
El salto de altura desafía las leyes físicas, pero también las mentales. No se trata solo de elevar el cuerpo por encima de una varilla; se trata de convencer a la mente de que el vacío es dominable.
Ese diálogo interno lo conoce muy bien Dacsy Brisón. Nacida en La Habana, pero cobijada bajo los colores de Mayabeque, esta joven de mirada fija y hablar pausado se ha convertido, por derecho propio, en la reina actual del salto alto en Cuba.
En su reciente demostración en la Copa Cuba de Atletismo, celebrada en el Estadio Panamericano, se coronó campeona, sin oposición, con un registro de 1,85 metros y luego se alzó hasta 1,92 en un mitin en Lucca, Italia.
Aunque esa marca le bastó para reinar en casa, Dacsy sabe lo que es estar más cerca de las nubes. En febrero de este año firmó un notable 1,89 bajo techo en Moscú y en agosto de 2025 estampó su marca personal con unos imponentes 1,93.
Con esas credenciales y el bronce de San Salvador-2023 en su expediente, enfrenta el reto de liderar el renacimiento de una especialidad histórica para el deporte cubano, de cara a los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo este verano.
«Yo empecé como voleibolista, ese era mi mundo. Pero el profesor Julián Jiménez me vio condiciones y me invitó a probar en el atletismo. Entré prácticamente desde cero. Al principio alternaba el salto de altura con el triple, donde, de hecho, no lo hacía nada mal, pero al final me decanté por el primero. Sentí que ahí estaba mi verdadero camino», declaró Dacsy Brisón a Granma.
–Asumes el liderato de una especialidad que en Cuba tiene nombres sagrados como los de Ioamnet Quintero y Silvia Costa. ¿Cómo convive una atleta tan joven con esas sombras gigantes del pasado?
–Es un reto enorme, una responsabilidad que me empuja todos los días. Ellas son dos leyendas, referentes mundiales. Prefiero mirar su legado, no como presión, sino como inspiración. Voy paso a paso, en mi propia evolución. El año pasado experimenté un salto de calidad muy grande, sé que el proceso es lento y lleva tiempo, pero confío en que, con constancia, puedo llegar a la altura que ellas representan.
–El alto rendimiento en Cuba exige más que talento; exige una resistencia casi espartana ante las carencias materiales y condiciones de vida. ¿Cómo se blinda Dacsy para que no la afecte?
–Es sumamente difícil, no lo voy a negar. Y más en un evento técnico como el nuestro, donde dependes de tantos detalles externos, desde la calidad de la pista hasta la implementación. A veces la infraestructura no ayuda, pero ahí es donde entra el factor humano.
«Tengo la suerte de contar con un gran entrenador que me apoya en todo momento. He aprendido algo fundamental: cuando tus objetivos son grandes y tienes una meta clara en el horizonte, las dificultades pasan a segundo plano. Yo me aferro a mi propósito».
–En San Salvador-2023 te colgaste una meritoria medalla de bronce. ¿Para Santo Domingo-2026 el objetivo cambia de color?
–Totalmente. Mi meta para estos Juegos Centroamericanos es muy clara y no tengo miedo de afirmarlo: voy por la medalla de oro. Sé que tengo el potencial para lograrlo y para eso me levanto a entrenar cada mañana. Quiero cambiar el bronce por el título.
«Aspiro también a clasificarme para el World Athletics Ultimate Championships en septiembre. El torneo reunirá exclusivamente a la élite mundial y sería un orgullo inmenso representar la Isla allí. Diseñamos la ruta para buscar las competencias necesarias que me permitan acumular los puntos en el ranking y asegurar esa plaza».
–Ver a Cuba pelear de nuevo en el salto de altura femenino a nivel global… ¿qué tanto te motiva esa idea?
–Me motiva muchísimo. Saber que nuestro país sigue produciendo atletas capaces de competir de tú a tú con las mejores del mundo es un orgullo. Ser parte de esa historia y trabajar para devolverle el brillo es el mayor motor que puedo tener.
A sus veintipocos años, la saltadora combina la frescura de la juventud con la madurez de quien entiende que el éxito no se cocina en un día. «Todo lleva su tiempo», reflexiona con paciencia. «Esta disciplina es de procesos largos y, aunque he experimentado mejoras notables, sé perfectamente que no existen los atajos», detalló.
Para Dacsy Brisón, el desafío mayor en la actualidad va más allá de lo puramente técnico. La falta de fogueo sistemático en el circuito internacional y la ausencia de una rivalidad interna de nivel son escollos que asume con total lucidez.
«Me llevo de maravilla con mis compañeras de equipo, pero la realidad es que todavía son muy jóvenes», confesó sin rodeos. «No tengo en casa esa rivalidad sana y directa que te empuja a superarte en cada entrenamiento. Y, hablando en buen argot deportivo, yo necesito esa presión para poder crecer».
Curiosamente, Brisón ha tenido que aprender a ser su propia oponente. «Es una paradoja, porque mis mejores marcas las he conseguido compitiendo prácticamente sola en la pista», añadió. Sin embargo, sabe que el salto de calidad definitivo solo llegará cuando deba enfrentar el empuje de contrincantes de calibre mundial.
Esa exigencia que tanto añora la encontrará este verano en Santo Domingo. Tras firmar una prometedora campaña invernal bajo techo, la cita regional se presenta como el escenario ideal para poner a prueba su capacidad de respuesta bajo presión extrema.
Para la afición que sigue con lupa cada una de sus presentaciones, tiene un mensaje cargado de fe y compromiso: «Solo les pido que sigan confiando y apoyándome. Que sepan que no voy a dejar de esforzarme por regalarle alegrías a Cuba».
El camino hacia Santo Domingo está trazado. En la pista, la varilla la espera; en su mente, la certeza de que el vuelo apenas comienza.
