Bayamo y un himno cantado con la vida

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Por Osviel Castro Medel | 20 octubre, 2026 |
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Revuelta estaba la ciudad, caliente y chispeante de rebeldía.  Era octubre y parecía que el mundo se acababa. Los bayameses, por centenares, cruzaban el río. Iban a saludar a Céspedes y a los suyos, que acampaban bien cerca de la finca Santa Isabel.

El coronel Julián Udaeta, jefe de la plaza militar, al ver aquel volcán de rebeldía engrasó sus armas y ordenó ejecutar a quien ayudase a los sublevados. Mas eso acrecentó la llama en vez de disminuirla.

Céspedes, el gran Padre de Cuba, envió entonces un mensaje para que los españoles depusieran los fusiles. Pero no hubo arreglos y comenzó el gran combate por la posesión de Bayamo.

Larga y reñida se tornó la porfía. En la plaza Santo Domingo el comandante español Guajardo Fajardo recibió un machetazo que le abrió la mandíbula en dos. Un cañón independentista, al disparar, estalló en pedazos. El cuartel, herido por las llamas de los patriotas, se salvó casualmente por un torrencial aguacero.

Así fue aquella cruenta pelea de tres días en medio de la cual emergieran las primeros artículos de El Cubano Libre, dirigido por el poeta José Joaquín Palma.

Por fin, el 20 de octubre de 1868 la guarnición colonialista enseñó bandera blanca Bayamo degustaba ya el sabor glorioso de la libertad. Todos temblaban de emoción y regocijo. Y todos con ese frenesí indescriptible se congregaron en una de las plazas que antes había sido escenario de batalla.

Allí, sobre el caballo, entre ovaciones y aclamadores vítores, Perucho Figueredo dio a conocer  la letra singular del Himno de la Patria, llamado entonces La Bayamesa, que ya había compuesto en secreto.

Allí lo cantaron a coro, con las emociones saliendo por los poros y las voces, con los abrazos repartidos aun a los desconocidos… Allí lo cantaron con la vida.

Revuelta, alegre y enamorada estaba la Ciudad Mártir, Bayamo, la de tantas páginas luminosas: había entrado -¡y para siempre-¡ en la historia.

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