
De unión matrimonial entre el bayamés, Don Alonso Milanés y la matancera, Doña Rita Fuentes, nació José Jacinto, el día 16 de agosto de 1814 hace hoy 212 años.
Es considerado el poeta, dramaturgo, políglota y ensayista uno de los más notables representantes del drama romántico de las letras cubanas del siglo XIX.
Procedente de una familia modesta, no pudo cursar estudios superiores en la universidad, de modo que fue formado por su maestro Francisco Guerra Betancourt, quien le enseñó latín, francés e inglés.
En 1834 escribe sus primeros poemas, pero es entre 1835 y 1843 que consolida su obra lírica que coincide con las dos etapas del romanticismo poético del siglo XIX en Cuba.
Su producción literaria se divide en tres momentos fundamentales: Primero, los poemas netamente líricos, que son los que lo ubican en un alto escaño de la literatura romántica cubana; le siguen los de corte popular, tanto humorísticos como satíricos, y por último los que constituyen una prédica socio-moral.
A los 18 años de edad, buscando nuevos espacios llegó a la Habana. Trabajo en una ferretería por algunos meses porque tuvo que regresar a Matanzas ante el reclamo de su madre porque en La Habana el cólera hacia estragos en la población.
De nuevo, en su tierra natal, tras el mismo mostrador que antes había abandonado.
A su regreso, la vida artística de Milanés se hizo más llevadera. Conoció, entonces, a Don Domingo del Monte, ya consagrado y destacado en las letras patrias, que había de ser con los años, su gran amigo y consejero.
En casa de Del Monte encontró gentilezas, camaradería, fraternidad y halagos. Conoció a Anselmo Suárez y Romero, a Cirilo Villaverde, a Ramón de Palma y Romay, a José Z. González del Valle, a tantos otros, que habrían de ser sus amigos y compañeros. Comenzó así su período de mayor actividad literaria, que abarca los años 1836-1843.
De las tertulias en la casa de Del Monte, nació “El Conde Alarcos”, drama éste, que, a instancias repetidas de su amigo y consejero, se hubo de estrenar en el “Teatro Principal”, por la “Compama Duclós”.
A este drama le siguieron A buen hambre no hay pan duro, Una intriga paternal y El mirón cubano, entre otras.
Entre sus poemas más reconocidos está La fuga de la tórtola, La madrugada, El alba y la tarde, Vagos paseos, y El beso, donde expresa sus inquietudes filosóficas- moralistas, con el tema de la pureza.
El poeta Juan Clemente Zenea expresó: era muy querido, porque fue muy desgraciado. Y agregó: de no haber existido Heredia, José Jacinto de Jesús Milanés y Fuentes sería el primer poeta lírico de Cuba, porque “su poesía es la poesía de todas las épocas”.
La vida de Milanés, estuvo marcada por el romanticismo. A los veintinueve años se enamora de su prima, Isabel Ximeno, una niña de catorce años, y su tío se opuso a estos amores.
Rechazado por la familia de ésta mostró los primeros síntomas del desequilibrio mental y para remediarlo emprendió con su hermano Federico Milanés un viaje por Estados Unidos, Londres y París del que volvió a Cuba en noviembre de 1849, ya recuperado.
En 1852 una nueva crisis lo ataca de la que no logra recuperarse hasta su muerte.
En la Plaza de la Catedral de Matanzas, se alza en piedra la figura del poeta José Jacinto Milanés, una de las voces indispensables del romanticismo literario cubano en el siglo XIX.
