Marcelo Salado: Ferviente defensor de la obra martiana

Share Button
Por Gislania Tamayo Cedeño | 21 mayo, 2026 |
0

Un 21 de mayo de 1927, hace 99 años nació en Caibarién, Villa Clara Marcelo Salado Lastra, considerado con el devenir del tiempo “modelo de nuestra juventud por su total ejemplaridad de hombre nuevo”.

Matriculó la enseñanza primaria en el Colegio Presbiteriano La Progresiva, fundado en 1900 en Cárdenas, Matanzas, por el Reverendo Dr. Robert L. Wharton.

Conoce a José Antonio Echeverría y establece fuertes lazos de amistad, pues ambos compartían ideas e inquietudes revolucionarias muy similares, tal como derrocar a Batista.

También crea nexos afines con Fructuoso Rodríguez y Juan Pedro Carbó Servia.

Marcelo era un joven sensible y cariñoso, con gran fortaleza física, firmeza y espíritu, con un pensamiento revolucionario muy arraigado en profundas ideas y amor a la familia y a sus semejantes.

Cuando el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952 Marcelo atestiguó: “Pues yo me pienso ir para La Habana a hacer la Revolución, porque a Batista lo tumbamos o él nos mata a todos nosotros”.

Se relacionó con diferentes grupos de la insurrección. Es perseguido, sin embargo su participación en la lucha no disminuye, sino que adquiere relevancia política.

En mayo de 1956 cae preso y en la cárcel contactó con militantes del Movimiento 26 de Julio e ingresó a esta organización desde donde ejecuta diversas tareas.

Participó en las principales acciones realizadas en La Habana durante la lucha clandestina, como la noche de las cien bombas y en el secuestro del campeón mundial argentino de carreras de automóviles, Juan Manuel Fangio.

En mayo de 1957 Marcelo volvió a ser detenido. Conoce a varios jovenes e integra el Movimiento 26 de Julio, organización en la que ingresó y desempeñó múltiples e importantes responsabilidades.

Después de su primera detención y encarcelamiento se entregó en cuerpo y alma a la Revolución, lo cual alcanza su más alto nivel a partir de la llegada a La Habana de Faustino Pérez y Frank País, a finales de 1956, con la misión de reorganizar el Movimiento 26 de Julio.

 

En carta dirigida a sus padres, en septiembre de 1957, se dolía y criticaba a quienes se divertían con el sufrimiento ajeno viendo morir a  sus hermanos tratando de salvar la patria para que todos podamos sentirnos satisfechos de tener una nación  digna.

Dirige y organiza la huelga general del 9 de abril de 1958 en la capital. Sin noticias del desarrollo de la misma, se preocupa y abandona el apartamento donde funciona su estado mayor y se dirige a donde están los compañeros del Frente Obrero Nacional (FON), para que le explicaran qué había sucedido en el sector del Transporte porque el paro no fue total y algunas terminales no apoyaron la huelga.

En la calle es reconocido por dos matones de Esteban Ventura, que casualmente transitaban en dos autos, lo ametrallaron salvajemente. Secuestraron su cadáver por más 24 horas antes de entregarlo a sus familiares.

Treinta y tres perforaciones de bala tenía su cuerpo que fue tirado en el maletero de uno de los autos. Humillación y dolor caracterizaron aquel hecho.

Bien pudiéramos atestiguar que Marcelo fue un ejemplo de disciplina y entrega a la causa en defensa de la libertad de los humildes.

Esa condición de humildad, amor a la Patria, de libertad se aprecia en las cartas que le envía a su hermano desde La Habana en las que le expresa: “no abandones nunca tu espíritu de lucha, desinterés y amor por la humanidad, confío que alguna vez cese el abuso norteño que nos exprime y que sepamos darnos a nosotros mismo un sistema de gobierno decoroso”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *