
En las intrincadas lomas de la Sierra Maestra, pertenecientes a la zona oriental de Cuba, campesinos de la zona de Vegas de Jibacoa se reúnen hace exactamente 68 años, el 25 de mayo de 1958 con el líder de la revolución cubana Fidel Castro.
Antes del triunfo revolucionario el Primero de enero de 1959 se escuchaban los gritos de lamentaciones por los desalojos y las condiciones infrahumanas en que vivían los pobladores de las montañas.
Junto a Celia Sánchez Manduley, Ernesto Che Guevara y otros destacados combatientes de la guerrilla conversó Fidel Castro con más de 300 campesinos serranos.
El objetivo fundamental era promover acciones para que en medio de la guerra no se perdiera la cosecha cafetalera. Para las nobles personas del lomerío era un gran acontecimiento que el protagonista de las luchas en las montañas y el llano por la libertad social, estuviera dialogando de manera sencilla y diáfana con ellos.
Estos lugareños que solo recibían maltratos de los terratenientes, que nunca tenían hogar fijo pues las expulsiones eran constantes e inhumanas fueron los receptores de la primera vez que el dirigente estudiantil, convertido en guerrillero, le hablara a una gran masa de campesinos.
La tienda de Santiago Gómez fue el escenario de reunión. Dos puntos esenciales fueron tratados, la cosecha de café y temas generales de interés para los presentes. La situación imperante en la zona fue asunto de análisis así como las proyecciones para después del triunfo de la Revolución, que significaría el éxito del proletariado.
Enrique Olivera, uno de los principales y más destacados organizadores de la reunión recordaba que:
“…Trabajamos mucho para lo de la reunión y por fin comenzó el 25 de mayo de 1958 a la 1:00 p.m. pero desde las 7 a.m. comenzó a llegar la gente, tuvimos que acomodar la tienda que era bastante grande, quitarle todos los escaparates y estantes, le pusimos bancos y la gente se acomodó se preparó todo para celebrar un acto, con banderas cubanas y del 26 de julio.
De esta manera, confluyó en lo intrincado el debate, los aplausos y el compromiso de recolectar el café necesario. De ser preciso, los guerrilleros trabajarían en esta tarea.
Esta conversación hizo que los barbudos ganaran prestigio entre las personas de una de las clases más explotadas. El apoyo fue inminente desde los tiempos de guerra.
En Pasajes de guerra revolucionaria, el Che al referirse a la trascendencia y ambiente en que transcurrió el hecho, apuntó:
“Le había dado cita a unos trescientos cincuenta campesinos muy interesados en resolver sus problemas de cosecha. Fidel había propuesto crear un dinero de la Sierra para pagar a los trabajadores, traer el yarey y los sacos para los envases, crear cooperativas de trabajo y consumo y una comisión de fiscalización. Además, se ofrecía el concurso del Ejército Guerrillero para la cosecha. Todo fue aprobado pero, cuando iba a cerrar el acto el propio Fidel, comenzó el ametrallamiento, el ejército enemigo había chocado con los hombres del capitán Ángel Verdecia y su aviación castigaba los contornos”.
En la reunión de Vegas de Jibacoa se puso de manifiesto el alto espíritu humano y solidario del ejército revolucionario con lo expresado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz de que en caso que hiciera falta personal para la recogida de café podría utilizarse parte del Ejército Rebelde y si era necesario trabajarían 12 a 14 horas diarias.
Hoy, los de la loma tienen sus espacios, y disfrutan los logros de la Revolución que triunfó el Primero de enero de 1959.
