispuesto a hacerlo.
Recuperar la capacidad energética:
Hay medidas concretas para recuperar capacidad energética, reducir dependencia externa y acelerar soluciones descentralizadas, acelerando la incorporación de la energía solar y otras fuentes renovables de energía a la economía nacional. Para lograrlo, facilitaremos la entrada directa de empresas extranjeras que suministren paneles, baterías, inversores, soluciones asociadas, reduciendo intermediarios que encarecen los costos para la población y para el país.
Ya se eliminaron aranceles a la importación de tecnologías solares, sistemas de almacenamiento y equipos destinados al ahorro energético. Ahora avanzaremos también en la eliminación de impuestos sobre su venta y sobre los servicios vinculados a su instalación y mantenimiento. Además, crearemos mecanismos de crédito y financiamiento para que estas soluciones no sean accesibles solo a unos pocos, sino que puedan llegar progresivamente a los hogares, las mipymes, las escuelas, los consultorios médicos, los hogares de ancianos y otros servicios esenciales.
Ordenar mejor el acceso al combustible:
Hemos autorizado la comercialización de combustibles por formas de gestión no estatal, bajo regulación y control del Estado, y con márgenes de utilidad razonables y transparentes. Ya existen experiencias iniciales con puntos de venta de gas licuado y combustibles y pagos mediante plataformas digitales, que evaluaremos y ampliaremos allí donde muestren eficiencia, transparencia y beneficio para la población.
El objetivo no es retirar al Estado de un sector estratégico, sino sumar capacidades, ordenar la distribución y mejorar el acceso. Y quiero decirlo con claridad: esta decisión responde a una necesidad concreta del momento que vive el país, pero quienes inviertan, trabajen con seriedad y cumplan las reglas, tendrán seguridad y estabilidad. Cuando el país recupere mayores capacidades, respetaremos las inversiones realizadas y los proyectos que hayan demostrado utilidad para Cuba y para su pueblo.
Subsidiar personas, no productos:
Vamos a concentrar cada peso que tenemos en quien de verdad lo necesita. A los probadamente vulnerables, protección directa en su bolsillo, sin intermediarios.
Modernizar el sistema bancario y financiero:
Necesitamos bancos más ágiles, más digitales, más cercanos a la gente y más útiles a quienes producen, exportan, importan, invierten o emprenden, abriendo espacio, bajo regulación estricta, a instituciones financieras estatales, privadas y extranjeras.
El objetivo es que cobrar una pensión, recibir una remesa del exterior, pagar un servicio, pedir un crédito, financiar una cosecha, comprar un equipo o mover dinero para producir no sea una carrera de obstáculos.
Autonomía a la empresa estatal:
Para que la empresa estatal socialista siga siendo el pilar fundamental de nuestra economía debe contar con capacidad real para gestionar, innovar y responder por los resultados. Más autonomía real para las empresas exige una gestión más profesional de los activos del Estado, que estará a cargo del Instituto Nacional de Activos Empresariales, encargado de representar al dueño de los medios de producción, evaluar resultados, exigir eficiencia y separar mejor la función empresarial de la función regulatoria de los ministerios.
Inversión extranjera directa en el sector privado cubano:
Todo ciudadano cubano residente en Cuba o en el exterior que esté interesado en invertir, donar, aportar tecnología, abrir un mercado o levantar un proyecto en el país contará con un marco claro, estable y respetuoso, al igual que los inversionistas extranjeros.
Repito lo que dije en el Pleno: al que quiera construir con Cuba, sin pretender imponerle nada a Cuba, le decimos esta noche con el corazón en la mano: aquí tienes tu casa y aquí tienes la puerta abierta (Aplausos), porque a esta patria, en esta hora, no le sobra ningún cubano, ¡nos hacen falta todos! (Aplausos.)
Garantizar proyectos de vida dentro de Cuba:
No podemos normalizar la alta emigración de jóvenes. El futuro de Cuba depende de que seamos capaces de crear las oportunidades que hoy buscan los jóvenes fuera de su patria. Toda actividad lícita que aporte al país, pague impuestos, genere empleo y ayude a resolver problemas de la población debe tener un espacio legal para desarrollarse en nuestro país.
Protección a las mujeres:
Con eso estoy dando respuesta al planteamiento de la Secretaria General de la Federación ayer en el Pleno.
En un día como hoy, que recordamos con particular emoción y nostalgia a la querida Vilma, una mujer que fue combatiente clandestina y guerrillera, ingeniera innovadora, fundadora de espacios y políticas para la promoción y defensa de los derechos de las mujeres en Cuba y en el resto del mundo, a pedido de la compañera Teresa, secretaria de la Federación de Mujeres Cubanas, y de otras mujeres que han llamado nuestra atención sobre la necesidad de proteger e impulsar sus avances, en nombre del Partido y el Gobierno les confirmo el compromiso de atender de manera especial que no haya jamás retroceso en las políticas de avance de las mujeres cubanas al poner en marcha las nuevas medidas económicas y sociales (Aplausos). En realidad, con ellas, con su emblemática resiliencia, con su creatividad y su sensibilidad contamos de manera muy especial.
Tras los debates de ayer y hoy, las exposiciones de los dirigentes y líderes locales y todo lo que hemos visto y tocado con las manos en nuestros recorridos por el país o en intercambios con expertos de diversos saberes, me acompaña la más profunda convicción de que sí podremos remontar estos momentos difíciles, estas horas plagadas de amenazas y dificultades.
Todo lo que necesitamos es confianza en nosotros mismos, cooperación, alianzas, creatividad, sensibilidad, solidaridad y control, mucho control, y todo eso es unidad.
Despojarnos de prejuicios y preconceptos, innovar, encadenar, producir y crear.
Es cierto que nos falta de todo; pero nos sobra talento, orgullo, valentía, audacia y cubanía (Aplausos).
A esas fuerzas innegables del ser nacional apostó el Comandante en Jefe en años tan difíciles como estos, y hasta nosotros mismos nos sorprendemos hoy del lugar que ha llegado a ocupar a nivel global el nombre de Cuba y de miles de cubanos, dispersos por el mundo, que se formaron en nuestras aulas, centros científicos y escuelas de arte y deportes, entre otras.
Somos una nación que ha hecho de la necesidad una oportunidad, y que más de una vez convirtió reveses en victorias. Hoy no podemos ser menos, solo tenemos una opción: ¡Vencer! (Aplausos.)
Compatriotas:
He mencionado solo algunos de los muchos problemas que debemos y podemos resolver en el más breve plazo. La presentación del primer ministro, Marrero, los análisis en comisiones y los debates en plenario, unidos a las aportadoras intervenciones que tuvieron lugar en el Pleno del Comité Central, y toda la difusión de las orientaciones allí emitidas, en mi opinión han sido suficientes para dejar claro el propósito de las medidas que ustedes han aprobado hoy, en un proceso expedito, no exento de análisis.
En las dos reuniones se ha debatido con argumentos sólidos la necesidad de las mismas, pero también la importancia mayor: que se implementen y se designen responsables y plazos para su cumplimiento.
La carta del General de Ejército al Pleno lo dejó dicho muy claramente al advertir que tan o más importante que la aprobación del documento será la implementación adecuada y oportuna, con prioridades bien definidas y la participación consciente del pueblo. Eso exige actuar con los pies y los oídos pegados a la tierra, tomando muy en cuenta las opiniones y preocupaciones de la población.
Compañeras y compañeros:
Una patria que quiere cambiar, también tiene que aprender a escucharse mejor. Cuba hierve de inconformidades y críticas, la mayoría justas y honestas. Nos toca escucharlas con respeto y responderlas como se le responde a un compatriota: con argumentos, con soluciones y, en cuanto sea posible, con hechos.
Pero sería ingenuo, por decir lo mínimo, no distinguir la crítica justa, del improperio destinado a minar la unidad y el compromiso.
Contra Cuba se libra una guerra económica y a la vez mediática y psicológica, estimulada y financiada desde el exterior, que pretende convertir el auténtico dolor del pueblo en un arma contra sí mismo.
Detrás de muchas campañas de odio y descrédito contra el Gobierno cubano, a veces hay solo otro ciudadano molesto con la situación; pero las tendencias y los expertos han confirmado, con serios estudios de medios y audiencias, que corre mucho dinero en laboratorios concebidos como armas y que existe una estrategia diseñada con pasmosa crueldad para llevarnos a la desesperación.
Una cosa es criticar a Cuba para mejorarla; otra muy distinta es trabajar para destruirla por un puñado de dólares, eso se llama mercenarismo. Una cosa es pensar diferente; otra es promover el odio, el caos, la entrega y la anexión de la nación.
Puestos cada día frente a la acción de los odiadores en redes, de los servidores entusiastas del imperio que mienten, manipulan, demonizan, insultan sin la más mínima ética, sin verificación de fuentes ni datos, resulta muy fácil distinguirlos de quienes honestamente disienten de los modos y los tiempos en que actuamos.
El desafío de esta nueva etapa es hacer mejor las dos cosas a la vez: defender la soberanía, sin apagarle la voz a nadie; combatir la injerencia, sin confundir al que tiene opiniones diferentes con un traidor.
Cuba necesita más debate, no menos; más participación, no menos; más rendición de cuentas, no menos.
Y regreso a la breve, pero muy importante misiva que envió ayer al Pleno del Comité Central nuestro General de Ejército, donde expresó: “Estoy convencido de que del análisis colectivo, e incluso de las discrepancias, siempre salen las mejores ideas”. Eso dijo, a la vez que convocó a construir el necesario consenso en un momento trascendental, porque: “es lo que más conviene hoy a la Revolución”.
A nadie en esta tierra se le persigue por pensar distinto, pero esta nación tampoco permitirá que, con la bandera prestada de una libertad diseñada desde fuera, se use a nuestros propios hijos como carne de cañón contra la independencia de su patria (Aplausos).
Un mensaje al mundo:
Finalmente y desde esta misma tribuna, con el respeto y la firmeza que distinguen desde siempre la tradición digna de la diplomacia cubana, quiero dirigirme a la comunidad internacional, incluyendo al Gobierno de los Estados Unidos:
Cuba diseña y propone soberanamente los cambios que urge aplicar para remontar la crisis impuesta por la agresividad externa y las insuficiencias internas, sin más permiso que el de su pueblo.
La crítica y la autocrítica honesta no son una novedad para el Gobierno cubano, son inseparables de la práctica revolucionaria desde siempre. No estamos experimentando, estamos aplicando un principio del concepto de Revolución que nos legó Fidel: “emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos”.
En el empeño de corregir errores e insuficiencias, a la par que enfrentamos el cerco externo, hemos acordado emprender la siempre delicada misión de abrir aún más la economía con priroridad para los cubanos residentes o no en el país. Esas decisiones no están relacionadas con negociaciones. Cuba sigue dispuesta a dialogar con respeto sobre todos los temas posibles con el Gobierno de los Estados Unidos y esa disposición no solo está expresada, está históricamente probada.
Los actuales cambios y el curso del diálogo con el vecino del Norte solo se relacionan en la hostilidad que quieren imponerle a la relación los enemigos de cualquier acercamiento entre los dos países, esos que viven diseminando amenazas de ataques inminentes, que “filtran” falsedades, persiguen negociaciones y apuestan a la opción perversa de la asfixia para que Cuba estalle.
Cuba denuncia esas prácticas infames que le venden al mundo la idea del Estado fallido, mientras se aprieta el cuello de un pueblo heroico. Así no funcionan las relaciones entre naciones soberanas e independientes, condición que reivindicaremos siempre.
No es honrado afirmar que se quiere ayudar al pueblo cubano y, al mismo tiempo, perseguir cada operación bancaria, encarecer mil veces cada importación, bloquear la compra o el arribo de combustibles, de alimentos y de medicinas, y castigar al que quiera invertir o comerciar con el país.
No se puede hablar de libertad mientras se empuja, a propósito, a un pueblo entero hacia la desesperación por falta de recursos que hoy resultan vitales para la existencia.
Al Gobierno de los Estados Unidos le decimos, sin odio, pero sin miedo: si de verdad quieren ayudar al pueblo cubano, ¡déjennos vivir! Dejen a Cuba comerciar; dejen a Cuba comprar sus medicinas; dejen a Cuba importar su combustible; dejen a Cuba recibir inversiones, créditos, financiamientos, relacionarse normalmente con sus emigrados y con el mundo. ¡Dejen a Cuba mostrarle al planeta qué es capaz de hacer este pueblo cuando no hay obstáculos a sus esfuerzos por levantarse! (Aplausos.) Eso sí sería algo realmente novedoso y enaltecedor por parte del adversario.
Cuba no va a pedir permiso para existir ni entregará su soberanía. Cuba sí está lista hoy mismo, ahora mismo, para una relación civilizada y respetuosa que beneficie a ambos pueblos. La puerta siempre estará abierta para quienes estén dispuestos a cruzarla con el mismo respeto con que la abrimos.
Queridos compatriotas:
No somos ingenuos. Conocemos a nuestro país. Sabemos de las trabas, la corrupción, la lentitud y la desvergüenza. Y ustedes tienen todo el derecho a saber, a preguntar y a exigir.
Por eso hacemos un compromiso, y quiero que lo recuerden siempre que evalúen a este Gobierno: cada medida que aprobamos hoy tendrá responsables, plazos e indicadores.
Reitero un mensaje central del Pleno del Partido: vamos a informar lo que avance, lo que se incumpla y lo que haya que corregir. Habrá cosas que, para protegerlas de quienes quieren sabotearlas, tengamos que cuidar con discreción, como nos enseñó Martí; pero la discreción nunca será un permiso para no informar al pueblo.
Como parte de esta nueva etapa continuaremos la reestructuración del aparato del Gobierno, del Estado, del Partido y del sistema empresarial. Vamos a unir estructuras o a integrar estructuras donde sea necesario; revisar funciones duplicadas, reducir pasos innecesarios, optimizar permanentemente la manera en que se dirige y se sirve al país.
Pero también debemos decir algo justo: nuestros cuadros y funcionarios merecen un reconocimiento. Sin ellos no hay Gobierno que funcione, la mayoría de ellos son compañeras y compañeros seleccionados por sus capacidades, que trabajan más de dos jornadas por día, bajo enormes presiones y con grandes responsabilidades, y los vemos noche por noche combatiendo junto al pueblo las artimañas del enemigo (Aplausos).
No estamos en momentos de pedir confianza ciega; les pido una confianza vigilante: Confíen, pero exíjannos. Acompáñennos, pero fiscalícennos. Participen, y no se dejen usar nunca por los que quieren convertir el dolor de Cuba en un arma contra su pueblo.
El llamado:
Compatriotas, la hora es difícil. No voy a suavizar la realidad ni a presentarles un camino sencillo, porque el pueblo merece siempre la verdad, por dura que sea. Pero Cuba no está condenada.
Tenemos tierra y sol; médicos y maestros; científicos y campesinos; intelectuales y deportistas de calibre; empresarios capaces; trabajadores que no se rinden; mujeres bravas, jóvenes con un talento que asombra al mundo; una emigración que quiere aportar, y un pueblo que ha resistido mucho y que, por encima de todo, merece vivir mejor.
A este pueblo no lo vamos a convocar solamente a resistir; lo convocamos a crear, a producir, a decidir, a transformar, a fiscalizar, a prosperar.
¡Cuba cambia para levantarse! ¡Cuba cambia para vivir mejor! ¡Cuba cambia para seguir siendo libre!
La historia nos enseñó a resistir. Este tiempo nos exige transformar. Y vamos a transformar: con el pueblo, por el pueblo y para el pueblo, como nos enseñó Fidel, como nos orientó Raúl.
¡Viva Cuba Libre! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)
¡Viva el heroico pueblo cubano! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)
¡Viva la soberanía de la nación cubana! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)
¡Socialismo o Muerte!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos! (Exclamaciones de: “¡Venceremos!”)
(Ovación.)
