Raúl Castro: Luz siempre viva

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Por Aldo Daniel Naranjo (Historiador) | 29 mayo, 2026 |
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FOTO/ Cubadebate

La inteligencia, el patriotismo, el valor a toda prueba, la lealtad y el humanismo, entre otras excelsas cualidades, lo erigen en líder indiscutible del proceso revolucionario cubano a partir de la segunda mitad del siglo XX.

Desde que empeñó sus luchas por la definitiva libertad de su pueblo, Raúl Modesto Castro Ruz se ganó el aprecio y la admiración de su pueblo por su devoción patriótica, la disciplina, la rectitud, la toma de decisiones y la voluntad de vencer a toda costa.

Nacido el 3 de junio de 1931, destacó en la Universidad de La Habana como combativo estudiante por la autonomía universitaria, la denuncia del gansterismo y el activismo en las huelgas contra la dictadura de Batista.

En ese tiempo, ingresó en las filas de la Juventud Socialista Popular y en junio de 1953 participó en la Conferencia Internacional de la Juventud, celebrada en Viena, y seguidamente en la reunión del Comité Internacional Preparatorio del IV Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes a celebrase ese año en la ciudad de  Bucarest, Rumanía.

LOS DÍAS DEL MONCADA

Abrazó como suyo el proyecto liberador fraguando por su hermano Fidel Alejandro Castro, el que tuvo como primer paso destruir por medio de la lucha armada la feroz tiranía batistiana.

De manera disciplina Raúl asistía a los entrenamientos militares, cumplía órdenes y reclutaba prosélitos para la cruzada libertaria. El 25 de julio de 1953, mientras viajaba en tren con rumbo a la ciudad de Santiago de Cuba, en compañía de otros conspiradores, fue que conoció que el objetivo consistía en atacar el cuartel Guillermo Moncada.

En la Granjita Siboney, al amanecer del glorioso 26 de julio, recibió la misión, al mando de diez hombres, de ocupar el estratégico Palacio de Justicia y desde la azotea del edificio apoyar el ataque a la segunda fortaleza militar de Cuba. Con seriedad marchó al combate: hicieron prisioneros a ocho militares y un civil y luego hicieron fuego hacia el cuartel.

A la hora de la retirada logró avanzar hasta las cercanías de San Luis, donde una pareja de guardias rurales lo detuvieron. No dio su verdadero nombre y negó cualquier implicación en los hechos del Moncada. No obstante, fue enviado al vivac santiaguero, donde ante abogados y periodistas dio a conocer públicamente su verdadera identidad: “Soy Raúl Castro y participé del asalto al cuartel Moncada”.

En ese momento señaló que asumía toda la responsabilidad del frustrado ataque armado. Lo hizo porque suponía que habían matado a Fidel y sabía que Abel también había caído asesinado. Consideraba que algunos de los sobrevivientes debían asumir la dirección de aquella acción.

Una vez conocida la prisión de Fidel y su ingresó al vivac, para el público quedó claro el liderazgo indiscutido del tempestuoso abogado. Entonces Raúl pudo decir, tranquilamente, en el juicio del Moncada, en septiembre de 1953: “Yo soy un simple soldado a quien se le asignó una posición y un cometido”.

Al igual que Fidel convirtió el juicio en una tribuna para legitimar la acción revolucionaria y denunciar el carácter ilegítimo del régimen batistiano, obra de un golpe de Estado. Sus palabras fueron de aliento y combate: “Todos los que participamos en el ataque al Moncada vamos a decirlo claramente, como vamos también a decir otras cosas…” Posición firme sobre la necesaria continuidad de lucha y de cargos contra los horrendos crímenes perpetrados por la tiranía.

Semejante postura mantuvo al denunciar el temor de que su hermano Fidel Castro fuese blanco de una conjura maquinada en la cárcel de Boniato para asesinarlo. Valientemente manifestó: “Yo propongo que se suspenda este juicio porque nuestra presencia en Boniato pudiera evitarlo”.

Y, consciente del alto significado de la pérdida del líder del Movimiento revolucionario en aquellas circunstancias, sentenció ante los jueces: “Si matan a Fidel van a tener que hacer una masacre allí y acabar con todos nosotros, porque no vamos a tolerar tranquilamente que se cometa impunemente ese crimen”.

Asimismo, aprovechó su interrogatorio para anunciar algunas de las medidas del proyecto en marcha con la finalidad de adecentar el país, comenzando por la aplicación de una reforma agraria y una campaña de alfabetización.

Por los sucesos del Moncada Raúl fue condenado a 13 años de prisión, en Isla de Pino, hoy Isla de la Juventud. Detrás de las rejas, mantuvo el mismo espíritu combativo, mientras seguía estudiando las doctrinas sociales encaminadas al bienestar del pueblo.

MÉXICO, EL GRANMA Y LA SIERRA MAESTRA

El pueblo identificó en los moncadistas y cespedistas, los protagonistas del ataque a los dos cuarteles orientales, como los combatientes del pelotón de vanguardia de la transcendental obra revolucionaria de destruir la dictadura y alcanzar la verdadera libertad y toda la justicia.

A causa de la fuerte presión popular fueron indultados, en mayo de 1955. Pero los jefes batistianos fraguaron planes para asesinar a Fidel y Raúl. Sin poder desarrollar una lucha política y cívica en el país, a 35 días de su salida de prisión, logró asilarse en la embajada de México. De esta manera, Raúl repercutió como el primer perseguido político que, después de ser promulgada la ley de amnistía, se acogiera a la protección de una sede diplomática.

La tierra azteca sirvió para nuclear a los dispuestos a continuar la gesta libertaria, adquirir armas, entrenarse militarmente, ejercitarse como fotógrafo y forjar nuevas amistades, como las del médico argentino Ernesto Che Guevara.

En México Raúl asumió las palabras de Fidel: “…en 1956 seremos libres o seremos mártires”. Además, escribió su testamento político, firmado de conjunto con su amigo Antonio López Fernández (Ñico). En el documento plasmó su ideario de una Cuba libre y soberana y la confianza en la victoria.

En uno de sus párrafos sentenció: “Con plena confianza pueden expresarse así dos jóvenes totalmente identificados en todos los órdenes y conceptos revolucionarios y en lo particular como verdaderos hermanos, incapaces de traicionarse entre sí el más insignificante principio, ya que estos constituyen nuestra razón de ser y a los mismos les ofrendamos nuestras vidas jóvenes y puras.”

Hombre de resoluciones, integró la expedición del yate Granma para reiniciar la lucha antibatistiana. Desde el 24 de noviembre de 1956 comenzó a escribir su Diario de campaña, cuya primera parte llegó hasta el 31 de marzo de 1957. Por su capacidad para el mando, disciplina y lealtad a la causa fue ascendió al grado de capitán y asumió el mando del pelotón de retaguardia, integrado por 21 hombres.

De su llegada a Los Cayuelos, en la costa de Niquero, por donde pisa por vez primera la tierra de la actual provincia Granma, anotó en el diario: “Como a las 5:30 o 6:00 a. m. por equis motivos, se tomó en línea recta y encallamos en un lugar lodoso para meternos en la peor ciénaga que jamás haya visto u oído hablar. Me quedé hasta lo último tratando de sacar la mayor cantidad de cosas, pero después en aquel maldito manglar tuvimos que abandonar casi todas las cosas. Más de cuatro horas sin parar apenas, atravesando aquel infierno”.

En la finca El Salvador, posteriormente bautizada como Cinco Palmas, erigió otra página gloriosa de la historia, con el recuentro con su hermano Fidel. Momento de muchas emociones, porque llegó con hombres y armas. El optimismo de Fidel explotó radiante, ante los siete fusiles reunidos: “Ahora sí ganamos la guerra”.

Su figura adquirió relieves de girante en las montañas, librado combates y en estrecho contacto con los pobladores serranos. Primero mandó un pelotón y posteriormente la columna no. 6 Frank País. La Plata, Llanos del Infierno, El Uvero, Palma Mocha, El Salto, Pino del Agua y El Pozón, ilustran su temple de guerrillero y condición de táctico y estratega militar.

Pero su mayor proeza en la guerra fue fundar el Segundo Frente Oriental Frank País, con 67 efectivos de la columna 6. Su traslado desde Pata de la Mesa, en el corazón de la Sierra Maestra, hasta la sierra del Cristal, implicó inteligencia, disciplina y audacia.

A través de principios y métodos militares creó un frente guerrillero modelo, capaz de crear su propia industria militar, su aviación y un sistema de gobierno acorde las circunstancias, con inclusión de todas las clases sociales.

GUÍA INCUESTIONABLE

La obra diversa y universal de Raúl Castro es un fenómeno que acompaña a los cubanos, despertado cariño y admiración. Es una vigencia no solo en la realización del proyecto socialista, sino como herramienta para el entendimiento de las realidades contemporáneas.

La labor de primer orden para los científicos sociales será la de adentrarse en el legado de Fidel y Raúl Castro, unas veces por los útiles fines divulgativos y otras para asumir un aprendizaje siempre favorable al perfeccionamiento del ser humano y de la sociedad en su conjunto.

Más que un referente obligado es núcleo fundamental de la ideología y eje de la política de un pueblo para el cual se ha revelado como guía incuestionable. Raúl es una luz siempre viva.

FUENTES: Martha Rojas Rodríguez: El juicio del Moncada (1963); Heberto Norman Acosta: La palabra empeñada (2005); y Raúl Castro Ruz: Obras escogidas (2024)

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