
Los agricultores granmense buscan recuperar la producción cafetalera, tras una temporada marcada por las lluvias y los daños del huracán Melissa.
Enfrentan la campaña 2026-2027 en un contexto complejo, por el que atraviesa el país, a causa del recrudecido bloqueo económico, comercial y financiero y cerco energético, impuesto por el Gobierno de los Estados Unidos contra Cuba.
La cosecha avanza en seis municipios, con responsabilidad protagónica para el sector campesino y cooperativo, estructuras de acopio y otras fuerzas de apoyo, las cuales asumen el reto inmediato de recoger a tiempo un volumen creciente de frutos maduros para evitar pérdidas en los cafetales.
La atención está concentrada en la velocidad de maduración, en momento en que las más recientes precipitaciones, combinadas con temperaturas elevadas podrían acelerar este proceso en las plantaciones.
Las próximas semanas serán especialmente importantes para Guisa, Buey Arriba y Bartolomé Masó, macizos montañosos, que concentran los mayores compromisos de acopio en la zafra, sin obviar los colectivos de Campechuela, Media Luna y Pilón, de los que penderá el resultado final, no solo de cuánto produzcan los cafetales, sino de la capacidad para movilizar recolectores, retirar el fruto en el instante adecuado y procesarlo antes de convertirse en una pérdida.
El desafío no consiste solamente en alcanzar el estimado de recolección: la eficiencia dependerá también de reducir las mermas entre la finca y la industria, en particular si durante las venideras jornadas se produce el aumento acelerado de maduración en el grano.
El escenario adquiere superior relevancia por las dificultades que pasa la caficultura con los problemas de abastecimiento de insumos, interrupciones eléctricas y atrasos en los pagos a productores, factores que complican las tareas necesarias para sostener y recuperar las plantaciones.
A pesar de las limitaciones, Granma mantiene la decisión de defender cada tonelada como parte del acontecer nacional por sostener producciones estratégicas en medio de estrecheces materiales y financieras.
RESPUESTA DESDE EL LOMERÍO
Juan Roberto Méndez Milanés, especialista en la Empresa agroforestal Batalla de Guisa, dijo que el mayor pico de maduración lo reportan las cooperativas, enclavadas en las zonas de La Plata, Victorino, La Palma del Perro y La Toronja y que participan en la recolección del grano, fuerzas internas de obreros, campesinos y familiares, junto a movilizados del territorio.
Méndez Milanés informó que tienen el 25 por ciento del plan estimado con más de 11 mil latas acopiadas hasta la fecha y que mantienen un sistema de protección de la producción en el campo, puntos de acopio, despulpadoras y secaderos.
Mientras, Ismael Cuzata Tamayo, quien dirige la unidad de beneficio húmedo denominada Pilón, en Victorino, asegura que en el cafetal aun quedan granos suficientes para alcanzar la meta de más de tres mil latas en su área.
Cuzata Tamayo señaló que no es una cosecha como otras, sino ¨atípica¨, tuvo 15 floraciones, una buena respuesta, mientras otras en menor cuantía, fueron más pequeñas y se extendieron hasta mayo último.
Explicó que acopian, despulpan, lavan y le dan la humedad imprescindible para conservar el café en el almacén y trasladarlo después, a la planta industrial en la cabecera del municipio.
¨La corriente eléctrica falta como en el resto del país. Aún así, el grano acopiado se guarda en agua, dentro de una tolva y beneficia cuando el servicio llega aunque sea de madrugada¨, destacó el experimentado caficultor.
Al respecto, Osvel Cedeño Milanés, director de la entidad, reconoció el desempeño de estos colectivos y la Comisión de zafra que integran los representantes de las instituciones en cada comunidad que deciden la realización de una buena cosecha.
La campaña cafetalera en la provincia es una prueba de resistencia, organización y soberanía y no puede escatimarse esfuerzo, para aprovechar una riqueza que crece en la histórica Sierra Maestra cuando toda la nación lo precisa.
