Benjamín Ramírez: el joven hacendado de Jiguaní que empuñó el machete por Cuba

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Por Aldo Daniel Naranjo (Historiador) | 28 abril, 2026 |
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El nombre del joven hacendado y liberal Benjamín Ramírez Rondón (1844-1924) se hizo notorio, a partir del 13 octubre de 1868, cuando se alzó en armas en su finca de San Rafael, a un kilómetro del poblado de Santa Rita, en la comarca de Jiguaní, al mando de 120 hombres, por la independencia de Cuba del coloniaje español.

Venía conspirando en Bayamo, desde junio de 1867, con los abogados Pedro Felipe Figueredo (Perucho) y Esteban Estrada Céspedes y el bachiller Francisco Vicente Aguilera, quienes lo pusieron al tanto de los planes subversivos contra el Gobierno español.

Ellos le mostraron la confianza que tenían en su persona, su patriotismo, para invítalo a sumarse al proyecto revolucionario. Aguilera le dio la misión de reunir a las personas de su confianza para la insurrección liberadora en Guisa y Jiguaní, lugares donde conocía mucha gente valiosa.

En sus memorias Benjamín Ramírez escribió que se despedió de ellos comprometido con la Revolución: “Me aconsejaron que guardara mucha reserva y no me declarara públicamente, a menos que tuviera mucha confianza con quienes hablaba del asunto”.

De seguido marchó para la cercana hacienda La Concepción, donde Donato del Mármol y Calixto García Iñiguez dieron el grito de libertad esa mañana, al frente de 300 hombres.

Reunidas todas las fuerzas, asumió el mando general Donato del Mármol, las que de seguido realizaron una ofensiva hacia los poblados principales de la comarca de Jiguaní. Solo unos 130 portaban carabinas Minié, escopetas, revólveres y pistolas y los demás llevaban machetes Collins y lanzas.

A las 11 de la mañana tomaron, sin mucho esfuerzo, la capitanía de Santa Rita. Luego avanzaron hacia la villa de Jiguaní, atacando a la guarnición española en horas del mediodía. Tras un breve tiroteo, rindieron al teniente gobernador Federico Muguruza y Lersundi y al jefe de la Policía Vicente Cisneros.

SU NACIMIENTO

Nació en el 19 marzo 1844, en una finca en la Loma del Gigante, en el partido pedáneo de Guisa, perteneciente a la jurisdicción de Bayamo. Era hijo de don Ramón Ramírez, un emigrante español, y de Juana Rondón.

Su niñez trascurrió en el campo y de joven compró una hacienda ganadera en la comarca de Jiguaní.

La síntesis biográfica de su figura aparecida en el Diccionario enciclopédico de historia militar de Cuba (2006) no sobrepasa los días aciagos de San Lorenzo. Este texto comete el error de ubicar su nacimiento en Jiguaní.

BREGAR POR LA LIBERTAD

Durante diez años estuvo en la manigua redentora, luchando denodadamente por la libertad y soberanía de su patria. Estuvo en el famoso combate de Pino de Baire, la primera invasión de Guantánamo y el combate de El Saladillo, durante la defensa de Bayamo en 1869.

Tras la quema de la ciudad de Bayamo, el 12 de enero de 1869, llevó a su familia para Cautillo. Pero a los pocos días, debido a los movimientos de las columnas españolas por los contornos, las trasladó para La Toronja, en las montañas de Guisa.

Por su valor en los combates de Guisa, Bueycito y Zarzal, el presidente Carlos Manuel de Céspedes firmó su ascenso a coronel el 8 de junio de 1872.

Además, durante los meses de marzo a septiembre de 1873 fue jefe de la escolta de Carlos Manuel de Céspedes.

De él se ha destacado su incondicionalidad con el general Calixto García, a quien acompañó en sus campañas militares por Jiguaní, Bayamo, Holguín y Manzanillo.

Alrededor de su figura ha gravitado la admonición de que tomó parte en el complot para deponer al presidente Céspedes y que una vez nombrado jefe de la brigada de Cambute por el nuevo gobierno de Salvador Cisneros, fue el encargado de quitar las armas a los custodios de la subprefectura de San Lorenzo, en la Sierra Maestra, donde residía el Padre de la Patria.

Por tanto, la manera solitaria  y sin protección militar en que acabó a vida del Iniciador, el 27 de febrero de 1874, constituye una página triste y lamentable para Benjamín Ramírez y todos los que tomaron parte en el drama.

En el segundo lustro de la epopeya el coronel Benjamín Ramírez continuó arduo en la pelea, librando combates en Jiguaní, Baire, Manzanillo y Guisa.

Para fraguar la unidad revolucionaria a raíz de la sedición de Laguna de Varona, protagonizada por los generales Vicente García y Francisco Javier de Céspedes, fue invitado a participar en los encuentro de Najasa, en Camagüey, con la presencia de los generales Máximo Gómez y Manuel de Jesús Calvar (Titá).

El 26 de mayo de 1875, fue nombrado jefe de la escolta del gobierno de Salvador Cisneros, puesto que despeñó hasta el nombramiento del nievo presidente Juan Bautista Spotorno, el 1 de julio de ese año .

Pero la profunda herida abierta por el Pacto del Zanjón, en febrero de 1878, le obligó a capitular en el poblado de Guisa un mes y medio después, el 17 de marzo, ante el brigadier español Mariano Quesada.

En el periodo del reposo turbulento escribió artículos para el periódico La Aurora, de Bayamo, y El Triunfo, editado en Manzanillo, en los cuales potenció la defensa de los puros ideales independentistas frente a la política de los autonomistas.

Más tarde emigró a Jamaica, desde donde colaboró con la epopeya de 1895.

UN LIBERAL EN LA CUBA REPUBLICANA

Una vez instaurada la República, el hacendado, decimista y coronel Benjamín Ramírez fue un activo político liberal, la gente del gallo y el arado, en la región de Bayamo. Participó la creación de la Liga Agraria, enfrentada directamente a la invasión del mercado cubano de los productos de manufactura yanqui. Los productores bayameses demandaban la apertura de industrias y servicios con las materias primas del país. En abril de 1906 contó con su propio órgano divulgativo, El Bayamés, bajo la dirección de Rafael Valero.

Asimismo, estuvo entre los fundadores de la logia masónica Bayamo, en julio de 1908.

En la política salió electo procurador e integró el consejo provincial de Oriente, bajo la dirección del gobernador Barceló. Sus discursos políticos tenían carácter mixto: rudo y árido, llamado las cosas por su nombre, y exacto en sus definiciones.

En los últimos años de su vida preparó una extensa Memorias de la Guerra de 1868, apoyado en unos “apuntes históricos” que realizaba sistemáticamente. En las primeras cuartillas contó parte de su vida, desde su nacimiento hasta 1868, bajo el renglón “Reminiscencias”.

Luego dedicó más de 800 cuartillas a contar la Guerra Grande. Por otra parte, preparó como complemento 70 semblanzas biográficas de protagonistas de la epopeya.

Innegablemente, fue un hombre de su tiempo, uno de los campeones por la libertad, un artífice de la defensa de la economía  y la cultural nacional. Puso su esfuerzo y talento en la hora de empuñar el machete y disparar el fusil y en la hora de crear la patria nueva. Su obra tiene la calidad de lo vivido, de lo verdadero.

FUENTES: Benjamín Ramírez Rondón: Memorias de la Guerra de 1868 (1923); Centro de Estudios Militares de las FAR: Diccionario enciclopédico de historia militar de Cuba (2006).

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