La Habana.- (ACN) La economía cubana enfrenta un escenario excepcionalmente adverso, marcado por las dificultades para acceder a suministros externos estratégicos, como los combustibles.
Esto sucede con cada nueva vuelta de tuerca a las medidas coercitivas unilaterales y extraterritoriales contra Cuba, reforzadas en el último semestre con un cerco energético y sanciones adicionales por parte de Estados Unidos.
Así, este hecho ha ido configurando una conclusión que se abre paso por la fuerza de las circunstancias: la mejor vía para fortalecer la economía cubana es el desarrollo endógeno.
La materialización de esa premisa exigía, sin embargo, un instrumental institucional que hasta ahora no existía y que comienza a vislumbrarse en las recientes transformaciones aprobadas por el Parlamento cubano.
Estas no son ajustes coyunturales, sino la respuesta arquitectónica a un desafío histórico.
Su lógica profunda es la creación de los mecanismos necesarios para que los actores económicos nacionales del sector estatal, el cooperativo y el privado funcionen como un tejido productivo integrado y con menor propensión importadora.
Dos innovaciones ilustran este cambio de enfoque, en primer lugar, la Plataforma Nacional de Encadenamientos Productivos, concebida para resolver un problema objetivo de fragmentación y asimetría de información entre actores nacionales.
No se trata de un llamado a la colaboración voluntaria, sino de un mecanismo institucional que permitirá a las empresas encontrar proveedores y compradores dentro de Cuba, reduciendo importaciones y, sustituyéndolas en función de las demandas reales del mercado interno.
La participación en esta plataforma podría dotar a los actores económicos de cadenas de suministro blindadas con recursos nacionales, disminuyendo la exposición a disrupciones externas.
Luego se encuentra la creación de las mipymes mixtas entre actores nacionales, una figura novedosa que trasciende la tradicional separación entre sector estatal y no estatal, permitiendo sinergias productivas antes jurídicamente inviables.
A ello se suma la apertura a una mayor participación de los cubanos no residentes en áreas históricamente vedadas, como las finanzas y la energía, canalizando flujos de capital y conocimiento hacia sectores estratégicos.
Las recientes transformaciones, en su conjunto, operan sobre un principio rector: la reducción de las restricciones para el ejercicio de las actividades económicas por parte de todos los actores.
Esta readecuación regulatoria no debilita al sector estatal; al contrario, genera las condiciones para su fortalecimiento al permitir la germinación de un ecosistema productivo más denso y competitivo.
Cuba se encuentra así frente a una oportunidad histórica: la de desarrollar las herramientas institucionales necesarias para que las soluciones endógenas puedan, en un horizonte de mediano y largo plazo, transformar la asfixia externa en un desafío gestionable, incluso en medio de las presiones externas más intensas en décadas.
