En el escenario del entretenimiento nacional, pocas figuras lograron encarnar la magia y la genialidad del humor como Francisco Andrés Centurión, cariñosamente conocido como el “Marcel Marceau cubano”.
Su partida el 29 de junio de 2024 dejó un vacío imposible de llenar, un espacio donde la risa y la emoción parecían fundirse en un solo instante.
LA HISTORIA
Desde sus inicios, envueltos en el misterio de un lugar de nacimiento discutido pero profundamente arraigado en Jaguaní, este artista nacido un 21 de agosto de 1942 se convirtió en referente para varias generaciones que aprendieron a reír, a soñar y a sentir mediante su arte.
Centurión no fue simplemente un ventrílocuo; fue un maestro en el arte de la fonomimia y la parodia, el humorista cubano más exitoso de las décadas del 70 y 80, desafiando los límites con imitaciones magistrales que conquistaban plateas en cabarets emblemáticos como el Riviera y el Tropicana, y se instalaban en la memoria colectiva televisiva durante los años 70 y 80.
Su muñeco Francisquito trascendió el papel de mero acompañante para erigirse en un ícono inseparable, un símbolo viviente de la era dorada del humor cubano. La voz, los gestos y las miradas de Francisquito eran prolongaciones del talento sin igual de Centurión, y juntos hacían vibrar al público con una mezcla única de inteligencia cómica e innovación continua.
Aunque su emigración a Estados Unidos en la década de los 90 lo alejó momentáneamente del mundo artístico, nunca logró apagar el brillo de un legado construido con pasión y dedicación. Enfrentó nuevos desafíos y exploró otros caminos laborales, pero sus actuaciones y enseñanzas siguieron siendo estudiadas y admiradas por quienes reconocen en él el icono que redefinió la ventriloquía cubana.
LA TRAGEDIA
No fue hasta febrero de 2014 que su nombre acaparó titulares en los medios de comunicación miamenses, al aparecer como presunto miembro de una red criminal de estafadores al seguro de viviendas.
Lo cierto es que el cabecilla real de la banda fue condenado a 20 años de cárcel en 2018 y, aunque la foto de Centurión figura en reportes de prensa de la etapa, su nombre no aparece entre una treintena de involucrados en el citado delito.
EL FINAL
Francisco Andrés Centurión se despido del mundo terrenal a los 82 años de edad, pero su esencia permanece intacta en cada sonrisa provocada, en cada aplauso espontáneo y en el eterno legado de Francisquito, su inseparable compañero.
Su obra es un testimonio vivo de cómo el humor puede unir, sanar y trascender generaciones, convirtiendo a este gran maestro en una leyenda imborrable del entretenimiento nacional.
Hoy, recordar a Centurión es celebrar la risa inteligente, la creatividad sin límites y el alma indómita de un hombre que supo hacer reír y soñar a toda una nación durante las décadas del 70 y 80, del siglo precedente.
Los homenajes que le rindieron tras su fallecimiento no solo reflejan gratitud y respeto, también el amor profundo que supo sembrar en cada rincón donde su arte tocó vidas.
