Florencio Salcedo Torres: La patria es lo primero

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Por Aldo Daniel Naranjo (Historiador) | 27 octubre, 2026 |
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En medio de la bulliría de la valla de gallo, un hombre de mediana estatura, semblante serio y trigueño, detuvo el revoleteo de las aves, el 24 de febrero de 1895. Y, alzando los gallos finos, gritó a pleno pulmón: “Acaba la pelea de los animales, comienza ahora la pelea de los hombres”.

El heroico llamado lo realizaba el joven luchador independentista Florencio Salcedo Torres, hombre de la Protesta de Baraguá, quien había ganado el grado de comandante en la Guerra Grande.

Ahora, invitaba a todos, desde el círculo de la valla de gallos del poblado de Baire, a la lucha sin cuartel contra el colonialismo español.

El audaz gesto lo inmortalizó ante la historia como el primer patriota en proclamar el reinicio de la guerra de independencia en Baire, aquel memorable día.

Consecuente con su pensamiento emancipador, Florencio Salcedo asumió el mando del regimiento de Baire y luego el de la Brigada de Jiguaní. Por su bravura, lealtad a la causa y disciplina alcanzó el grado de general de división del Ejército Libertador.

JIGUANÍ, TIERRA DE BRAVOS

De la unión marital entre don Remigio Salcedo, de origen dominicano, y doña María del Rosario Torres, oriunda de Bayamo, nació en Jiguaní Florencio Salcedo Torres, el 27 de octubre de 1852, en el seno de una familia campesina.

El padre era dueño de una finca, El Rosario, de tres caballerías de tierras, situada al noroeste de la villa de Jiguaní. En la misma se cultivaban vianda y frutas y disponía de u trapiche, con mano de obra asalariada. Don Remigio, como buen dominicano, desde que se asentó en la comarca jiguanicera, en junio de 1844, rechazaba el régimen de la esclavitud.

La principal problemática que enfrentaban los productores era la abusiva política impositiva y la prepotencia de los colonialistas españoles.

Por tanto, Salcedo Torres creció en un ambiente de trabajo y solidaridad entre los trabajadores agrícolas. El papá lo enseñó a leer y a escribir y con la mamá a perfeccionar sus dibujos.

En su temprana juventud sobresalía por su seriedad y consagración al trabajo. Pero a su alrededor se hablaba de guerra contra el criminal poder colonial y crear un gobierno de los propios cubanos. La igualdad y la justicia que se buscaba era la misma que predicaba su padre en el hogar.

Por eso, los líderes revolucionarios en Jiguaní, Donato del Mármol y Calixto García, no vacilaron en reclutar a Florencio Salcedo para el proyecto libertador. Él se encargó de reclutar otros diez jóvenes de su entorno, los que supieron guardar la discreción requerida.

El 13 de octubre de 1868, los jiguaniceros en masa se alzaron armas, secundando ejemplarmente el grito de La Demajagua. Entre los que Mármol estrechó las manos en su finca La Concepción estaba el joven Salcedo.

Ese mismo día, en la mañana, las huestes patrióticas dominaron Santa Rita, la villa de Jiguaní y Baire. Desde el comienzo de la gesta liberadora mostró una alta disposición  combativa y recta disciplina.

Bajo el mando del general Calixto García libró combates en Jiguaní, Bayamo, Guisa, Holguín y Manzanillo. Luego, con el general Antonio Maceo peleó en Santiago de Cuba, Baracoa, Holguín, Camagüey y Jiguaní.

Acompañó al general Maceo en la histórica Protesta de Baraguá,  el 15 de marzo de 1878. Concluyó la guerra con el grado de comandante. Estuvo implicado en el estallido de la Guerra Chiquita.

GLORIA Y MUERTE

De nuevo ayudó a encender la llama libertaria, el glorioso febrero de 1895. En la Guerra Necesaria brilló como un táctico y estratega militar, capaz de mover grandes masas de hombres. En diciembre de 1895 fue promovido al mando de la 2º Brigada de Bayamo y recibió las estrellas del general de brigada el 16 de agosto de 1896, luego del combate de Tirapalos, al oeste de Bayamo.

En julio de 1897asumió la jefatura de la primera Brigada de

Jiguaní y fue ascendido a general de división el 29 de noviembre de 1897, en medio de la Batalla de Guisa.

Junto al general Calixto Garcia, participó en los victoriosos ataques a Jiguaní, Las Tunas y Guisa. La última pelea contra el coloniaje español la libró en Auras, hoy Floro Pérez, al noroeste de Holguín, el 17 de agosto de 1898.

Tan pronto concluyó la guerra de independencia, se retiró a su finca El Rosario, en Jiguaní. De nuevo hizo fructificar la tierra con los frutos vitales para la vida y fomentó la crianza de ganado vacuno. Hombre de paz, abogó siempre por la concordia entre los cubanos.

Por esos azores de la vida, falleció en el poblado de Baire el 27 de octubre de 1931, hace 95 años edad. Coincidentemente, el día que debía celebrar su onomástico, encontró la muerte.

FUENTES: Aníbal Escalante Beatón: Calixto García: su campaña en el 95 (1978); y Centro de Estudios Militares de las FAR: Diccionario enciclopédico de historia militar de Cuba (2006).

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