
Potenciar el uso de fuentes renovables de energía para cubrir la demanda del consumo en actividades y procesos tecnológicos, relacionados con la producción sostenible de alimentos, es un reto que ha de asumir la provincia de Granma, en la actual etapa de transición energética.
Su estrategia, en tan complejo contexto, precisa de rescatar el empleo del biogás como una fuente económica que genera energía, preserva el medioambiente y ahorra importantes recursos al territorio.
Hoy, cuando el bloqueo recrudecido impide la entrada de combustible al país, resulta imprescindible reimpulsar esta práctica en el entorno rural con mejores condiciones para incentivar el uso del biogás.
Aunque la situación económica ha impactado de manera negativa en la producción porcina, avícola y vacuna, lo cierto es que no pocas vaquerías, polleras y cochiqueras no saben qué hacer con el excremento diario, que pudiera convertirse en una fuente de ahorro, aportes económicos e incluso calidad de vida para las familias.
Asimismo, está demostrado que el biodigestor es utilizable de forma efectiva en la cocción de alimentos y alumbrado en las viviendas de las áreas suburbanas y del campo, para dar uso adecuado a los desechos de la crianza de cerdos y bovinos.
Al respecto, son encaminadas algunas ideas y desempolvando proyectos con la conducción del Partido, el Gobierno y los nuevos actores granmense, incorporados al esfuerzo por buscar alternativas y generalizar las mejores experiencias en esta tarea de máxima prioridad.
Según criterios científicos, un metro cúbico de biogás equivale a 0,7 litros de petróleo, con lo cual se generaría 1,6 kilowatts de electricidad, aunque actualmente existen tecnologías en el mundo que, por cada metro cúbico (m3) de biogás entregan dos kilowatts hora (kWh).
El biogás es una mezcla de gases, compuesta básicamente por el metano (CH4), el dióxido de carbono (CO2) y otros, resultado de un procedimiento denominado digestión anaerobia (sin oxígeno).
Entre los elementos que pueden utilizarse para obtenerlo figuran los desechos de la agricultura, las excretas de los animales, y otros residuos de la industria alimentaria.
Estudios especializados indican que el metano es un potente gas de efecto invernadero, con un poder de calentamiento 80 veces superior al del dióxido de carbono (CO2).
Igualmente, su manejo adecuado, resultante de la descomposición de los residuos agrícolas y del estiércol, puede generar valor y ser una solución rentable para evitar la contaminación de las aguas y los suelos.
