
Mientras esperaba el término de la cuarta ronda del torneo Capablanca In Memoriam, conversaba con un colega a quien le apasiona el ajedrez tanto como al escritor. En nuestra charla, salió a la luz el nombre de Ilan Schnaider. «Ese chamaco viene bien», comentó mi amigo.
Sus palabras no son desatinadas, pues el argentino, a sus quince años, exhibe el título de Maestro Internacional (MI) y ELO de 2 438, condiciones que lo convierten en uno de los exponentes con más proyección, aunque todos los focos estén sobre otro compatriota suyo: Faustino Oro.
Pasadas las ocho de la noche, el pibe salía orondo, con la felicidad propia de un ganador y su paso rápido característico. Respondió a la propuesta de realizarle una entrevista, una vez acabase el evento.
«Me siento más relajado, y así no tengo que pensar en otras cosas. Me resulta más tranquilo, sin la presión del torneo», admitió al inicio de la conversación alguien a quien los encuentros con la prensa no lo desagradan.
Ilan no lleva la vida de un famoso y apuesta por la de un adolescente: sonríe, habla con todos, se desenvuelve sin presión, juega y mira videos en el teléfono. No ganó el certamen, «pero me voy feliz porque no me ganaron», confesó.
Para él, el Capablanca devino un torneo riguroso. «El ajedrez en Cuba es algo importante y los jugadores exhiben buen nivel. Tuve la suerte de salir invicto, pero los rivales son duros», relató mientras, con total sinceridad y sonrisa taimada, admitía encontrarse entre esos duros también.
Schnaider vivió su primera experiencia en Cuba. «Es un evento icónico y lleva por nombre el de un genio. En un inicio iba a participar en el grupo cerrado, que luego se convirtió en un abierto, pero ese cambio no frenó mi motivación.
«Es posible que vuelva a llegarme para jugar el Capablanca, no sé si el próximo año. Sería mejor una lid cerrada, así puedo buscar mi norma de Gran Maestro (GM)», narró.
Su historia frente a los tableros comenzó desde niño. «Mi papá me enseñó y me gustó mucho. Me fascina por ser algo único, cada partida suele resultar diferente», recordó, a la vez que expresaba su deseo de tener un amor longevo con su deporte.
El fútbol, como buen argentino, constituye una de las pasiones de Ilan, aunque reconoció que no es muy bueno. «Con el ajedrez tengo la oportunidad de poder hacer lo que me gusta, y poseo habilidades».
LA VIDA TRAS EL ÍCONO
Schnaider no tiene rituales. En el momento, su cabeza no piensa en más. «Solo me preparo para la partida, estudio a mi rival y con eso me basta. Es mi manera de mentalizarme», indicó quien contó ser admirador del juego dinámico de Mikhail Tal.
Como indicamos, su vida no resulta tan austera, en relación con otros. «No tengo un plan específico de entrenamiento, las horas que realizo son las que mi cuerpo está dispuesto a tolerar. Dedico unas tres o cuatro como promedio, veo ajedrez todos los días.
«Actualmente hago escuela online, para poder usar mejor el tiempo. Antes, cuando estaba presencial, faltaba mucho, y por eso decidí cambiarme a esa modalidad. No digo que sea lo mejor, pero sí lo más práctico para mi carrera.
«Todo en esta vida lleva sus sacrificios y luego tiene sus recompensas. Tampoco he debido soltar mucho, llevo mi vida libre y personal. Suelo poseer un día a la semana para ir a practicar fútbol», expuso.
El joven tampoco se preocupa por lo mediático. «Mi trabajo es jugar mi partida, y luego la gente que opine lo que quiera. Las críticas no me afectan», expresó.
Esto descarta también cualquier comparación o rivalidad con Faustino Oro. «No me comparo con nadie, solo conmigo en el pasado, para ver si mejoré».
A sus 15 años, y con varias partidas sobre sus espaldas, Ilan profesa especial cariño por una ganada en Italia ante el adulto ecuatoriano Carlos Matamoros. «No fue la mejor, pero sí la que me permitió ganar mi título de MI. En el futuro, cuando llegue a GM, esa será de la que mejores recuerdos guarde».
Quizás ese momento llegue pronto, y ojalá ocurra en Cuba, lugar del que Schnaider se lleva buenas emociones.
Lo cierto es que Latinoamérica se ha sumado, poquito a poco, al boom ajedrecístico de jóvenes promesas. Schnaider no tiene dudas de ello y aseguró que, «tranquilamente, puede haber otro campeón mundial en nuestra región».
