General Bartolomé Masó: uno de los grandes de la Patria

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Por Aldo Daniel Naranjo (Historiador) | 14 junio, 2026 |
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Uno de los padres fundadores de la nación, el último de los Presidentes del Consejo de Gobierno del Ejército Libertador, el mayor general Bartolomé de Jesús Masó Márquez, falleció en la finca La Jagüita, municipio de Manzanillo, el 14 de junio de 1907, hace 119 años.

En su testamento mantuvo viva la fe en la obtención de la verdadera independencia de Cuba, el despojare de toda tutela de los Estados Unidos y en forjar una verdadera república democrática y popular.

La esencia de la vida republicana la definía en dos conceptos esenciales: gobierno de iguales y justicia para todos.

Llamativamente, en su última voluntad vertió algunos criterios sobre lo que debían aprender los niños cubanos sobre Estados Unidos: “Enseñarles su idioma para que lo estudien en provecho de Cuba; sus virtudes, para que las imiten; sus defectos y vicios, para que no caigan en ellos, y con la verdad desnuda y si apasionamiento su deseo constante de anexionarse a Cuba…”

Para concretar la patria libre y soberana, solicitaba con una extraordinaria clarividencia formar virtudes ciudadanas y cívicas en la niñez y la juventud: “…darle a los niños, para defender a su Patria, fuerzas de inteligencia y de cuerpo, pues a ellos toca formar la familia cubana que ha de continuar la lucha por la Independencia, Libertad y Soberanía de Cuba por la más digna de las luchas, la de la inteligencia, la del deber y recto proceder”.

UN HOMBRE LIBERAL LIBREPENSADOR

Masó había nacido en Manzanillo, el 21 de diciembre de 1830. Cursó estudios en el convento Santo Domingo de la ciudad de Bayamo, donde se formó como un joven liberal y humanista. Desde esos tiempos cultivó la poesía, la oratoria y el periodismo.

Se formó como contador en escuelas de la ciudad de Santiago de Cuba y en Manzanillo administró varias haciendas y comercios familiares.

En las elecciones de 1860 para integrar el ayuntamiento local fue vetado como regidor, debido a sus ideas demasiado liberales, incluso inclinadas a la independencia absoluta.

En Manzanillo fundó el periódico El Comercio, el que mantuvo hasta 1868. Integró la Junta Revolucionaria de Manzanillo, desde el 27 de agosto de 1867, presidida por Carlos Manuel de Céspedes, fogoso y liberal. Asimismo, ingresó en la logia Buena Fe, creada en Manzanillo, en abril de 1868.

Fue uno de los que, junto a sus hermanos Isaías y Rafael Masó, animó el estallido bélico del 10 de octubre de 1868, en el ingenio azucarero La Demajagua, en la comarca manzanillera.

Los conspiradores consideraron que poseía cualidades excepcionales para dirigir el proyecto revolucionario, por lo que le exaltaron a segundo jefe del naciente Ejército Libertador con el grado de teniente general.

Desde ese momento escribió una brillante hoja de servicios a su Patria, elocuente de sus integridades patrióticas, su lealtad a los principios revolucionarios y capacidades como estratega político y militar.

A raíz del congreso constituyente de Guáimaro, en abril de 1869, renunció, como Céspedes, a sus antiguos títulos. Pero en el escalafón del Ejército Libertador le mantuvieron la graduación del teniente coronel, con el que ocupó el puesto de director de Hacienda de los distritos de Bayamo y Manzanillo.

Más tarde, mandó pequeñas y mediadas unidades en Bayamo, Holguín y Jiguaní. El presidente Céspedes le extendió el nombramiento de coronel y le colocó como subsecretario de la Guerra. Contento de su desempeño, meses después, lo promovió a la secretaria de este vital ramo.

De igual manera, resaltó como un patriota de amplias miras políticas, por lo que las tropas de Oriente lo eligieron diputado a la Cámara de Representantes. Acompañó al presidente interino Salvador Cisneros a Lagunas de Varona, en abril de 1874, para conjugar la sedición liderada por el general Vicente García.

COMBATIENTE DE BARAGUÁ

Disgustado por los rejuegos políticos de la Cámara mambisa renunció a su escaño parlamentario. Primeramente, por la arbitraria e inconstitucional deposición de Céspedes y, segundo, por la manera moderada de solucionar el conflicto de Laguna de Varona, con la renuncia del magistrado Cisneros.

De nuevo como combatiente de línea, asumió el mando de un regimiento en Holguín y después de otro en Manzanillo. Su hoja de Servicio hasta 1878 recogía su participación directa en 18 batallas y combates, aunque los estudios historiográficos han demostrado que fueron mucho más.

En septiembre de 1877, recibió la estrella de general de brigada, pasando a dirigir la brigada de Manzanillo, blanco en esos momentos de vacilaciones y traiciones de algunos de sus principales jefes. Con mano firme Masó trató de remediar los males creados por las deslealtades.

Tras la firma del Pacto del Zanjón, acudió al poblado de Yara, en los primeros días de marzo de 1878, para sostener entrevistas con el general español Arsenio Martínez Campos, quien trabajaba para pacificar las zonas de Manzanillo, Bayamo y Jiguaní. El jefe hispano logró convencer a los mayores generales Modesto Díaz y Luis Figueredo y al brigadier Juan Fernández Ruz para l rendición de las armas.

Por su parte, el brigadier Masó planteó que antes de tomar una decisión debía sondear la opinión de las demás unidades que peleaban en Oriente. Al conocer que el general Máximo Gómez se hallaba en un barco en el puerto de Manzanillo, con la resolución de marchar a Jamaica, Masó solicitó a Martínez Campos permiso para celebrar una entrevista con el ilustre dominicano.

El general Gómez lo puso al tanto de la marcha de los sucesos políticos y militares en Camagüey, que condujeron al Pacto de El Zanjón. A la vez le refirió la postura intransigente del general Antonio Maceo, jefe de la división de Santiago de Cuba, quien no estaba de acuerdo de una paz sin independencia.

Con el pretexto de consultar a los demás jefes insurrectos de Oriente, Masó se alejó de Yara y encaminó sus pasos al campamento del general Maceo en la sabana de Barigua. Animado del mismo ideal de Maceo, resolvió acompañarlo en la histórica Protesta de Baraguá.

UNA LUCHA DE TREINTA AÑOS

Fracasada la Guerra Grande, el brigadier Masó no desmayó en su ideario independentista ni en la forja de la república de todos.

Estuvo en la fragua de la denominada Guerra Chiquita. A causa de este brote insurreccional fue detenido en Manzanillo y puesto preso en varias cárceles de España y Marruecos. Apoyó la conspiración de Antonio Maceo en 1890, conocida como la Paz del Manganeso.

Desde 1892 York apoyó el proyecto libertador de José Martí, atendiendo varios delegados del Maestro en Manzanillo. A todos trasmitía su disposición de combatir hasta el último aliento el colonialismo español.

No es casual que el 24de febrero de 1895 se alzara en su feudo de Bayate, Manzanillo, al frente de más de 200 hombres,  con el objetivo de “hacer la guerra de Martí”, sin importarle sus 65 años de edad.

Oriente, Camagüey y Las Villas conocieron de su profunda vocación patriótica e independentista. Fundó el Segundo Cuerpo del Ejército Libertador en Oriente, en los territorios de Bayamo, Manzanillo, Jiguaní, Holguín y Las Tunas.

El general en jefe Máximo Gómez, tras su desembarco por las costas de Guantánamo, oficializó la existencia del mando de Masó y le entregó las estrellas, bien ganadas, de mayor general.

En la Asamblea de Jimaguayú, septiembre de 1895, fue elegido Vicepresidente del Consejo de Gobierno. Dos años después, en octubre de 1897, en la Asamblea de La Yaya, salió electo presidente del organismo mambí.

En noviembre de 1897, ante ciertas declaraciones del presidente de Estados Unidos al Congreso de su país, sobre una posible intervención en la guerra hispano-cubana, Masó comentó con tino: “Nosotros hemos de llegar a la meta de nuestras aspiraciones en la guerra contra España, sin la extraña ayuda de Estados Unidos”.

Y, a mediados de febrero de 1898, cuando el acorazado Maine, de la armada norteña, explotó en la bahía habanera, avizoró ese suceso como el pretexto para inmiscuirse directamente en los asuntos cubanos. En tal sentido explicó: “Está próximo el día de la intervención norteamericana y no me parecen claros sus propósitos: esa gente no trabaja en balde”.

ENTEREZA E INTRANSIGENCIA REVOLUCIONARIA

Y, la intervención no se hizo esperar, en abril de 1898. En una Isla ocupada por tropas estadounidense, con un gobernador general gringo en La Habana, el general Masó siguió condenado la usurpación de la independencia y la soberanía y de manera pública solicitaba la creación de la República de Cuba, con su Constitución y su propio gobierno.

Cuando se concretaban estos pasos, apareció la nefasta Enmienda Platt. Una vez más, el general Masó, la condenó como un flagelo indeseable e intervencionista: “El objetivo de la Revolución Cubana ha sido la total independencia: nuestro propósito no es entregarla a quien considera la Isla como su presa”.

Un hueso duro de roer por los yanquis, sin dudas, el general Masó no podía ser de ninguna manera el candidato de los ocupantes estadounidenses. Por eso, vetaron su ascenso al poder ejecutivo.

A pesar del cerco de Washington, de su abierta política anexionista y los mecanismos que usaban para mantenerla bajo su tutela, Masó, gran patriota y estadista, pronosticó: “¡Cuba ha de ser libre, independiente y soberana!”.

Él no llegó a verlo la independencia y la libertad soñada, porque cuando falleció en 1907 Cuba estaba nuevamente ocupada por la segunda intervención yanqui. Pero las generaciones posteriores, hijas de patriotas valientes, íntegros y humanistas, la hicieron libre, independiente y soberana.

El general Bartolomé Masó es merecedor de todos los honores por su entereza, patriotismo e intransigencia revolucionaria. Es uno de los grandes de la patria.

FUENTES: Rufino Pérez Landa: Bartolomé Masó y Márquez, estudio biográfico documentado (1947); Nemesio Lavié vera: Bayate. Índice de la Revolución de 1895 (1951) y Centro de Estudios Militares de las FAR: Diccionario enciclopédico militar de historia de Cuba (2006).

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