
En “Las Van”, comunidad de Jiguaní, en la provincia de Granma, la imaginación parece tener una dirección propia. Se mueve por las calles, entra en las casas, se detiene en las conversaciones y, de pronto, encuentra refugio en un cuaderno. Allí, entre palabras y dibujos posibles, nace esta historia:
Héctor Luis Leyva Cedeño conoce bien el trayecto. Se desplaza en una silla de ruedas, pero su literatura viaja mucho más lejos: cruza fronteras, visita mundos mitológicos, conversa con criaturas extrañas y se asoma a los territorios infinitos de la infancia.
Su relación con el arte comenzó temprano, en la escuela Solidaridad con Panamá, institución destinada a niños en situación de discapacidad. Allí no solo aprendió a mirar el mundo desde otras perspectivas, también formó parte de La Colmenita, la reconocida compañía de teatro infantil cubana dirigida por Carlos Alberto “Tin” Cremata.
El escenario le ofreció una primera lección sobre la imaginación. Quizá por eso, en sus textos, la realidad nunca permanece quieta. Los personajes cambian, se transforman, se contradicen y descubren que la identidad no es una jaula, sino una posibilidad.
Quizás por eso, en sus textos, los personajes cambian, se transforman, se contradicen y descubren que la identidad no es una jaula, sino una posibilidad.
En su universo literario confluyen varias admiraciones: Antoine de Saint-Exupéry le enseñó la profundidad que puede esconderse en una historia aparentemente sencilla; Onelio Jorge Cardoso, la capacidad de encontrar poesía en la vida cotidiana; y Lewis Carroll, el gusto por los laberintos del absurdo, el sueño y la paradoja.
Como escritor sabe que la infancia no necesita discursos solemnes, sino relatos capaces de hablarle desde sus propios referentes: el juego, el asombro, la aventura y el humor.
Esa mirada se encuentra en Cuentos feos, su primer volumen, publicado por Ediciones Bayamo y distinguido en 2011 con el Premio La Puerta de Papel del Instituto Cubano del Libro.
Antes y después de ese reconocimiento llegaron otros lauros. En 2009 recibió el Premio Sigifredo Álvarez Conesa y en 2013 el Escaramujo. Más recientemente, Mi vecino mitológico y otros cuentos transformista obtuvo el Premio Nacional Emilio Ballagas 2024, en Camagüey que confirma la vitalidad de una obra que se mueve entre lo fantástico y lo cotidiano.
En sus manos está el escritor, el dramaturgo, el lector atento, el promotor cultural y el creador de mundos. Está también el niño que alguna vez descubrió, en una escuela y sobre un escenario, que la imaginación podía abrir puertas.
Por eso sus libros avanzan sin pedir permiso. No necesitan explicar quién los escribió antes de ser leídos. Les basta con sus personajes, sus conflictos, sus imágenes y esa capacidad de sorprender que distingue a la literatura verdadera.
Héctor Luis Leyva Cedeño se desplaza en una silla de ruedas. Sus historias, en cambio, no conocen fronteras.
