Patriotas cubanas: Ana Aguado

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Por Gislania Tamayo Cedeño | 17 agosto, 2026 |
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Nace en la ciudad de Cienfuegos, en 1866. Desde muy niña revela condiciones excepcionales para el canto.

Cuando llega su etapa juvenil es conocida por la “calandria cienfueguera”. Luego se traslada con su familia a España, y posteriormente a New York, en 1889.

En la gran metrópoli, da lecciones de canto y música con el profesor Emilio Agramonte, quien marcaría su vida, no solo por su conocimiento, sino por sus ideas en favor a su Patria, pues era cubano.

En la metrópoli española culminó su formación y se consagró como una de las mejores sopranos, obteniendo un contrato como profesional en el exclusivo Liceo Brigantino, de la Coruña, en 1883.

Anhelaba debutar en público para cooperar con su aporte material y moral a la causa de la lucha por la independencia de Cuba.

No tardo mucho tiempo en que se cumpliera su deseo. En el Club “Los Independientes”, hace gala de las magníficas dotes como soprano ligera y entrega íntegramente el producto de la función, al patriota Juan Praga.

Regresa a Cienfuegos y participa en diferentes tertulias y conciertos que la consagran como una de las mejores voces de Cuba.

Compartió escenarios con lo mejor que brillaba en calidad musical, músicos como Tomás D´ Clouet,  José Manuel Lico Jiménez, el flautista Ramón Solís, el flautista Guillermo M. Tomás y otros más.

Guillermo M. Tomás pasaría a ocupar el espacio más importante en la vida de Ana convirtiéndose en su esposo años después.

Ya casada con Guillermo M. Tomás, recibe el requerimiento cariñoso del Apóstol José Martí, para que contribuyese con su arte a la causa de Cuba.

Por esos años se había terminado la Guerra de los Diez Años y se estaba gestando la preparación de la Guerra del 95.

En la isla se respiraba un aire conspirativo y poco revolucionario, esto obliga a Ana a emigrar del país y se radica en Estados unidos de 1868, en el barrio de Brooklin junto al movimiento de artistas revolucionarios que existía entre los emigrados cubanos, organizado por su antiguo maestro Emilio Agramonte.

De inmediato toma parte activa en la velada celebrada en el “Hardman Hall”, en New York, en beneficio de la causa independentista.

Desde ese momento, no cesa “la calandria cienfueguera” de cantar para Cuba, para ayudar a sus compatriotas con colectas y ayudas materiales de medicinas, armas, ropas, alimentos.

Ana Aguado se destacó por organizar veladas que tenían el propósito de reunir al movimiento en pro de la causa cubana.

En 1898, luego de terminada la guerra regresa a Cuba junto a su esposo e hijo. Se establecen en La Habana y fue profesora de canto en el Conservatorio Nacional de Música de La Habana Hubert de Blanck.

Ana restó tiempo al disfrute de su matrimonio y al cuidado de sus hijos, para proseguir su vida artística en beneficio de Cuba, hasta que gravemente enferma. Murió en 1921 por decadencia de su garganta.

Ana Aguado llegó a convertirse en una de las mejores voces líricas de Cuba.

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