El aumento de los precios de las materias primas y la energía, impulsado por conflictos geopolíticos, ha puesto a prueba la capacidad de los bancos centrales para controlar la inflación sin frenar el crecimiento.
La llamada «inflación importada» -aquella que proviene del encarecimiento de bienes y servicios adquiridos en el exterior- representa un desafío singular para la política monetaria, ya que no responde a un exceso de demanda interna, sino a factores externos que escapan al control de las autoridades.
El Banco Popular de China (PBOC) reconoció explícitamente este riesgo en su informe de política monetaria del primer trimestre de 2026.
La entidad señaló que «los recientes acontecimientos geopolíticos en el Medio Oriente llevan impacto en los precios del petróleo crudo y de algunas materias primas, lo que ha contribuido al repunte de los indicadores de precios».
Y advirtió que «el impacto de la inflación importada en la economía nacional debe ser objeto de un estrecho seguimiento». El banco central chino, que mantiene sus tasas de interés sin cambios desde hace un año, opta por centrarse en la transmisión de los bajos costos de financiación a la economía real, en lugar de aplicar nuevos recortes.
La inflación importada suele traducirse en mayores costos que afectan a las industrias posteriores, explica Zhong Linnan, analista de GF Securities, quien recuerda que en episodios anteriores el PBOC respondió a este tipo de presiones manteniendo una liquidez amplia en lugar de subir las tasas.
La estrategia, sin embargo, no es universal. El economista Lorenzo Bini Smaghi, en un análisis para el IEP@BU, señala que el Banco Central Europeo (BCE) se encuentra ahora mejor posicionado que en 2022 para hacer frente a un nuevo repunte inflacionario, ya que parte de un nivel de tasas de interés cercano al dos por ciento.
Ello ocurre frente a los tipos negativos de entonces y su balance se está reduciendo en lugar de expandirse.
La credibilidad ganada durante décadas es, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), el activo más valioso de los bancos centrales para gestionar estos shocks.
Un estudio del FMI publicado en mayo de 2026 destaca que «las expectativas de inflación bien ancladas ayudan a limitar la transmisión de los shocks de precios de la energía y otras materias primas a los precios al consumidor, porque los precios de importación más altos de hoy no se espera que se traduzcan en una inflación persistentemente más alta mañana».
América Latina, que implementó reformas institucionales hace unos 25 años adoptando metas de inflación y fortaleciendo la independencia de sus bancos centrales, constituye un ejemplo de esta resiliencia.
Sin embargo, la credibilidad es frágil. El FMI advierte que «una política monetaria inesperadamente laxa puede tener efectos negativos mucho más fuertes, haciendo que las expectativas pierdan su anclaje».
En el caso de China, los analistas de Goldman Sachs interpretan que los cambios en el lenguaje del PBOC «sugieren un mayor énfasis en la gestión de riesgos y la transmisión de la política, en lugar de intensificar un amplio relajamiento», lo que respalda el pronóstico de que no habrá recortes de tasas ni del coeficiente de reservas en 2026.
El BCE, por su parte, presentó escenarios alternativos que contemplan un aumento de la inflación hasta el 4,4 por ciento si los precios del petróleo y el gas se mantienen elevados durante más tiempo, lo que reduciría a la mitad el crecimiento previsto.
En ese contexto, Bini Smaghi advierte que «la presión sobre los gobiernos europeos para adoptar medidas de apoyo a las empresas y los hogares aumentaría considerablemente», lo que tendría un efecto expansivo sobre las finanzas públicas y haría más persistente el aumento de la inflación, forzando al BCE a subir las tasas.
El equilibrio entre responder a los shocks externos y preservar la estabilidad de precios sigue siendo el gran desafío de la política monetaria global, consideran los analistas.

Londres,- La inflación importada constituye hoy un concepto de relevancia, sobre todo teniendo en cuenta la inestabilidad financiera y económica que se aprecia en el Planeta.