La Voz del Pueblo Cubano: precursor de la prensa revolucionaria cubana

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Por Gislania Tamayo Cedeño | 13 junio, 2026 |
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Fotos: Internet

La Voz del Pueblo Cubano fue el primer periódico clandestino editado en la Ciudad de La Habana  apareció el 13 de junio de 1852, en momentos en que era creciente la campaña de difamación que en toda la Isla venían haciendo los agentes españoles en contra de todo lo que alterase el llamado «orden» colonial.

La Voz del Pueblo Cubano en su primer número consignó lo siguiente: «este periódico tiene por objeto representar la opinión libre y franca de los criollos cubanos; propagar el noble sentimiento de la libertad de que debe estar poseído todo pueblo culto».

Se llamaba a combatir por la libertad, a luchar contra la tiranía entronizada, a derrocar el gobierno que representaba a España. Su editor era Eduardo Facciolo y Alba quien se convierte en el primer mártir del periodismo cubano, un joven de veintitrés años de edad, apresado por las autoridades coloniales en la imprenta donde editaba el cuarto número de La Voz del Pueblo Cubano, periódico clandestino del cual fue alma y brazo.

La publicación tenía como subtítulo el de “Órgano de la Independencia” y salió con fecha del 12 de junio de 1852 con una tirada de dos mil ejemplares. Ese primer número es una arenga al pueblo cubano, en la que se convoca a la lucha por el fin del dominio español.

Los periodistas proclamaban que: “Nada tememos (…) nuestra causa es justa, sagrada y noble, y esperamos de nuestros hermanos: prudencia, valor, reserva y desprecio a los cobardes delatores; precaución con los sospechosos y espías y de este modo La Voz del Pueblo Cubano será oída desde el confín americano hasta el antiguo continente donde residen los tiranos”.

Fotos: Internet

Eduardo Facciolo y Alba nació en el poblado de Regla, La Habana. Sus padres, Carlos, natural de la ibérica ciudad de Cádiz, y María de los Dolores, una cubana criolla.

En el año 1837 es alumno de la Escuela Elemental de Varones donde recibe su primera instrucción. Tiene en Juan Coca y Quintana al profesor que lo educa y en su expediente académico refleja que a los nueve años ya forma parte del alumnado de octava clase, el grado más adelantado de la época.

Siendo muy joven comienza a aprender el oficio de tipógrafo en la imprenta literaria a cargo de Domingo Patiño, la difícil realidad económica que afronta la isla golpea a la familia y lo obliga a buscar trabajo.

En pocos meses conoce todos los rudimentos de la labor. Posteriormente se desempeña como cajista en varias rotativas, hasta que 1844 ingresa al taller que edita el periódico Faro Industrial de La Habana, del cual llega a ser regente.

Se convierte en un linotipista cuidadoso y diligente. Es así como conoce a Cirilo Villaverde, José García de Arboleya, José María de Cárdenas, y otros escritores y periodistas que le inculcan el amor a la patria y los ideales revolucionarios.

Trabajó junto con el periodista Juan Bellido de Luna, radicado también en Regla, en la elaboración y edición de la publicación La Voz del Pueblo Cubano que en su primer número consignó lo siguiente: «este periódico tiene por objeto representar la opinión libre y franca de los criollos cubanos; propagar el noble sentimiento de la libertad de que debe estar poseído todo pueblo culto».

Luego de la edición de tres números y producto de una delación, Facciolo fue detenido el 23 de agosto de 1852 mientras imprimía el cuarto ejemplar y asumió toda la responsabilidad por la edición del primer periódico clandestino hecho en Cuba. El 28 de septiembre de 1852, le fue aplicada la pena de muerte en garrote vil, en la explanada de La Punta.

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