
El símbolo redentor de La Demajagua, la campana de bronce que tañó el 10 de octubre de 1868, Fidel Castro acudió a buscarla a Manzanillo, el 30 de octubre de 1947, acompañado por Lionel Soto Prieto.
Fidel llegaba en representación de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), en su calidad de vicepresidente de la escuela de Derecho, de la Universidad de La Habana.
Su intención, como la de otros jóvenes, era utilizar la sagrada reliquia para presidir un acto en la Escalinata de la Universidad habanera, el 6 de noviembre, contra el Gobierno corrupto de Ramón Grau San Martín, y seguir llamando a la vergüenza nacional.
La famosa reliquia fue situada en el Salón de los Mártires de la FEU, cubierta por una bandera de Carlos Manuel de Céspedes y quedó bajo custodia de los estudiantes, quienes, por disposición de Fidel, montaron turnos de guardia.
Sin embargo, en la madrugada del 6 noviembre, una camarilla gansteril, al servicio del régimen antipopular, dirigida por Eufemio Fernández Larrea, secuestró la campana y la llevó ocultamente a un apartamento del Vedado.
Las protestas estallaron en todo el país, particularmente, en La Habana y Manzanillo. No obstante, en la noche de ese día, como estaba previsto, se llevó a cabo el acto patriótico en la Escalinata. A la condena de la corrupción, el asesinato político y el gansterismo del régimen grausista, se sumaba la indignación masiva por el hurto del símbolo nacional.
En ese acto, Fidel denunció el robo de “inaudito y de ultraje a la reliquia de la República” y calificó de “apóstatas” a los autores del despreciable hecho.
Ante la presión popular, los ladrones la pusieron, silenciosamente, en el portal de la casa del general de brigada del Ejército Libertador, Enrique Loynaz del Castillo. El luchador independentista la llevó personalmente al Palacio Presidencial y la colocó en manos de Grau, quien, de manera fingida, anunció el “hallazgo” en conferencia de prensa.
Por fin, el 12 de noviembre de ese año, la campana fue devuelta, por avión, al Ayuntamiento de Manzanillo. Allí estuvo hasta que, en octubre de 1968, al inaugurarse el Parque Nacional La Demajagua, se integró al conjunto monumentario como su sitio perpetuo.
